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Con el film de Polaco regresa la polémica

Opinión: la calificación de "mala" mereció, en la óptica del crítico Adolfo Martínez, esta película; su colega Claudio España discrepa y explica las razones.
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13 de septiembre de 1996  

Este texto no es una crítica, porque no es distante ni en apariencia impersonal. Lo escribo antes de la lectura de los comentarios periodísticos que habrá merecido, y sólo es una reflexión que, desde aquí, quiere dar cuenta del asombro con que asistí hace ya más de un mes y medio a la proyección de "La dama regresa", la más reciente realización del complejo -él- y controvertido -por los demás- Jorge Polaco. La visión del film no me dio tregua, me divirtió, y entrar en su código resultó para mí contundente. Por fin una película que habla de nosotros, los argentinos que no entrecerramos los ojos y que no hablamos entre dientes; que lo hacemos desde un lenguaje sucio pero no procaz, que reincide en el barroco desalmado con el que Polaco hace mella en la opinión, desde su personal aire sorprendido y mediante una perversidad que nunca es esquiva, porque la metáfora y la elipsis -más demoledoras que la habitualidad descriptiva de nuestro cine- son su catapulta para contarnos una historia.

Aún recuerdo mucho al Jorge Polaco compañero de aulas universitarias -si no me equivoco dimos el último examen la misma mañana-, indeciso y retorcido en su amanerada transcripción verbal de las páginas aprendidas, y lo recuerdo recoleto y mustio, miedoso, no menos que yo, frente a la pedrea de otros estudiantes sesentistas. Y no sesentistas por atraso del reloj ideológico, sino simplemente por cuestiones de edad. Por mucho tiempo le perdí el rastro.

Años más tarde, Manuel Antín me dijo: "Vas a descubrir a un director". "Diapasón", la primera de Polaco, le dio la razón a Antín, que aún hoy aprovecha felizmente el impulso fulminante que el discurso de Polaco docente provoca entre los alumnos de la Universidad del Cine.

Con los años, Jorge Polaco se convirtió en el más resistido, el más discutido y, seguramente, el único artista del cine argentino. Los films de Fernando Solanas pueden compartir en esa categoría. Las películas de Polaco -hay excepciones- son materia que se amasa a la vista del espectador, como descubrimos en un cuadro el grosor o la aspereza de la pintura o en el escultor la resistencia del material al peso de la maza. Sus films no vienen hechos: el espectador los ve hacerse -realizarse- ante su mirada, vehículo a la larga tan creativo como el del artista, en un trabajo que es para compartir.

Aferrado a la literalidad

Aquel huidizo sesentista es hoy el único que, también autor subjetivo, con humor irónico, desesperado y desmesurado, apedrea el equívoco de un país demasiado aferrado a la literalidad, donde su cine -el "cine argentino"- perdió de vista la realidad por propia voluntad de negarla y de considerar que vivimos en una sociedad sin complejos ni conflicto. El cine nacional se ha vuelto un espacio de descompromiso, absolutamente dispuesto a la farándula de la subjetividad. Será por eso que Polaco, después de juguetear con su caricatura de la realidad, tira todo (a todos) a los chanchos. El cine de los peronismos se ha caracterizado históricamente por la transcripción de una realidad impecable, normativa, tácitamente provechosa y sin desniveles de conflictividad social.

Los mitos establecidos

Como entidad, nuestra cinematografía dispone también de los mitos establecidos, para rodearlos sin indagar en ellos. Los mitos nacionales protagonizan "La dama regresa": el fútbol con su idioma colectivizado, las religiones de la apariencia, la impersonalidad escolar de los actos patrióticos, el culto a la comida, la sexualidad compulsiva y la mismísima Isabel Sarli -mito indiscutible- que se derrumban bajo la garra imperiosa de Polaco, que perfora justo allí donde nadie quiere ver. Cuando elige a Isabel Sarli como protagonista -bella, inefable, única Isabel-, no espera hacer "otra película de Armando Bo". En Polaco hay delirio pero no santa locura. Implica el mito que Sarli sostiene en pie a pesar de Armando Bo, que murió sin disolverlo. La prueba: Polaco se niega a presentar el tipo de mujer destinada sólo al goce de la mirada del deseo masculino, auténtica forma de misoginia, aunque otros opinen lo contrario. Misógino es el narcisista que representa a la mujer para el deseo de otro. Polaco erige la figura de Isabel Sarli en la auténtica femineidad de su cualidad de mito hecho mujer.

