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El pibe Acuña, una historia de humildad y sacrificio

El mediocampista de Racing, uno de los más destacados en el triunfo ante Boca, dice: "Con resultados positivos, el hincha cambia su manera de vernos"
Damián Cáceres
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27 de septiembre de 2014  

"Es un pibe muy simple. Tienen que darle tiempo. Vas a ver qué clase de jugador es el Huevito Acuña. No se van a arrepentir. Tiene mucho potrero", explica el periodista, del otro lado del teléfono, en una comunicación que dura poco más de dos minutos. Tiempo suficiente para que Sergio Arregui, el colega zapalino en cuestión, precise las virtudes de su coterráneo Marcos Acuña.

El comienzo del volante con los colores de Racing no resultó auspicioso. Se lo notaba tenso en los primeros partidos. Atado y contenido. Por momentos, algún destello surgía, pero pronto se apagaba. Anteayer, en la Bombonera, Acuña formó con Bou y Milito el tridente más destacado para sumar un triunfo histórico por 2-1, en la continuación del clásico detenido por la lluvia, que dejó a la Academia expectante.

"No sé si es que me costó la primera. Creo que es un proceso lógico que todo jugador debe atravesar cuando cambia de categoría", dice el volante, de 22 años. Y agrega: "Con Boca hicimos un gran partido. Resolvimos en pocos minutos todo lo malo que habíamos hecho el día que se suspendió por el mal estado del campo de juego. La suspensión nos vino bien para pensar bien los errores que habíamos cometido".

Su historia se enmarca con letras de molde en la de un pibe al que todo le costó demasiado. La pelota resultó el mejor antídoto para sobrevivir a las duras calles de tierra y piedras del barrio de las 70 viviendas, de Zapala, justo detrás de la cancha del Don Bosco, el club en el que Acuña era la estrella de la categoría 1991. La geografía del lugar no permitía confusiones. De un lado, las malas compañías que empujan y llevan a las cosas fáciles. Del otro, el sacrificio y el trabajo. Dos cócteles disímiles que pugnan por imponerse sin remediar más opciones.

Su zurda, la misma que el jueves ejecutó el centro para que la cabeza de Gustavo Bou desnivelara el partido, le permitió desembarcar en Ferro. Las negativas de River, Boca, Argentinos, San Lorenzo, Quilmes y Tigre lo dejaron sin margen. El equipo de Caballito, en 2008, le devolvió la sonrisa. "Cuando ya pensaba que no iba poder seguir jugando, en Ferro me dieron una prueba y, por suerte, no la desaproveché. Estoy muy agradecido porque no sé si hoy estaría jugando en Buenos Aires", rememora. En rigor, los primeros meses en el verdolaga tampoco fueron óptimos. Sin espacio en la pensión del club, su mamá Sarita junto con Gabriel Rouret, Daniel Mellado y Claudio Joselovsky (tres integrantes de la liga infantil de la cual surgió) se hicieron cargo del alquiler de un departamento pequeño en la zona de Floresta. "Viví siete meses solo, fuera de la pensión, porque no había lugar. Eso fue un choque grande porque viajaba solo muchas horas desde Floresta a Pontevedra. Tomaba el tren a Caballito y desde ahí el colectivo al entrenamiento. Me robaron tres veces y cosas así te sacan las ganas de todo", describe. Su primer contrato con Ferro se demoró y fue mamá Sarita quien resolvió todo con un llamado. De forma casi inquisidora le pidió que rubricara el contrato porque en ese club tuvo su oportunidad y no podía ser mal agradecido. Una enseñanza, un tirón de orejas, de la que hoy se ríe y recuerda.

–¿Qué cambió de la derrota con Argentinos, por la Copa Argentina, a esta aparente recuperación que tuvieron ante Newell’s y el jueves con Boca?

–Charlamos mucho. Queríamos revertir las cosas y desde la actitud empezamos a modificarlas. Esto recién empieza y no podemos quedarnos. Creemos en nosotros y en el mensaje del entrenador.

–¿Conspira en el plantel que ante la victoria los enaltecen y ante la derrota se los exponga al límite con insultos permanentes durante un partido?

–Duele que te insulten. A nadie le gusta. Pero uno debe ser lo más profesional posible y comprender el sentimiento de la gente. Con resultados positivos, el hincha cambia su manera de vernos. No es exclusividad de Racing esta situación. Ocurre en todos los clubes. Lo que pasa es que Racing es un equipo grande y su público exige pelear arriba.

–¿El clima político de cara a las elecciones del 14 de diciembre atenta para caldear los ánimos?

–Trato de no meterme en cuestiones políticas, pero uno nota que la presión de la gente crece. Es complicado, pero uno debe estar enfocado en el partido para no mirar el entorno. Nada más.

6

son los partidos que Marcos Acuña jugó en Racing; fue titular en cinco de ellos y no convirtió goles.

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