De la épica chavista a la prudencia chilena, la metamorfosis de Evo

Rubén Guillemí
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13 de octubre de 2014  

LA PAZ.-Se parece al brasileño Lula da Silva en su infancia pobre y su pasado gremial. Del venezolano Hugo Chávez, según sus propias palabras, aprendió a "perderle miedo al imperio". Pero especialmente en los últimos años Evo Morales fue manejando la cuestión macroeconómica con una prolijidad y un equilibrio que recuerda a los mejores presidentes chilenos. Y este último factor es el que finalmente lo tornó invencible frente a la oposición.

"Tengo la presidencia, pero no tengo el poder", confesó con cierta timidez al poco tiempo de asumir el mandato en enero de 2006. Y en un país como Bolivia, donde 36 presidentes duraron un año o menos en el cargo, la diferencia entre una cosa y la otra no es retórica. Pero en estos nueve años este líder, que no tiene la secundaria completa y pasó su infancia pastoreando llamas en el Altiplano, supo rodearse de la gente adecuada para sacarle jugo a la mejor coyuntura económica de la historia boliviana y será ahora el presidente en desempeñar durante más tiempo el cargo.

"Cuando Evo asume se inicia una metamorfosis en su interior. Ese jinete que al comienzo no sabía bien cómo montar a caballo aprendió a tener un control y dominio absoluto del escenario", comenta a LA NACION el periodista Roberto Navia, autor del libro Un tal Evo, la biografía no autorizada del presidente.

Navia sintetiza la vida del mandatario con una paradoja: "Evo fue bendecido por su destino gris. Todas las bofetadas de la vida y de sus enemigos se volcaron a su favor".

Este hijo de indígenas aimaras agricultores nacido en 1959 tuvo seis hermanos, pero cuatro murieron antes de llegar a los dos años, por enfermedades totalmente curables.

Por culpa de una terrible helada que en 1980 quemó el 70% de los campos de su tierra natal y mató el 50% de los animales, junto con su padre decidieron trasladarse sólo con lo puesto a la región del Chapare, donde el principal cultivo es la coca.

"Por cuestiones del destino, esa bofetada que le dio una cuestión climática lo llevó a la región donde se convertiría luego en líder gremial, la actividad que lo catapultó a los primeros planos de la vida política nacional", recuerda Navia.

"Cuando en 2002, siendo diputado, lo expulsaron del Parlamento por un confuso incidente en la zona del Chapare, su imagen creció enormemente. Y, gracias a que los gobiernos les metieron bala a él y a su gente, su figura trascendió en el ámbito mundial", explicó Navia.

Paralelismos

Si la primera parte de su vida tiene muchos paralelismos con la de Lula da Silva, sus inicios en la presidencia se asemejan más al gobierno de Chávez.

En un país donde el 48% de la población se reconoce "indígena", la llegada de Evo al Palacio Quemado encarnó las esperanzas de millones de bolivianos que a lo largo de la historia se habían sentido excluidos del poder. Hoy no llama la atención ver funcionarios y legisladores vestidos con ropa indígena. La legislación establece además severas sanciones para quien discrimine por raza o vestimenta, y desde 2009 Bolivia es un "Estado plurinacional" con más de 40 etnias reconocidas.

Pero además de parecerse a Chávez en cuanto a haber concitado la esperanza de millones de personas históricamente excluidas, Evo tomó también el estilo autoritario de su mentor.

El oriente boliviano, de población mestiza y blanca, donde se concentra la riqueza gasífera y agropecuaria, consideró que muchas de las reformas impulsadas por Evo buscaban beneficiar a la región andina occidental, de mayoría indígena y con una economía basada en la minería.

El enfrentamiento armado entre el gobierno y el Oriente puso al país al borde de la guerra civil en 2008. La estrategia vencedora de Evo se basó en aquello de dividir para reinar. Con los empresarios y comerciantes del Oriente se sentó a dialogar y accedió a sus reclamos. Y a la oposición política la persiguió con procesos judiciales hasta desarmarla. Hoy hay en el exterior 750 refugiados políticos bolivianos, y Morales se sigue consolidando en el manejo hegemónico del poder.

"Cuando algún jurista me dice: «Evo, te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal», bueno, yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: «Si es ilegal, legalicen ustedes, ¿para qué han estudiado?»", dijo el presidente hace algunos años.

Pero, al mismo tiempo, en este último tramo es cuando aparece la faceta "chilena" de Evo, con su extrema prolijidad en el manejo de las finanzas.

La lluvia de 6000 millones de dólares anuales por efecto de las ventas de gas a la Argentina y a Brasil no impulsó, como en Venezuela, una vorágine de gasto. Y Bolivia constituye hoy, junto con Paraguay, un islote de naciones de la región con superávit fiscal.

"Evo supo rodearse de buenos equipos, pero el poder hoy es sólo él. No hay sucesores a la vista. Finalmente aquel indígena tímido se convirtió en el hombre más poderoso de la historia boliviana", concluye Navia.

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