La vaca atada

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
Nuestros estancieros eran algo así como los jeques árabes de entonces
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7 de octubre de 2014  • 00:22

En un tiempo se decía en París: "¡Il est riche comme un argentin!". O sea: "¡Es rico como un argentino!". En aquella época (para el primer centenario: 1910) nuestros estancieros eran algo así como los jeques árabes de entonces. Muchas expresiones coloquiales se remiten a aquel tiempo: tirar manteca al techo o tener la vaca atada. Se aludía a una manera de vivir rumbosamente, sin preocupaciones y a nuestro modo, en una época que se pierde en la leyenda. ¿Sabemos realmente si había familias que viajaban a París con la vaca atada en la bodega del barco para servirse su vaso de leche fresca por la mañana?

Algunos apuntes sobre la vida de Adelina Tiburcia del Carril de Güiraldes, nieta de Salvador María del Carril y esposa de Ricardo Güiraldes: Adelina nació el 2 de abril de 1889 y murió el 18 de diciembre de 1967. La familia de Adelina vivía medio año en París y el resto en Buenos Aires. El grupo se trasladaba en barco con un equipo completo: la Vieja María, cocinera negra del familión y también ama de llaves, con sus asistentes, valets, cocheros, niñeras y personal de servicio, dos vacas lecheras, algunos perros y el loro de la Vieja María. Así vivían entonces los argentinos de clase alta. En casa de los padres de Adelina se recibía a Carlos Estrada, Lucio V. Mansilla (autor de "Una excursión a los indios ranqueles") José Ortega y Gasset y otros intelectuales de entonces. Aquella casona de los Del Carril, donde nació Adelina, quedaba en la calle Santa Fe: los jardines del fondo eran lo que son ahora el Jardín Botánico y el Zoológico de Buenos Aires. Adelina era "la del medio" en una serie de trece hermanos y hermanas, que hubieran sumado dieciocho, pero varios murieron al nacer o de niños. Esto también era moneda corriente de la época.

¿Sabemos realmente si había familias que viajaban a París con la vaca atada en la bodega del barco para servirse su vaso de leche fresca por la mañana?

Adelina conoce a Ricardo Güiraldes a los 16 años y formalizan su casamiento el 20 de octubre de 1913. Van de luna de miel a La Porteña, estancia de San Antonio de Areco, propiedad de los Güiraldes, que todavía existe. Entre los gauchos que escoltaban el carruaje se encontraba don Segundo Ramírez, que serviría de modelo vivo para que Güiraldes escribiera, más adelante, su "Don Segundo Sombra", la novela más deliciosa que se haya narrado en la Argentina.

El matrimonio Güiraldes - Del Carril viajó por todo el mundo, viviendo en París y con largas aventuras en la India, ya que los dos seguían la corriente de Krishnamurti. Permanecieron siempre unidos, Güiraldes dedicado a sus escritos y ella a acompañarlo, aunque también era una destacada animadora de la Orden de la Estrella, fundada por la espiritualista Annie Besant. Adelina tradujo obras de Swami Vivekananda, Sri Ramakrishna y otros maestros del Vedanta.

Güiraldes muere muy joven, a los 41 años, en París, tres días después de haber recibido el Premio Nacional de Literatura, por Don Segundo. Adelina vivió muchos años más, sobre todo en la India. Incluso, ya viuda y sin hijos propios, adoptó en India a un niño de tres años, Ramachandra Gowda. La hermana de Adelina, Delia del Carril, fue la más célebre esposa (y única mecenas) del poeta chileno y Premio Nobel Pablo Neruda.

Para mayor sorpresa del lector, agreguemos que aquella casa impresionante de los Del Carril, en Palermo, había formado parte, treinta años atrás, de los terrenos de Juan Manuel de Rosas, que fueron confiscados después de Caseros, en 1852. Puede decirse que Rosas "inventó Palermo". La propiedad urbana del Restaurador era todo Palermo. Además, integraban el patrimonio de Rosas las estancias San Martín, Encarnación, los Cerrillos y San Nicolás, totalizando 340.000 hectáreas.

