Ximena Caminos: “El arte se convirtió en un commodity y ése es el gran problema”

El Faena Arts Center está festejando la década de vida de su hotel con una invitación a patinar, bailar y expresarse sobre una obra, una experiencia que remite a los años del Di Tella, pero tiene mucho que ver con el futuro
Loreley Gaffoglio
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12 de octubre de 2014  

Ximena Caminos, artista plástica y gestora cultural. Es directora de Faena Arts Center
Ximena Caminos, artista plástica y gestora cultural. Es directora de Faena Arts Center Crédito: LA NACION

Vení a patinar sobre una obra de arte", reza la invitación con la que el Faena Arts Center (FAC) celebra los diez años de existencia de su icónico hotel en Puerto Madero. Y la anuencia para hacerlo sobre la homérica circunferencia de refulgente figuración pop, creada por el dúo Assume vivid astro focus (AVAF), es bien literal: el happening es una obra participativa que va mutando en sus formas y significantes a partir de la libre expresión sobre ruedas. Ángeles veloces, arcanos fugaces –tal el nombre de la muestra hoy y mañana, de 14 a 22, con entrada gratuita– evoca el espíritu de liberación disco de otra obra similiar en el Central Park de Nueva York. Sólo que esta vez, la pista asalta el mármol de Carrara del FAC y el "guión" emancipatorio lo impone la DJ neoyorquina Lady Bunny. Está claro que no estamos en los 60 y que éste no es el Di Tella. Pero algo –o mucho– de esa expresión se cuela con nuevos bríos: propone experimentar el arte desde lo vivencial, participativo y comunitario, tal como lo pergueñó la directora y curadora de este espacio, Ximena Caminos, pareja de Alan Faena.

–¿Por qué elegiste esta obra para festejar los 10 años de Faena?

–Mi planteo como curadora es ser un puente entre lo local y lo global. Lo que hoy me interesa no es tanto la obra de arte en sí, sino la experiencia del arte, cómo impacta para unir comunidades. AVAF trabaja con la cultura disco y una idea de interesante de lo popular: de liberación, de expresión, de ganar y crear espacios comunitarios. Es, justamente, eso lo que queremos transmitir: que uno se puede expresar sobre una obra.

–¿Es ése el propósito de largo aliento del FAC?

– Sí, la idea es curar una comunidad y para eso comisionamos artistas para hacer instalaciones que promuevan interacciones entre las personas. Acá, la obra la hace la gente, hay 300 patines y música para bailar.

–Conocés la escena internacional de las artes visuales. ¿Cómo se ubica Buenos Aires en ese mapa?

–Está muy bien posicionada; me asombra la fuerza creativa que hay. Cuanto más crisis, más florecen los artistas. Mirá, por ejemplo, el caso de la galería Slyzmud, elegida para sumarse entre los proyectos especiales de Art Basel, y es una galería chiquita. El mundo está como agotado, seco,cansado de más de lo mismo. Y el Norte está abierto a la frescura, la creatividad, esta cosa libre y más abierta nuestra. La frontera hoy es muy permeable.

–¿Qué es hoy el arte contemporáneo?

–Hay miles de explicaciones sobre qué es arte. Cuál vale, nadie lo sabe. Asistimos al final de un paradigma y se está en proceso de redefinirlo. Hay mucha confusión, las fronteras están borradas. El arte se convirtió en un gran commodity y eso es el principal problema.Terminó de confundir todo, lo banalizó, esfumó sus bordes. Hay arte que parece moda o diseño y moda, y diseño que aspira a ser arte, todo pierde su identidad. Pero no estoy en contra del mercado, aunque eso contribuyó a desdibujarlo: dejó de ser lo que era.

–Y es paradójico, pocas veces tuvo una penetración tan masiva...

