Tomás Fonzi. "Mi hija me salvó del egocentrismo"

Soledad Vallejos
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11 de octubre de 2014  

Llega al Teatro La Comedia una hora y media antes de que comience la función. Llueve, una tarde gris. Pero la venta de entradas no decae. Es más, hace ya casi un año del estreno de ... Y un día Nico se fue, el libro de Osvaldo Bazán que llegó al escenario en formato de comedia musical, y el éxito sigue. Nico es Tomás Fonzi (33), uno de los protagonistas de esta historia de amor entre hombres; un romance sazonado como cualquier otro, con encantos, desilusiones, humor, tristezas y un final anticipado. Y Fonzi, dijo la crítica, se luce con su criatura arriba del escenario. Un reconocimiento que trasciende su trabajo de fuste actoral consolidado. Fonzi debió lidiar con nuevos desafíos: clases de canto y de danza; horas de ensayo y disciplina, mucha más disciplina de la que él mismo reconoce estar acostumbrado. El esfuerzo dio en la tónica justa, y Fonzi confiesa que la propuesta llegó en un momento ideal.

Madurez puede ser la palabra. A pesar de su aire juvenil inalterable y la mochila sobre los hombros, tal cual llega a la entrevista con la nacion, Fonzi está muy lejos de aquel Verano del 98, de la mano de Cris Morena. Pasaron más de quince años y cuando mira atrás, confiesa que casi no se reconoce. Dice tener claro que para estar "acá" debió haber pasado antes por "ahí", pero se disocia del que fue y hasta lo mira con cariño. Antes de cumplir los 30, nació Violeta, la hija que tuvo con su actual pareja, Leticia Lombardi. Y así dejó de ser el tío "adolescente" de los hijos de su hermana Dolores para convertirse en padre. Entre otros hábitos que la paternidad modificó en su vida, cuenta que dejó el cigarrillo y, casi con alivio, admite: "Mi hija Violeta me salvó del egocentrismo".

-¿Cómo fue la primera experiencia como protagonista en un musical?

-Increíble, apasionante. Y como toda experiencia nueva incursioné con mucha inocencia. Me sentía un niño, con curiosidad por todo y con ganas de aprender. Tomé clases de danza, de canto y me nutrí, fundamentalmente, de todos mis compañeros. Un elenco muy profesional y gente muy entrenada, con años y años de estudio.

-¿Pensabas que la obra podría tener tanto éxito y estar en cartel por un año?

-Cuando estrenamos en la Usina del Arte, en La Boca, no sabíamos cómo iba a funcionar. Hicimos ahí veinte funciones, casi todas con entradas agotadas. Después estuvimos otros tres meses en el teatro 25 de Mayo, en Villa Urquiza. Después salimos de gira por el interior del país y ahora en el Teatro La Comedia. Y siempre fue in crescendo, con funciones agotadas y gente que vuelve por segunda vez.

-En la historia Nico se va, pero en la realidad los que te abandonan son tus compañeros que interpretan a Osvaldo. Pasaron Walter Quiroz, Marco Antonio Caponi, ahora Germán Tripel...

-Mis parejas cambian todo el tiempo. No sé qué pasa que no me duran los muchachos. Seré yo, tengo que asumirlo.

-Hablando de asumir. ¿Es cierto que después de ver la obra hay gente que piensa que, finalmente, Tomás Fonzi salió del clóset?

-Sí. Ha pasado un par de veces, no me lo han preguntado directamente a mí, pero sí a mis compañeros, que me hicieron llegar la inquietud de la gente. No respondo ni aclaro nada. Pero te puedo asegurar que es muy halagador que digan eso, habla de la responsabilidad con la que todo el elenco hace cada una de las funciones. Es algo que excede a los protagonistas, hay una magia en el escenario que es fantástica. Y estamos muy orgullosos.

-Tomaste clases de canto para poder interpretar a Nico en la obra, pero sos músico y tenés una banda donde ya te atrevías a los coros. ¿Era sólo un hobby?

-No me atrevería a decir que soy músico. Y gracias a la obra, me di cuenta de que tampoco cantaba nada. Es más, estaba muy lejos del canto [se ríe]. En mi banda siempre hubo un micrófono para tirar algún coro, pero en todo este año aprendí muchísimo. Arriba del escenario, somos quince personas, estoy rodeado de profesionales con mucha disciplina, que llegan al teatro una hora antes para vocalizar.

-¿Vos no lo hacés?

