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Brailovsky: Carrasco se le murió a un médico

Otra trama: el perito contradice la tesis oficial al hallar registros que comprometerían a militares del hospital en una atención clandestina; el soldado habría agonizado durante más de dos días.
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6 de septiembre de 1996  

Omar Carrasco no murió 90 minutos después de ser golpeado el domingo 6 de marzo de 1994, como sostiene la historia oficial, sino que agonizó entre 48 y 60 horas mientras recibió atención clandestina de enfermeras y, luego, de médicos militares del hospital del cuartel de Zapala. No tenía ninguna costilla fracturada, ni lesión en el ojo izquierdo, ni murió por un hemotórax agudo. Falleció por contusión pulmonar traumática, cianótico por falta de oxígeno en la sangre, tras una dolorosa agonía, mientras la lenta hemorragia interna comprimía su pulmón derecho hasta asfixiarlo.

Estas no son las únicas conclusiones del informe de Alberto Brailovsky, médico legista de la Policía Federal y perito del conjuez Bruno Bonetti en la causa de los encubrimientos.

Como perito de la Procuración General, Brailovsky no pudo declarar durante el juicio oral que condenó por el crimen al subteniente Ignacio Canevaro y a los ex soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar.

De su informe podría deducirse que ellos no serían los asesinos o los partícipes principales. El golpe que Omar recibió en el tercio inferior del hemitórax derecho no era mortal, pero alguien ordenó una asistencia clandestina a cargo de enfermeras, no en el hospital sino, quizás, en una casa abandonada del barrio de suboficiales. La subteniente enfermera Claudia Peralta cumplía guardia el 6 a la tarde.

Cuando el 7 o el 8 intervino por lo menos un médico militar ante el agravamiento del cuadro, alguien decidió no trasladarlo al hospital municipal de Zapala.

Es difícil que el subteniente Canevaro -un probable encubridor- orquestara sin auxilio esta tarea, cuando entre los sospechosos que menciona Brailovsky figura un capitán médico y el hospital se encontraba bajo riguroso control del jefe de la Guarnición, el teniente coronel Pedro Cerruti, desprocesado en la causa del encubrimiento hace una semana por el Tribunal Oral de Neuquén.

Los medicamentos de la agonía

Pero lo más grave y lo que explicaría por qué algunos convirtieron la historia oficial en un dogma de fe incuestionable, se encuentra en los dos tercios finales del informe de 235 páginas, con cuatro de bibliografía, al que La Nacion tuvo acceso. Allí se analizan los libros, registros y planillas del hospital, y 14 recetas "truchas" -en una se inventó el nombre de una paciente- elaboradas por tres médicos y tres enfermeras y que abarcan, precisamente, del 6 al 9 de marzo. Según Brailovsky, procuran disfrazar el empleo de los elementos en la asistencia a Carrasco.

El informe destaca los sospechosos papeles de un capitán médico que estaba de guardia pasiva en su casa el domingo 6 de marzo a la tarde, y de las subtenientes Peralta y María Troncoso.

Troncoso, que apoyó en el juicio oral el testimonio de la subteniente Viviana González para comprometer a Canevaro, dejó su sello en recetas y registros porque escribe el número nueve con el globo invertido.

Según la documentación del legista, los elementos empleados fueron:

  • 12 jeringas endovenosas e intramusculares, una aguja Butterfly 19 para suero y 500 cc. de solución fisiológica.
  • Una vacuna antitetánica aplicada el 8 de marzo, como consta en la misma ficha médica de Omar. "No caben dudas de que el 8 Carrasco estaba con vida", afirma Brailovsky en la página 66 de su peritaje.
  • Xilocaína (anestésico), los corticoides Celestone Cronodoce, Duo Decadrón inyectable y Dexametasán, el analgésico Paracetamol, tres comprimidos de Valium 5 mg. y Ampicilina.
  • Un rollo de papel para electrocardiograma pedido el 8 de marzo por la sargento enfermera Mabel de Verón sin firma médica, aunque ese día no consta ningún electrocardiograma ni paciente que lo requiera.
  • Un bisturí número 23 y 60 metros de venda Cambric de diez centímetros de ancho.
  • La trama probable

    Brailovsky realiza la siguiente reconstrucción.

  • 6 de marzo: Carrasco recibe el golpe en el tórax, en el mismo sitio, aunque no lo dice Brailovsky, donde el sargento Mario Guardia golpeaba a los soldados. Personal de enfermería lo desnuda para examinarlo. (El cadáver, oculto un mes en la unidad, apareció con el tórax desnudo y un pantalón que no era suyo.) Le realizan una infiltración intercostal con xilocaína.
  • 8 de marzo: se agrava y surgen serios problemas respiratorios. Este día se produce lo que Brailovsky denomina "debacle" en las recetas falsas. En el hospital se altera el orden de las guardias y hay enmiendas en el libro. Omar recibe hidratación parenteral con solución fisiológica, corticoides, analgésicos y el Valium. "Como no hay diagnóstico, tratan los síntomas, no las causas, pero tres recetas indican que se sospecha un hemotórax." Le realizan electrocardiogramas por arritmias o para una evaluación prequirúrgica. Le aplican la antitetánica pues en el sitio no hay asepsia y quizás intentarán un drenaje.
  • 9 de marzo: su estado es desesperante. Tal vez le vendan el tórax -se ve la impronta en las fotos del cadáver- y eso empeora el cuadro. Consiguen el bisturí para una traqueotomía de urgencia. Omar Carrasco muere.
  • "¿Puede una enfermera recetar analgésicos por vía oral e inyectables, una vacuna antitetánica, anestésicos locales en concentración adecuada, corticoides inyectables, tranquilizantes, un electrocardiograma y un bisturí sin indicación previa y precisa de un médico? Saque su señoría sus propias conclusiones", afirma Brailovsky.

    Como si esto no bastara para complicar la situación del hospital y sus efectivos, el perito encontró que allí, entre enero y febrero de 1994, se consumieron 10 pastillas de formalina, desinfectante de fuerte olor.

    Pero en marzo, mes en que el cadáver estuvo oculto, el consumo ascendió nada menos que a 400 pastillas.

    Brailovsky dio vuelta casos resonantes. Demostró que Jimena Hernández sufrió un abuso sexual y fue sofocada por el agresor, y que las dos mujeres que aparecieron desnudas y muertas en una bañera en Florida no se suicidaron ni fueron asesinadas, sino que murieron intoxicadas por monóxido de carbono.

    En los próximos días, el conjuez Bonetti efectuará la jugada más riesgosa del caso Carrasco al enviar este informe a la fiscalía.

    Los fiscales que coordina el subprocurador general Luis González Warcalde tendrán la palabra.

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