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En Armenia, el ajedrez es una cuestión de estado

Es el único país donde el juego es materia en las escuelas; Sargsyan, el presidente, impulsó su desarrollo y comanda la Federación
Carlos A. Ilardo
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10 de octubre de 2014  

Hace poco más de diez años que el reino del ajedrez perdió a su Felipe II, el monarca más poderoso de la historia; durante medio siglo, entre 1952 y 2002, los mundiales u olimpíadas de ajedrez fueron dominadas por los soviéticos, primero y los rusos, después, pero con la caída del Muro de Berlín, la apertura política ( glasnost) y económica ( perestroika) la URSS estalló en 17 pedazos y surgieron las monarquías sucesorias.

De ese grupo de repúblicas, Armenia, un punto geográfico de casi 30.000 km2, con 3,2 millones de habitantes, se posicionó en la última década en la vanguardia de la actividad; se adjudicó las Olimpíadas de Turín (2006), Dresde (2008) y Estambul (2012); conquistó el Mundial por equipos (2011), y es el único país donde el ajedrez es materia obligatoria en las escuelas. Su presidente, Serzh Sargsyan, tiene además a su cargo la federación armenia de ajedrez, y el gran maestro Levon Aronian, de 31 años, fue el número 2 del mundo hasta hace pocas semanas.

Acaso, para descubrir los orígenes de esta pasión en una sociedad que predica con fe apostólica armenia, como el patriarca Noé se refugió en el monte Ararat y eludió el Diluvio Universal, haya que retrotraerse hasta el hito: Tigran Petrosian. El 20 de mayo de 1963, Petrosian derrotó por 12,5 a 9,5 a Mikhail Botwinnik y se consagró campeón mundial, y mientras para el mundo significó la victoria de un soviético sobre otro, para una pequeña comunidad -que padeció los horrores de los imperios otomano y ruso, el genocidio, guerras mundiales y un terremoto- se trató del orgulloso triunfo de un armenio frente a un ruso.

"Así como en EE.UU. la gente recuerda dónde estaba el día que mataron a Kennedy, aquí en Armenia la gente mayor recuerda los festejos en la Plaza de la Ópera cuando Petrosian ganó el título mundial", contó Aram Hajian, miembro de la Academia de Ajedrez de Armenia.

Desde entonces, y a modo de tributo, el nombre Tigran se multiplicó exponencialmente en su población; tras su muerte, en 1984, se construyeron monumentos y hasta una avenida de Yerevan, la capital, lleva su nombre. Para los argentinos, el mayor recuerdo de Petrosian se retrotrae a su duelo con Bobby Fischer, en 1971, en Buenos Aires.

La decisión del presidente Serzh Sargsyan (en julio visitó la Argentina y colocó la piedra fundacional donde se levantará el museo del genocidio), de incluir el ajedrez en las escuelas desde 2011 alentó la popularidad del milenario juego en esa sociedad.

"En Armenia hay 1500 escuelas y en todas es obligatoria la enseñanza de ajedrez en 2°, 3° y 4° grado; según los especialistas, la etapa más conveniente para comenzar a aprender. Son casi 120.000 chicos los que toman clases", contó a LA NACION Pablo Kendikian, de la agencia de noticias Prensa Armenia. Y, agregó: "Los ajedrecistas les enseñan las reglas del juego a los docentes, los que dan un examen de calificación cada tres años; ya son 1219 los que aprobaron el curso de preparación". En Argentina, el ajedrez no es materia obligatoria, y los mayores centros de enseñanza escolar son: San Luis (con 40 mil chicos), Buenos Aires (14 mil) y Vicente López (7 mil).

En tanto el ministro de Educación, Armen Ashotyan, sostuvo: "La implementación del programa de enseñanza demandó casi US$ 1,5 millón; ojalá que el modelo armenio se convierta en uno de los mejores del mundo".

"La caída de la URSS dejó a mis padres sin trabajo, como a la mayoría de los científicos; mis éxitos en el ajedrez fueron una luz para la familia porque atrajo a los auspiciantes. Para mí fue una gran presión, pero los armenios somos grandes luchadores", contó a LA NACION Levon Aronian sobre su vínculo con el juego.

Para la alta competencia, el Estado ofrece entrenamiento gratuito a los mejores talentos y un salario promedio para el ajedrecista que logre el título de gran maestro. Armenia cuenta con 37 de ellos en actividad (la Argentina suma 30 en todo su historial), "No queremos que el mundo sólo hable de Armenia por el genocidio o el terremoto; preferimos que el país sea famoso por el ajedrez", señaló Sargsyan.

El ajedrez y Armenia, una apuesta al futuro, un tributo al pasado.

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