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IBM-Banco Nación: cinco cuentas en la ruta a Suiza

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20 de octubre de 1996  

El número de tres cuentas secretas en Suiza, el recorrido del dinero y las empresas que participaron en ese tramo de la operación forman parte de un documento reservado, al que tuvo acceso La Nación, relacionado con la causa IBM-Banco Nación, en la que Domingo Cavallo declarará mañana.

En la investigación sobre el caso por el presunto pago de coimas, las empresas Filasas y Abficus, en realidad nombres de fantasía, aparecen como las pantallas para la distribución de fondos a través de la denominada Compañía General de Negocios, con sede en Montevideo.

Los últimos beneficiarios de esas partidas de dinero son tres cuentas cifradas: D6523/HSR, D5623/HSR y AC6523/HSR, del Banco Bruselas Lambert, de Ginebra, Suiza.

Antes de llegar a ese destino final, las transferencias se efectuaban al Banco Bruselas Lambert, sucursal Nueva York, a la cuenta 630-00-172.

Los datos figuran en un informe del Banco Central de la República Argentina que está incorporado al expediente.Allí se establece el recorrido del dinero y el procedimiento utilizado para la transferencia.

Lo que no conoce la Justicia, o por lo menos no lo ha podido establecer claramente hasta ahora, es quién o quiénes están autorizados para operar con esas cuentas cifradas.

"Simples fachadas"

El informe del Banco Central fue elaborado con los datos requeridos por Domingo Cavallo, cuando era ministro de Economía, al Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y remitido al juez Adolfo Luis Bagnasco el 19 de septiembre de 1995. La operatoria para la transferencia del dinero la iniciaban Filasa o Abficus, empresas denominadas como "simples fachadas", instruyendo a la Compañía General de Negocios, de Montevideo, para depositar determinada suma en la sucursal de Nueva York del Banco de Bruselas Lambert, mientras que el banco beneficiario de la transferencia era el Bruselas Lambert de Ginebra y el destino final una de las cuentas numeradas anteriormente.

Así, el camino del dinero -desde que salía de la Argentina- pasaba por oficinas en Montevideo, de allí a Nueva York y de Nueva York a Ginebra para ir a una cuenta cifrada que, a su vez, se diversificaba en dos más. Ocasionalmente el recorrido era Montevideo, Nueva York, regreso a Montevideo y transferencia a las cuentas suizas, siempre por orden de Filasa y Afbicus, con la Compañía General de Negocios, con sede en Uruguay, como operadora de las órdenes de depósito en las cuentas de Suiza.

Poco más de un año después de haber cumplido con el envío a Bagnasco, mañana, el mismo magistrado, le pedirá a Cavallo los nombres del "alto funcionario nacional" -según la expresión de una de las fuentes consultadas- y del miembro del ex directorio del Banco Nación ya desprocesado y que, según el ex ministro de Economía, están involucrados en la causa de presunto cohecho.

Bagnasco le pidió al juez con competencia en la jurisdicción de Ginebra el bloqueo de la cuenta 6523/HSR del Banco de Bruselas Lambert, en Ginebra, el nombre del titular de la cuenta y los movimientos registrados en los últimos dos años.

Se sabe, además, que Bagnasco se entrevistó con el embajador James Cheek, para hacerle notar que existía demora en el pedido de informes hecho a las autoridades bancarias norteamericanas.

La SIDE le encargó al ex juez Fernando Archimbal que se encontrara con los representantes legales de la banca suiza para reunir datos acerca de las cuentas cifradas. Más precisamente, sobre quiénes están autorizados a operar con las cuentas.

En un libro, el ex número dos de IBM culpa a funcionarios

Si en el caso IBM-Banco Nación alguien cometió delito, no lo hizo ninguno de los ejecutivos ni empleados de la multinacional, sino eventualmente algún funcionario del Gobierno que quiso hacer negocios, incompatibles para su cargo, con el Banco Nación y ganar dinero como proveedor de IBM, utilizó a la firma CCR como pantalla.

Pero, para eso, no se necesita la complicidad de La Corporación, cuyos ejecutivos en los Estados Unidos estaban al tanto de todos los detalles del contrato, incluso de la existencia de CCR, a pesar de lo cual IBM, para evitar cualquier responsabilidad, prefirió culpar de todo lo ocurrido al ejecutivo argentino segundo en el cargo, Gustavo Soriani.

Esos dos párrafos resumen apretadamente la idea central que expone el propio Soriani, que fue vicepresidente de Operaciones de IBM Argentina hasta que fue despedido en septiembre del año último, en el libro La Corporación, el escándalo IBM-Banco Nación contado desde adentro.