– Sí, y hoy todo el mundo quiere ser artista y producir obra. Las matrículas para estudiar arte en EE.UU., por ejemplo, se triplicaron desde 1985. Por otro lado, el modernismo creía que la obra de arte tenía un poder por sí misma. Que la podías descontextualizar y su impacto se mantenía. Eso ya no pasa. El arte contemporáneo hoy es conceptual (en parte, porque nada puede ser ya inventado), tiene muchas capas y citas de citas y no puede ser experimentado fuera de su contexto. Creo que hay que redefinirlo y hacerlo desde lo popular, volver a la raíz antigua de lo que fue. ¿Qué era? Casi una práctica mágica. El artista verdadero es hoy como el chamán del siglo XXI.

–¿Cómo se mueve un curador ante ese escenario incierto?

–Hay dos posturas difíciles de conciliar: la intelectual (que analiza el contexto, con su discurso y con el conocimiento de la historia del arte y la cita), y esa que apela a lo sagrado, que es un arte más poético, visceral, compulsivo. Yo lo abordo con un mix: sentimiento y pensamiento van juntos. Me sigue conmoviendo mucho la belleza, la obra de gran factura. Pero el 90 por ciento de lo que se ve, no tiene calidad artística.

–¿A quiénes elegís?

–Al colombiano que vamos a presentar en Art Basel Miami, Gonzalo Fuenmayor, por ejemplo, quien también hará una instalación el año que viene en el FAC: caminará los Esteros del Paraná. Tiene un discurso político muy interesante que plasma de una forma muy bella. Me interesa mucho también la artista serbia Marina Abramovich, que se mueve entre la performance y las audiencias y la francesa Claire Tancon, que hace procesiones. Empieza por la calle y la gente se va sumando. Toda una redefinición de lo popular. A Abramovich la traeré aquí y Tancon posiblemente estrene el art center de Miami. Mi desafío será poder coser esos dos arts centers.

–¿De qué manera?

–Con un diálogo y vasos comunicantes entre ambas instituciones: Llevando artistas de aquí a allá y viceversa. El FAC de acá era necesario porque se necesitaba un lugar world-class para traer muestras o que los artistas locales pudieran hacer obras a gran escala. Nunca quiso ser un Proa, un Malba, que ya existen y son buenísimos. Miami es diferente: las instituciones ahí son muy débiles; los coleccionistas, muy fuertes. Entonces, una institución fuerte o algo que las nuclee hace falta. Miami tiene una buena "primera" con Art Basel, pero no deja de ser una feria comercial. Le falta profundidad cultural. Entonces, en vez de hacer un centro de arte contemporáneo, vamos a tirar ideas interesantes a la sociedad y crear comunidad. Y luego hacer un stent cultural entre Miami y Buenos Aires.

–¿Supuso una renuncia personal dejar de ser artista para convertirte en gestora cultural?

–Fue una decisión dificilísima de tomar, pero también liberadora cuando entendí que como artista no iba a hacer una diferencia. Hay más posibilidades que lo logre eso desde este lugar, que de alguna manera es como hacer obra también y puede tener mucho mayor impacto social. Pero no dejo de pensar como artista, es una manera de escanear la vida. Se nace artista.

–¿Qué desechás como curadora?

–Una muestra con obras del pasado en un museo. Me resulta aburridísimo, aunque son necesarias por miles de motivos. No me interesa trabajar con lo que está muerto. Mi estímulo está en lo que va a ser el futuro, en definir ese futuro. Me interesa ser parte del cambio de paradigma. Y para eso, necesitas operar en el presente, abrirte y fluir.

Ximena Caminos

Directora Faena Arts Center

Artista plástica: gestora cultural

Edad: 45 años

Origen: La Plata

Se formó con Yuyo Noé, Eduardo Stupía y Pablo Suárez y fue la mano derecha de Miguel Briante en el Centro Cultural Recoleta

Asumió que su obra no tendría el impacto que podía producir ayudando a otros a expresarse y se convirtió en gestora

Como factótum del FAC y de los premios Faena introdujo muestras disruptivas: Ernesto Neto, Carpinteros, Franz Ackermann y Richard Long dialogaron con artistas vernáculos.

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