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El rock nacional cuenta su historia

30 años: la muestra del Centro Municipal de Exposiciones propone un recorrido por todas las etapas de la música que nació en los sesenta para quedar en el espíritu de los jovenes.
Daniel Amiano
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24 de octubre de 1996  

El rock nacional llegó a esa edad en la que se empieza a tener recuerdos. Imágenes y sonidos que se suman para armar una historia que involucra a varias generaciones. Desde Los Gatos hasta Los Piojos, de Arco Iris a Divididos, de Almendra a los Redondos, esta música que acelera el pulso de los jóvenes de siempre tiene un nuevo lugar donde reencontrarse.

"Rock Nacional: 30 Años" es una síntesis y, por qué no, un oasis para los amantes de este movimiento que desde sus orígenes trascendió el solo hecho musical. Una especie de enciclopedia gigante (con sonido) que se apoderó del Centro Municipal de Exposiciones hasta el 1° de diciembre próximo.

El equipo liderado por Rodolfo García (baterista de Almendra) y Pipo Lernoud (pionero del periodismo rockero) recaudó las imágenes que se suceden sin pausa para conformar este resumen de grandes dimensiones. Resumen que, al fin de cuentas, es un homenaje que tiene mucho de pasión y de trabajo de producción.

Desde el fuego

En todos lados hay música. Antes de ingresar ya se escuchan canciones de nuestro rock de todas las épocas. Una ambientación ideal, porque adentro la variedad es aún mayor. El hall de entrada provoca los primeros temblores en el alma. Decenas de afiches callejeros que anuncian festivales y conciertos de los más variados artistas, como el del primer Pescado Rabioso (Spinetta-Bocón-Amaya), Virus o Charly García, entre muchísimos otros.

Inmediatamente después llegan las fotos. Galerías que se ordenan cronológicamente y con subdivisiones de cada grupo importante.

Así se comienza con Sandro y Los de Fuego y le siguen Los Shakers, Los Gatos, Pajarito Zaguri, Manal, Tanguito, Almendra, Arco Iris, La Cofradía de la Flor Solar y, por supuesto, La Cueva, que se reproduce con sus paredes empapeladas con diarios. En fin, los nombres que pusieron la piedra fundamental en este edificio que evolucionó con la época.

El camino lleva a recorrer la muestra pasando por los setenta, con Aquelarre, Pescado Rabioso, Invisible, Sui Géneris, La Máquina, Serú Girán..., los ochenta, con los Redondos, Sumo, Soda Stéreo, Los Abuelos de la Nada, Riff, V8... hasta estos días de Babasónicos, Piojos, Divididos, Las Pelotas o Los Brujos.

Cuando pase el temblor

Varios puntos del recorrido (y esto, seguramente, depende de la edad y lo vivido por cada uno) hacen que el observador se emocione. Hay muchas fotos que rescatan el espíritu del artista en particular, como una imagen gigante del estadio de Huracán colmado por el público ricotero, o el mítico Luca Prodan mientras conversa con unos punks. Ni hablar de alguna actuación de La Cofradía (hoy estudiada en la Universidad de La Plata como un caso local de vida comunitaria), un ensayo de Pescado o Ratones Paranoicos en camarines de Obras.

Hay más, por supuesto, y del grupo que se prefiera. Un sector está dedicado exclusivamente a las tapas de todos los discos del rock nacional, desde los vinilos de Mandioca hasta los últimos CD, que llevan a esa comparación odiosa del valor del arte de tapa.

La iluminación también tiene su sector, donde Quaranta resume, con viejas consolas y modernos reflectores, la evolución de esta parte tan importante para el show.

Todavía falta lo mejor

También se armó un estudio de grabación. Y de verdad, donde los nuevos grupos que participan en la muestra pueden grabar su demo. Pero todavía falta. Algunos originales o variaciones de tapas de álbumes sirven de introducción para un momento fuerte: el de los instrumentos.

Un salón expone, como una joyería sus piedras preciosas, guitarras, bajos, teclados y baterías.

Muchas guitarras Repiso, entre ellas la que Edelmiro Molinari utilizó en Almendra, la batería CAF de Rodolfo García en la misma banda, el bajo de Aznar en una etapa de Serú Girán o los fatigados tambores de Black Amaya hacen de la visita un lujo.

Un lujo para muchos. Un recorrido que hace revivir a quienes acumulan más años y que podrá sorprender a los más jóvenes que llegan al rock de hoy sin saber cómo vino la mano.

La música está en todos los rincones

La música no cesa. Es la constante que domina cada rincón de la muestra, en distintos formatos. Cada sector genera su propia música. Casi todos los stands reproducen temas de sus respectivos grupos, con imágenes de video que complementan la exposición fotográfica. Los videos, que en general duran diez minutos, se proyectan sin interrupciones.

También hay un sector donde se disponen varios reproductores de CD (como los que hay en algunas disquerías), con cuatro discos.

Cada uno de ellos contiene temas inéditos o versiones alternativas o algunos que aún no fueron reeditados en CD. Hay de todo. Desde Almendra e Invisible hasta Carca.

Además, cada aparato reproductor dispone de su correspondiente listado de temas con una síntesis de su historia o la ocasión en la que fue grabado.

En vivo y en directo

Y para que la muestra sea completa, también hay un escenario para que las bandas puedan tocar en vivo. Cada día se presentan tres bandas diferentes. Dos nuevas y una con un poco (y en algunos casos mucha) historia. Así están anunciados El Reloj, Alianza Raíces y Los Guarros, entre otros.

De domingos a jueves, los recitales se realizan a las 17, 19 y 21, y los viernes y sábados, a las 18, 21 y 23.30.

Para los fines de semana también hay un escenario al aire libre, con mayor capacidad de público, para lo cual hay que pagar $ 10.

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