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División en el sínodo sobre la comunión de divorciados

El Vaticano confirmó que hay divergencias entre conservadores y reformistas
Elisabetta Piqué
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10 de octubre de 2014  

ROMA.- No resultó una sorpresa. Antes de que comenzara se sabía que el sínodo sobre familia iba a ser escenario de una virtual "batalla" entre conservadores y reformistas. Ayer, voceros del encuentro de obispos admitieron en la conferencia de prensa diaria en el Vaticano la existencia de una división sobre la cuestión de los divorciados vueltos a casar, que no pueden comulgar.

"Hay una línea que exige que no se les den los sacramentos a los divorciados vueltos a casar, recordando la fidelidad a la palabra del Señor. Y hay otra línea que, sin negar la indisolubilidad del matrimonio, dice que hay que ver las situaciones concretas y hacer un discernimiento", dijo Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede.

Si bien muchos están criticando el hecho de que en este sínodo el Vaticano decidió no entregar una síntesis de los discursos de los padres sinodales –como sucedía en el pasado–, sino informar a los periodistas sobre qué dicen en general, sin decir quién dice qué, al parecer este nuevo sistema habría generado un clima de gran libertad.

"Aunque muchos ya tienen algo escrito, a la hora de la intervención, dejan de lado ese texto y hablan espontáneamente, desde el corazón. El clima de libertad es impresionante y cada uno dice realmente lo que piensa, sin miedo", señaló a LA NACION un padre sinodal italiano, que celebró el nuevo sistema, muy criticado por los periodistas.

El cardenal Francesco Coccopalmiero, presente en la conferencia de prensa, confirmó tanto la existencia de un clima de libertad y apertura nunca antes visto, como de una división neta en cuanto al tema de la readmisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar.

"Pero no hay antagonismo, no hay una contraposición de enemigos, hay escucha", destacó. Coccopalmiero, presidente del Pontificio Consejo de los Textos Legislativos y reconocido canonista, de todos modos, se manifestó en favor de una apertura.

"Debemos adoptar la hermenéutica del Papa, salvar la doctrina y partir desde las personas, desde las situaciones concretas. Debemos dar respuestas a situaciones concretas, casos precisos, donde hay sufrimiento, urgencia", sostuvo.

"Jesús en el Evangelio dijo: «Cuando se cae el hijo en el pozo el día sábado, ¿qué haces? Las respuestas, en esta situación de gravedad y urgencia, pueden ser dos: o no hago nada porque tengo que respetar la ley del sábado, o, en cambio, intervengo, porque hay personas que me necesitan, gravedad y urgencia. La ley del sábado existe, la respeto plenamente, pero tengo casos que disponen de mi intervención»", dijo.

Reveló, además, que, al hablar él mismo sobre el tema de los divorciados vueltos a casar, en el sínodo, mencionó el caso de una mujer en unión irregular con un hombre casado, abandonado injustamente, con tres hijos chicos.

"A esta mujer, que se unió a él, crió estos chicos, ¿nosotros le decimos «abandona esa unión, si no, no te damos la comunión»? Si pasara eso, este hombre se hubiera muerto y los chicos no habrían sido criados por nadie. En estos casos muy precisos, algo hay que hacer. Si el sínodo empieza a pensar esto, obtiene un gran resultado", agregó. Ante una pregunta de LA NACION, sin embargo, advirtió que para él "nunca podrá haber una norma general", sino que los obispos locales deberán examinar caso por caso.

Divisiones

En vísperas del sínodo –que es sólo la primera etapa de un proceso que culminará después de otro sínodo, el año próximo–, ya había quedado reflejada la división en cuanto al tema de los divorciados vueltos a casar con la publicación de un libro escrito por diversos cardenales conservadores, entre ellos el prefecto para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller. Atacaban la solución penitencial que sostiene el cardenal alemán Walter Kasper, reconocido teólogo progresista, cercano a Francisco. Al respecto, un compatriota, el cardenal alemán Reinhard Marx –que es miembro del grupo de cardenales consultores de Francisco– dijo hace unos días que los obispos alemanes compartían esa postura.

Más allá de la división en este tema, Lombardi destacó que existe "consenso amplio" en la necesidad de una simplificación y agilización del proceso de nulidad matrimonial.

De hecho, el cardenal Coccopalmiero, que en víspera del sínodo fue nombrado por el Papa como miembro de una comisión que debe analizar este tema, subrayó tres formas para mejorar estos procesos, considerados largos, engorrosos y hasta costosos.

La primera sería eliminar la doble sentencia; la segunda, no exigir que haya una decisión colegial de tres jueces, sino de un juez, y la tercera, el llamado "procedimiento administrativo". Según éste, el obispo local podría declarar nulo un matrimonio "por razones graves y urgentes", como haber excluido la indisolubilidad del vínculo.

Esto podría pasar incluso si no hay pruebas o testigos, sino sobre la base del testimonio de los contrayentes, que deben ser personas "creíbles" para el obispo local.

Otro tema en el que hay consenso entre los padres sinodales es el "no" absoluto a cualquier equiparación del matrimonio entre un hombre y una mujer con el de dos personas homosexuales.

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