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Pensar que de pibe era de Boca...

Rubén Darío Piaggio, el verdugo de Caballito, que anteayer le convirtió tres goles a Navarro Montoya.
Cristian Grosso
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15 de octubre de 1996  

Grande Ciruelo, un fenómeno maestro, te felicito... pero...¿ por qué no te la agarraste con otro y no justo con Boca, viejo?” La llamada llegaba desde General Villegas y estaba grabada en el contestador automático del departamento de Caballito. La voz reflejaba opuestos sentimientos. Pero, aunque en principio incomprensibles, igual de sinceros. Los amigos de la infancia en el pueblo natal del oeste bonaerense estaban más enfervorizados que el mismo protagonista central de esta historia. Y se acordaban con una cálida sonrisa de aquellos años de la niñez, cuando por algún polvoriento potrero, Rubén Darío Piaggio corría detrás de la saltarina pelota con la camiseta de Boca en el pecho.

Las emocionadas palabras de mamá Beatriz y papá Agustín también habían llegado desde Villegas cuando aún retumbaban los tres goles en la tarde del domingo último. Y ya el teléfono no dejó de sonar. Radios, diarios y canales de televisión se atrincheraron en la vereda de su edificio. Y los saludos de los compañeros de siempre y de las oportunistas amistades se sumaron desde todos los puntos cardinales.

Diarios y café humeante

El día después no ofrecía ni un momento de paz. Entonces, cuando Silvia, su señora desde diciembre último, se acercó con algunos cafés humeantes, el sorprendente goleador de Ferro se dejó caer sobre un sillón. "Como me cambió todo en 90 minutos, es increíble la repercusión que han causado estos tres tantos", fue lo primero que se animó a explicar. Claro, después de admitir que a primera hora de la mañana había literalmente desvalijado al quiosquero del barrio para leer los comentarios de todos los diarios. Sabía que sólo encontraría elogios. ¿Preguntas que debió responder hasta el hartazgo? Varias. Aunque nada le borró la sonrisa de su cara de pibe que no parece corresponder con sus 26 años.

"Ni por un momento se me cruzó que me podían expulsar por ir a festejar los goles detrás de los carteles de publicidad... ¿cómo me iba a detener en una cosa así en ese momento?", dijo con sinceridad el Ciruelo, víctima de este apodo que, ni él sabe por qué, le selló a fuego una prima al nacer.

Cabalista como muchos -todos los partidos juega con el mismo sleep-, espera la oportunidad de un receso para huir hacia Villegas y salir de caza con los perros o ir a ver a su querido Atlético, el equipo en el que debutó a los 15 años en los viejos torneos regionales. "Siempre dije que no soy un goleador y ahora más que nunca lo reafirmo. Tengo sólo 13 goles en primera y hace cinco que estoy en la máxima categoría, es decir más o menos un promedio de tres por año... uyyy, quiere decir que ya agoté la cuenta por esta temporada", confesó entre sonrisas.

¿Cábalas yo? Y bueno...

Hace sólo quince días que ocupa el departamento de la calle Neuquén, a media cuadra de Acoyte, en el corazón mismo de la Capital. Para estrenarlo invitó el jueves último a sus compañeros Reggi y Goncálvez a cenar... y lógico, este encuentro gastronómico nocturno se volverá otra clásica cita. Por eso del azar, claro. Porque las brujas no existen, pero... "Silvia nunca me había ido a ver a la cancha y esta vez la dejé... creo que ahora se va a convertir en la mascota del equipo", comentó.

La ansiedad dominaba a los jugadores de Boca, dijo Piaggio y luego agregó: "Todos gritaban ¡vamos arriba, vamos arriba! y la verdad que los entiendo, esa hinchada te debe obligar a todo", reflexionó este volante que pidió el cambio a poco del final por cansancio y que arrojó su camiseta a la hinchada como agradecimiento a todo el apoyo que le brindó.

Ilusionado con este presente del Ferro de Garré, el que marcó 13 goles en las últimas cinco fechas, Piaggio cuenta que ha tomado como conducta vivir el momento. Y hoy por hoy es la mejor elección que puede hacer. ¿Caben dudas?

"¡Cuántas veces un nene sueña con hacer tres goles en un partido importante y ser tapa de todos los diarios! Claro que a mí también me pasó, porque esas fantasías son las que te empujan a creer", reflexionó Rubén para explicar un instante que alguna vez garabateó en una mente que acunaba delirios de chico. La fantasía creció con el pibe. Y un buen día se hizo realidad.

La trayectoria

Paso a paso. Las dos primeras fechas del Apertura, Piaggio jugó para Gimnasia, de Jujuy. Después llegó la transferencia y hace cuatro partidos que está en el club de Caballito. Pero el pase sigue perteneciendo a la entidad norteña y en Ferro estará a préstamo hasta junio de 1997. Su historia futbolística dice que debutó en primera en 1991, en Gimnasia y Esgrima La Plata. Después pasó fugazmente por Unión, de Santa Fe, y el salto a Internacional de Porto Alegre, donde lo dirigió Paulo Falçao.

Luego regresó para actuar en Jujuy, de la mano del técnico Francisco Ferraro, el mismo que lo impulsó a viajar hasta La Plata para probar fortuna en el fútbol grande.

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