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Arte: Montevideo es Bienal

La segunda edición dobla la apuesta. Con curaduría de Alfons Hug y obras de más de 50 artistas de 11 países, la muestra ocupa el hall central del Banco de la República y la Iglesia San Francisco de Asís. Instalaciones, performances, video, foto, pintura y site-specifics del otro lado del río
Alicia de Arteaga
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3 de octubre de 2014  

Por segunda vez Montevideo hace del arte una bienal con la medida propia de un país chico de artistas grandes. La otra orilla tiene la huella constructiva de Torres García, de los candombes de Figari, los cielos encandilados de Cúneo y la trama urbana de Barradas. En el corazón de la ciudad vieja, el hall imperial del Banco de la República, proyecto del arquitecto italiano Giovanni Veltroni de 1938, es desde la semana última y hasta el 22 de noviembre, sede de la 2a Bienal de Montevideo curada por el alemán Alfons Hug.

Con más pasión que dinero, aunque la muestra ocupe el lugar del tesoro, esta edición llamada "500 años de futuro" habla del tiempo: un viaje de ida y vuelta en cinco siglos que resumen la historia de América desde el relato de la conquista. La selección de Hug está formada por obras de más de 50 artistas de 11 países, muchas de ellas site-specifics, que sacan especial partido del lugar donde están montadas. Como la flor de semillas y piedras de Lucía Madriz (Costa Rica, 1973) que cubre el piso de la Iglesia de San Francisco de Asís, otra de las locaciones de la Bienal.

La selección argentina suma trabajos de Eduardo Stupía, Adriana Bustos, Leandro Erlich, Guillermo Srodek-Hart y Gian Paolo Minelli, suizo del Ticino que vive y trabaja en Buenos Aires. Entre dos ventanas descomunales de vidrio repartido y bajo los techos artesonados, la instalación de Leandro Erlich roba cámara y es el fondo para la foto. La primera vez que vi esta obra fue en el Centquatre , un centro cultural en París, cercano a la estación Villejuif (Metro rosa). El gigantesco trompe-l'?il engaña la mirada con un recurso tan simple como el de un espejo que cambia la perspectiva de la fachada. Todo es cuestión de tiempo. El recurso mantiene intacto su poder de seducción y confirma la condición de Erlich como un gran ilusionista, hecho demostrado con la piscina del envío a la Bienal de Venecia, el gabinete del psicoanalista, la ventana indiscreta y las consolas exhibidas por Orly Benzacar en una edición de arteBA.

La versión de Montevideo reproduce la fachada de una casa burguesa años 40 firmada por el Estudio Bello & Reboratti para el vecindario de Carrasco, donde hoy se levantan torres vidriadas, base de operaciones de las zonas llamadas francas donde se activa el concepto financiero que ha dado origen a la expresión "Uruguay es la suiza de Latinoamérica".

En gran escala, las telas de Stupía conforman un enorme mural que recibe al visitante escoltado por volutas de humo y una luz blanca de efecto mágico, atemporales grafismos suspendidos en el aire. La ubicación es estratégica. De eso hablaban la noche inaugural el artista y su galerista, Jorge Mara, en un animado vernissage donde la barra eran las originales cajas del banco hechas de buena madera. El ex presidente Julio María Sanguinetti, un connoisseur; la princesa Leticia d'Arenberg, presidenta de la Fundación Bienal; Jorge Srur, Graciela Rompani y Alejandro Denes, los factótums; Alfons Hug y Santiago Tavella, los curadores; Ricardo Ramón Jarne del Centro Cultural de España; los galeristas Jorge Castillo, Ignacio Liprandi y Teresa Anchorena y los artistas Adriana Bustos, Gian Paolo Minelli, Ricardo Lanzarini y Leandro Erlich circulaban por ese escenario de ilusión, fuera del tiempo? y en el tiempo.

Una bienal es siempre un disparador de situaciones inéditas, porque expande las fronteras con la coartada de que todo-es-posible. Como la performance de la panameña de piel morena llamada Jennifer, seleccionada en un concurso de belleza en su país de origen por el artista conceptual Luis Camnitzer. La Jennifer estelar caminará con su banda de "princesa" por el hall inmenso en un recorrido performático cuyo único fin es recordar que la educación es una asignatura pendiente y el arte es una herramienta de cambio. De hecho, esta Bienal, como la de San Pablo, es gratis y tiene activado un programa de visitas para chicos, estudiantes y gente mayor. La educación necesita presupuesto... pero también tiempo.

El tiempo es una de las obsesiones del arte contemporáneo. Basta recordar ese capolavoro llamado The Clock, obra de Christian Marclay, ganador de León de Oro en la Bienal de Venecia (2011). Una reflexión sobre la elasticidad del tiempo montada en un video que dura 24 horas con recortes de escenas de película donde siempre aparece un reloj. La obra fue adquirida por el MoMA, la Tate y el Pompidou.

En su veta cronos, Alfons Hug incorporó dos obras de alto efecto. La instalación del tictac grabado del reloj más antiguo de América, regalo de Felipe III en 1650 a la catedral de Comayagua en Honduras. Y el reloj digital construido por el alemán Mark Formanek con troncos de manera activados por seres humanos; la obra va acompañada por un video que tiene aplicación para bajar al iPhone.

El tiempo es también la génesis de la instalación sonora de voces indígenas que puede escucharse en la Iglesia de San Francisco y de la notable obra de Adriana Bustos en la que nombres, acontecimientos, pasado y presente se mezclan en la superficie de una obra de factura exquisita. Una constelación infinita a la manera de Bustos . Por último, merece una mención especial la pintura de Francisco Espinosa Silva (Chile, 1991). El artista más joven de la 2a Bienal de Montevideo ha pintado una escena de protesta estudiantil en Santiago con la técnica de un maestro del siglo XIX.

¿Quién dijo que la pintura ha muerto?

ADNHUG. Hochdorf, 1950

Curador de la Haus der Kulturen der Welt (Casa de las Culturas del Mundo), Berlín, entre 1994 y 1998; fue curador de la Bienal de San Pablo en 2002 y 2005; curador general de la Bienal del Fin del Mundo en Ushuaia, Argentina, en 2009; curador de la 6a Bienal de Curitiba (con Ticio Escobar) en 2011 y curador del Pabellón de América Latina en la 54a Bienal de Venecia en 2011. Es director del Instituto Goethe en Río de Janeiro.

2º Bienal de Montevideo. Banco de la República del Uruguay, Edificio Anexo, Palacio Taranco y Capilla de San Francisco de Asís. Hasta el 22 de noviembre de martes a sábado, de 10 a 17. Gratis

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