La dimensión de los campos argentinos, las exportaciones de cueros, sebo, carne, trigo, maíz, y los alardes de riqueza y cultura de aquellas familias fundadoras asombraban a los europeos, en un tiempo en que los patricios vivían en París o en el campo, pero bastante poco en la ciudad de Buenos Aires. Obviamente, hoy pasamos tiempos mucho más modestos: la Argentina ha dejado de ser el Gran País del Futuro, el Granero del Mundo, la octava potencia global. Nada de aquel esplendor nos pertenece. Somos como los iraníes, que en un tiempo se enorgullecían de la cultísima Persia imperial y hoy deben resignarse a los dicterios de Jamenei o Rohani. Un detalle: nosotros no nos enorgullecemos de nuestra historia, sino que la denigramos con términos como "oligarquía vacuna" o "doscientas familias feudales latifundistas".

Algunos datos ilustrativos: para el año 1800, los grandes comerciantes se hallaban establecidos a lo largo de las calles Perú, Victoria y Buen Orden: ellos constituían la alta sociedad del Buenos Aires colonial: los Medina, Carranza, Terrero, Anchorena, Belgrano, Frías, Escalada, Lozano y Quesada.

Nos falta identidad histórica, nos sobra envidia

A partir de las invasiones inglesas (1806-1807) desembarcan numerosos comerciantes británicos, que eran más fuertes en capital y con acceso directo a las importaciones. Por este motivo, los comerciantes porteños optaron por invertir en tierras, que eran el capital más a mano. Se convirtieron en hacendados. Alrededor de 1820, los ingleses llegan también a la provincia de Buenos Aires: John Harratt y Peter Sheridan emprenden la mejora de las razas ovinas, introduciendo ovejas Merino españolas y otras de raza Saxony. Se produce una gran expansión (1840-1860) de la cría de ovejas, asociada al aluvión de pastores irlandeses que llegan al país. Aparecen apellidos como O´Connor, O´Reilly, Fallon, Farrell, Paley. Esta nueva gente, de religión católica, echó raíces en nuestra tierra y se agauchó. Dijo Lucio Mansilla, sobrino de Rosas: "Se tenía suerte de ser inglés en tiempos de mi tío"(Lynch, op.cit.). A través de estos cambios sucesivos se va colonizando el campo: la supuesta "oligarquía vacuna" todopoderosa, en realidad, muta constantemente. Según el registro de la Propiedad Rural en la Provincia de Buenos Aires (ver cuadro de Carretero en obra de John Lynch, citada al pie) los mayores propietarios de la provincia eran Nicolás Anchorena y sus hermanos (309 leguas cuadradas) Félix Álzaga (132) Eustaquio Díaz Vélez (161) Pedro Vela (104) Antonio Cernadas (89) y otros como Ángel Pacheco, Mariano Baudrix, Santiago Tobal, Pedro Capdevila, Manuel Luzuriaga, Pablo Ezeiza, Ladislao Martínez, los hermanos Rosas (Juan Manuel, Prudencio, Francisco, Felipe) Mister Juan Miller, mister Dowdall, y otros súbditos británicos, que hacia 1860 se habían convertido en el grupo más influyente de los estancieros . Las tierras valían más cuanto más cerca estuvieran de Buenos Aires, a cubierto de los malones indios.

En 1852 termina la época de Rosas. En 1879 se produce la Segunda Campaña, abriendo la Pampa-Patagonia. Después de 1990, la soja cambia todo, otra vez.

Sintetizando: la oligarquía vacuna (los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Álzaga Unzué) nunca existió como casta inmutable y omnipotente.

Nos falta identidad histórica, nos sobra envidia.

  • Información extraída de "Así pensó Adelina del Carril", con introducción que firma el hijo hindú de Adelina, Sr. Ramachandra Gowda. Y "Juan Manuel de Rosas", de John Lynch, hispanista británico.

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