-Ehhh... No logro ser tan disciplinado. Nunca lo fui. Y es algo que para mi vida me lo critico mucho. Pero Y un día Nico se fue es la mejor experiencia que me ha demostrado que cuando uno trabaja, entrena y tiene disciplina, mejora rápidamente.

-¿Y en qué te gustaría ser más disciplinado?

-En el hecho de querer ser músico, en mi relación con la guitarra. O con el ejercicio físico. Hay varias cuestiones personales en las que me gustaría volverme un poquito más obsesivo.

-¿Y como padre te reconocés obsesivo en alguna actitud?

-Ser padre es una de las cosas que no me generan ningún tipo de conflicto en ese sentido. Violeta tiene cuatro años y por supuesto que con mi mujer estamos pensando y dándole vueltas al asunto y planteándonos mil cosas que tienen que ver con su crianza; lo típico de padres primerizos. Pero no me enrosco, al contrario, lo disfruto muchísimo. Soy un padre atento, me gusta compartir la mayor cantidad de tiempo posible, la cuido, almorzamos juntos. Pero creo no ser obsesivo. Tal vez no me doy cuenta y soy repesado. Espero que no...

-Ni obsesivo ni disciplinado. ¿Cómo te llevás con los tiempos de inactividad, de ocio?

-Excelente [risas]. No tengo culpa del "alpedismo". Sí con perder el tiempo, pero creo que hace falta mucho "alpedismo" para empezar a perder el tiempo. Los momentos de ocio son fundamentales. Pero hoy Violeta absorbe la mayor parte de mi tiempo libre. De todas maneras, sigo procurándome mis necesidades básicas como tocar la guitarra de noche, cuando ellas se van a dormir; salir a pescar. Necesito también mis momentos de soledad.

-¿Salís a pescar con frecuencia?

-No tanto como me gustaría, pero intento. Por lo general voy solo, a veces me acompaña un tío, un primo y, desde hace un tiempo, lo enganché a mi hermano. A veces cuesta conseguir colegas, pero también me gusta salir solo, lo disfruto mucho. Es el encuentro con la naturaleza, un tiempo meditativo, donde hay muchas variables por tener en cuenta como el clima, la marea, la temperatura del agua, el viento. Y cuando la línea está en el agua, sólo es magia, la providencia y Dios.

-¿Lo que pescás va directo a la parrilla?

-No, nunca. Devuelvo todo. Soy pro conservación. Y últimamente hasta me da pena ensartar a la lombriz.

-¿Qué significa para vos el verso campero El Salto de Ascochinga ? ¿Lo recordás de memoria?

-Uy... veo que estás enterada de mi infancia. Mi abuela nos lo enseñó a todos los nietos y teníamos que recitarlo en las reuniones familiares. Algo recuerdo: "En Córdoba en las montañas se relata una leyenda, en que el robo de una hacienda terminó con una hazaña...". Mi abuela Coca, profesora de declamación, y de alguna manera quien nos acercó al gusto por el escenario. No había en nuestra familia ninguna vocación artística que palpáramos de cerca.

-¿La abuela Coca vino a ver la obra?

-Por supuesto, y la semana pasada vino por segunda vez.

-¿Y qué dijo? ¿Hizo alguna crítica?

-No dijo mucho. Creo que podría haberse manifestado con más vehemencia sobre la historia. Pero no hizo ninguna crítica sobre el romance ni nada parecido. Al contrario, elogió la claridad de la dicción con las que decía mi texto [sonríe]. Es una grande la abuela Coca.

-La paternidad suele llegar con algunos cambios de hábitos bajo el brazo. ¿Cuáles fueron los más radicales?

-Además de las horas de sueño, los cambios de horarios y el correrte del centro de la escena para poner los intereses de otra persona siempre por delante tuyo, también abandoné el cigarrillo y otros excesos... Pero hubo algo mucho más importante. Yo creo que mi hija Violeta me salvó del egocentrismo.ß

Un whisky con los amigos

Del mate de la mañana, al whisky por la noche. Esas son sus bebidas favoritas, aunque si de preferencias se trata se queda con un single malt scotch, de una de las destilerias mas tradicionales de Escocia: Glenfiddich.Para Tomas Fonzi, una ronda de whisky con amigos, musica y charla siempre es un buen plan. "Antes tambien tomaba cuando estaba solo, pero desde que nacio Violeta es un hábito mas social". On the rocks, y salud!

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