Soriani, un ingeniero de 50 años y con más de 26 de servicios en la multinacional, fue procesado por el juez Bagnasco por presunta defraudación a la administración pública, medida que fue confirmada por la Cámara Federal.

El ex ejecutivo de IBM, a lo largo de más de doscientos cincuenta páginas, afirma que se siente traicionado por La Corporación y confronta su hipótesis de cómo ocurrieron los hechos con la que sostiene el juez Bagnasco en su auto de procesamiento y con la estrategia desplegada por IBM para defenderse.

En Estados Unidos lo sabían

En medio de la crisis que atravesaban los negocios de IBM Corporation en todo el mundo -explica Soriani-, una conducción central agresiva, urgida por superar el estancamiento, exigía a sus filiales obtener rentabilidad por sobre todas las cosas. En ese contexto apareció el negocio con el Banco Nación para informatizar su casa matriz y sus más de 500 sucursales. Para IBM Argentina significaba un ingreso de 200 millones de dólares, equivalente aproximadamente a la mitad de su facturación anual.

Una de las razones que da Soriani para explicar que no hubo un negocio turbio en el Banco Nación fue que la necesidad de informatizar el ente oficial fue aconsejada por una consultora (Booz & Allen) contratada con anterioridad a la gestión de Aldo Dadone en el banco, mientras que éste sólo quiso llevar adelante esa medida para posicionarse en situación de competir en el mercado desregulado.

Con el consejo de otra consultora, Deloitte, el Nación se inclinó por requerir, mediante una licitación, que se le proveyese de un software centralizado de alta complejidad (que luego sería el Hogan, provisto por IBM) y que la solución fuese centralizada, es decir que las sucursales estuviesen muy controladas desde la casa central. Dadone despidió a todos los que proponían una solución distinta.

La firma IBM se dedicó a preparar la oferta, pero el negocio tenía una gran complejidad: IBM iba a actuar como integrador, es decir, no sólo entregaría el software sino que daría todo el soporte tecnológico de la estructura y la instalación, y además debía solventar financieramente el proyecto hasta que el banco librase los primeros pagos. Por eso, explica Soriani, se subcontrató a otras empresas, que asumiesen riesgos solidarios con IBM en las ganancias, o, en su caso, en las pérdidas.

Esa misma complejidad, según el ex ejecutivo, llevó a IBM Argentina a solicitar a la casa matriz que le diese soporte, por lo cual el entonces vicepresidente de IBM Latinoamérica, Peter Rowey, designó a un técnico, Steve Lew, que supervisó todos los aspectos del negocio.

Una situación comprometida

Afirmar que el ex ministro de Economía Domingo Cavallo está atrapado entre la espada y la pared es poco decir: cuando mañana concurra a Tribunales, si no quiere salir perjudicado debe necesariamente decir el nombre de los funcionarios públicos involucrados en el caso IBM-Banco Nación, lo que posiblemente lo lleve a atacar nuevamente al Gobierno.

Desde que el sábado último dijo a La Nación, en una entrevista exclusiva, que sospechaba que dos personas que ni siquiera están procesadas participaron en el hecho, el ex ministro se colocó en una situación muy difícil.

Luego de que, a las 7.30 de mañana, Cavallo sea careado con el presidente del Banco integrado Departamental (BID), Roberto Cataldi, en presencia del juez Claudio Bonadío, deberá presentarse ante el juzgado de Bagnasco para brindar, como testigo, los aludidos nombres.

Más allá de las especulaciones sobre quiénes son esas personas, por lo menos desde el punto de vista teórico, el ex ministro no tiene todas las de ganar.

Una primera posibilidad es que Cavallo le diga al juez Bagnasco que en realidad no conoce esos nombres y que sólo estaba al tanto de los aspectos generales del negocio entre el banco e IBM.

En este caso, quedaría muy mal frente a la opinión pública. Frente a esa posibilidad, Bagnasco podría denunciarlo por incurrir en el delito de no cumplir con el deber procesal de declarar e iniciarle un nuevo proceso penal pues esa obligación no sólo implica presentarse ante el magistrado, sino decir todo lo que sabe.

La segunda posibilidad es que Cavallo diga al magistrado los nombres de los funcionarios infieles que no están procesados, pero no presente pruebas.

El problema que enfrenta Cavallo es que la primera condena que se le imponga puede ser dejada en suspenso, pero la segunda será de cumplimiento efectivo, es decir, podría ir a prisión. Si el ex titular de Hacienda quiere colocar al Gobierno en situación difícil debe elegir la tercera posibilidad: decir los nombres de los funcionarios y aportar pruebas.

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