Polaco se deleita con el mito Sarli adoptado por el pueblo, y hay una escena con la que Armando Bo hubiera gozado: como Cibeles posmoderna, rienda en mano, llega la heroína en lancha, mientras los oídos sonríen con un fondo musical de resonancias paraguayo-guaraníes.

Un cine porteño

Richard Peña, el director de programación de cine del Lincoln Center, en Nueva York, buen conocedor de la Argentina y de sus películas, me dejó boquiabierto: "Jorge Polaco es el cineasta más porteño". No pude menos que ver "La dama regresa" desde esta óptica singular, no practicada hasta aquí. Tiene razón Richard Peña. La dama "regresa" para vengarse de Buenos Aires, ciudad que es metáfora de un país y de sus modos de vida y sueños engañosos. En la ciudad conviven los esperpentos con los fantasmas y con los solitarios que duermen en las veredas y en las escaleras del subte; es la sociedad "amórfica" que adquiere forma por esta amalgama audaz y a veces violenta, aunque siempre atractiva y asombrosa. Son imágenes las verbovisuales de un bocasucia, al fin perdonado porque dice sus verdades con simpatía y sin ocultamientos, aunque con verba de rincón. El film es elocuente en la sugerencia de que hay otro país oculto debajo de éste, deforme de tanto aplastarlo.

El barroco desalmado

Dijimos antes barroquismo desalmado; fue para aludir a la preferencia de Polaco por la cáscara desechada antes que por la pulpa de la fruta bien digerida. La cáscara no tiene alma, pero le grita al ciruja verdades de la realidad que las tapas del tacho urbanizado ocultan. Seguramente habrá un lector con su voz pronta para rebartirme. Bienvenido, como hace unos días abrí una carta donde se me anatematizaba por el contenido de una crítica -éste es también trabajo insalubre-, y se pedía por mi alma en una una oración sin religión detrás. Espero otro propósito en la disidencia. Por eso esta materia no es una crítica de cine, género donde uno se manifiesta sabihondo. Prefiero disentir antes que negarme a ver.

En los diarios, nadie se puso de acuerdo

"La dama regresa", el film de Jorge Polaco que estrenó ayer, despertó opiniones de lo más diversas entre los críticos de cine de los medios nacionales. Mientras algunos la califican directamente como "mala", otros opinaron que se trata de un film "muy original".

Aníbal M. Vinelli, crítico del diario Clarín, consideró que "el problema (uno de ellos, al menos) es un guión con más saltos que avión en turbulencias". Y señaló: "«La dama regresa» se merecería una calificación especial, pero es imposible medir los subsuelos abismales del mal gusto. Suficiente mérito el haberlos padecido y sobrevivir; aunque ya nada será igual".

"Esta película es como un chiste de Jaimito contado en polaco", consideró Marcelo Zapata, crítico de Ambito Financiero. Y después de detallar el hilo argumental, concluyó: "Si siempre es difícil manipular o desmenuzar elementos inalienables de su base popular, a «La dama regresa» hay que añadirle la mirada propia de su director, que insiste en acumular en la pantalla todo lo feo y desagradable que se haya olvidado en sus películas anteriores, y arrojárselo en la cara al espectador".

La crítica fue más elogiosa en Página/12. Fidel García consideró que "el apunte corrosivo que otrora ensayó Polaco, ahora navega por el carril del kitsch, fusionado con una suerte de varieté gritón, con perfil histérico, como esos de los que son testigos ciertas madrugadas ebrias del underground porteño".

Alberto Farina, de El Cronista Comercial, en cambio, lo consideró un film "muy original". Pero advirtió: "Exige del espectador una actitud abierta que le permita descubrir la belleza en lo monstruoso, la ternura en la crueldad, el humor en lo absurdo, además de aceptar una experiencia alejada de lo confortable y lo convencional".

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