El doctor Di Cesare, un cultor del bajo perfil

Santiago Dapelo
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12 de octubre de 2014  

Nunca fija su vista en los ojos de su interlocutor. Así, con la mirada esquiva, recibe a sus visitantes en su oficina con un lápiz, una de sus mayores obsesiones -siempre lleva encima y regala-, en la mano. "Sé cómo aplicar el lápiz y con qué fuerza para matar una persona." La historia la relataron a LA NACION dos personas a las que Luciano Alfredo Héctor Di Cesare les dijo las mismas palabras.

El interventor del PAMI es un persona de bajísimo perfil. "Se enoja mucho cuando hablan de él", contó un empleado jerárquico que trabaja en el Instituto desde hace más de 20 años.

Aunque muchos lo señalan como uno de los sobrevivientes de la pinguinera, la realidad es que el mendocino tiene una estrecha relación con el jefe de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE), Héctor Icazuriaga. "Siempre invoca al Chango [por Icazuriaga]; es su forma de asustar", agregó otra fuente que mantiene reuniones regulares con Di Cesare.

Conoció a Néstor Kirchner cuando lo tuvo que atender en 1999 por un problema en un ojo. A partir de ese momento la relación siempre creció. Dos años después, el entonces gobernador Kirchner lo nombró a cargo de la obra social de la provincia.

En 2003, con Kirchner ya presidente, fue designado como coordinador de políticas sociales del Ministerio de Asuntos Sociales de Santa Cruz. Pero en 2004 recibió el llamado del presidente, que lo necesitaba en el PAMI. Llegó en julio de ese año con la premisa de "ayudar" a Ocaña, hasta que finalmente la reemplazó en 2007.

Aquellos que lo conocen en detalle dan cuenta de un modus operandi especial. "Lo que hace Di Cesare es dejar morir áreas de trabajo. Así, cuando ya no podían operar por falta de gente o recursos, las privatizaba. Eso hizo con el Departamento de Informática", explicó una fuente con acceso al círculo íntimo del interventor.

Hubo un tiempo en el que quiso ser jefe de gobierno porteño y para eso armó La Güemes, una agrupación integrada por gente vinculada al PAMI; hoy, la agrupación casi no existe y el espacio que crece sin control es La Cámpora.

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