Suscriptor digital

La Evita imposible

(0)
24 de octubre de 1996  

Tres de la tarde del 1° de junio de 1982. Raúl Alfonsín ya era el candidato de la UCR. Italo Argentino Luder el del Frejupo, pero todavía no había llegado aquel 17 de octubre decisivo en la avenida 9 de Julio que devino en una contundente respuesta en las primeras elecciones tras una largo paréntesis en la democracia. Aquel día, Hugo del Carril -Piero Hugo Fontana- esperaba la llegada del periodista que iba a entrevistarlo, en su viejo departamento de Cangallo (hoy Tte. General Perón) al 1900. A media luz, quizá para que su interlocutor lo confundiera con aquel que allá lejos y hace tiempo lucía su fina estampa en el cine y en los escenarios, esperaba las preguntas.

Tenía por entonces 70 años -nació el 30 de noviembre de 1912-, poco antes de su muerte, inexorable, que lo llamó antes de poder hacer realidad un film más, o, por lo menos, ver sancionada la Ley de Cine que siempre había soñado.

Tras un largo rato de idas y vueltas a propósito de la censura que marcó su carrera, Hugo del Carril accedió de esta forma a pensar en voz alta sobre sus proyectos postergados. Y sobre Evita.

-En los últimos años hubo una ópera-rock y una miniserie a propósito de Evita. Si usted pudiera filmar la vida de Eva Perón, ¿cómo la encararía?

-Como fue. Una mujer entregada de lleno a su pueblo hasta el punto de que toda su preocupación por el pueblo, su esfuerzo y su trabajo la llevaron a la muerte.

-¿Se opone al cine histórico del tipo didáctico? ¿Sería una Evita así?

-Creo que todas las películas que tratan de una época, de nuestra historia o de nuestra política, o bien sea de tipo biográfico, antes de hacerse tiene que ser revisada muy minuciosamente, es decir: no se podría hacer, por ejemplo, Rosas, sin saber en qué época vivió. Hay que hacer películas un poco objetivas, hay que ver lo bueno y lo malo del personaje, lo que han escrito a favor y en contra. Así entonces se encara al personaje.

-Pero si el cine argentino todavía tiene dificultades para tocar temas de la historia del siglo XIX, ¿cómo podría encarar una versión sobre Evita?

-Los hechos, cuanto más recientes son, mejor se pueden traducir. A Rosas lo conocemos a través de dos historias, la de quienes lo admiraron y la de quienes lo odiaron. Es muy difícil extractar de ahí la verdad. En cambio, con Evita todo es demasiado fresco como para tener alguna duda sobre lo que uno tenga que hacer.

-¿Qué opina del aluvión de producciones que llevan la imagen de Evita?

-Dependen de la conciencia de cada cual. Hay gente que mediante el cine solamente ha buscado el negocio sin importarle... sin tener ninguna otra meta, es decir, sin buscar lo artístico sino lo comercial o lo impactante. De las cosas que se han hecho sobre Evita... Mire, la política peronista, aun en plena época peronista, conmovió al mundo. Perón dio a nuestra política un nuevo rumbo que podríamos llamar la "tercera posición". El mundo no estaba alejado de lo que sucedía y de cómo se iban dando las cosas en la Argentina. Esto se publicaba en todo el mundo. Ya en aquel entonces Evita era un personaje muy conocido en el exterior. No habría habido necesidad de esta infamia que han hecho con la ópera. La han dado a conocer de una forma indecorosa y sucia persiguiendo el lucro.

-Más allá del lucro, ¿cree que existe un interés político?

-Por supuesto. Pero si una cosa viene aparejada con la otra, como dicen los españoles, vale.

La versión nunca filmada

En verdad, Hugo del Carril no había visto ni la ópera-rock "Evita" ni el insufrible telefilm de Marvin Chomsky, con Faye Dunaway y James Farentino, por ese entonces recién salido de fábrica y ya con los comentarios de su país poniendo en tela de juicio algunos aspectos, en especial los relacionados con la reconstrucción (¡Buenos Aires en Guadalajara!) y otros referidos al contenido ideológico, por más de un motivo alejado de la verdad histórica. Por entonces, etapa preelectoral después de muchos años de proscripciones, persecuciones y enfrentamientos que convulsionaron la paz interior en numerosas ocasiones, Del Carril prefería la soledad al asedio del periodismo, por entonces más preocupado por las campañas de los partidos mayoritarios y por el destape a la criolla, que empezaba a gastar sus primeras -y últimas, por cierto-municiones en un público desesperado por recuperar el tiempo perdido. La cosa es que Del Carril no filmó más. Probablemente, su estado de salud, más delicado que en los años 70, sólo le permitía soñar, a media luz. Con él no sólo se perdieron sus proyectos, sino también aquel sueño de llevar una leyenda a la pantalla con la misma fuerza que había impreso en ese clásico del cine argentino titulado "Las aguas bajan turbias".

El cine argentino siempre fue muy prudente a la hora de recrear personajes de la historia profunda, y en particular a los que generaron, más allá de su carácter "masivo", serias disputas que llegaron, incluso, a enfrentamientos a través de los tiempos. Hasta tal punto que, a diferencia de lo que ocurre en otros países también con personajes polémicos, en la Argentina el cine sólo se atrevió con unos pocos. Si Rosas fue solamente tocado en profundidad por el film que lleva su nombre dirigido por Manuel Antín, y Facundo Quiroga en la reciente propuesta de Nicolás Sarquís, menos suerte tuvieron otros, más lejanos o más cercanos, como Mariano Moreno, Julio Argentino Roca, Leandro N. Alem, Hipólito Yrigoyen, o hechos como la Revolución del 90 y la del 30, o la Semana Trágica, por citar algunos. Con Evita ocurrió algo singular: primero se la recuperó en el exterior de una manera más que polémica y, finalmente, pero sin gran presupuesto, se la trata de rescatar en su tierra.

María Eva Duarte, que nació en 1919, llegó a Buenos Aires en 1935. Después de trabajar en radio y en teatro, entró en la industria del cine. Así apareció en "Segundos afuera" (1937), "La carga de los valientes" (1940), "El más infeliz del pueblo" (1941), "Una novia en apuros" (1941) y "La cabalgata del circo" (1944), poco antes de llegar al protagónico de "La pródiga" (1945). Tan sólo veinte años después de su muerte el cine se atrevió con dos documentales: "Eva Perón inmortal" y "Una mujer, un pueblo" (1973), el segundo de Juan Schroeder, y una década y media más tarde con "El misterio de Eva Perón" (1986), de Tulio Demichelli.

A principios de los años ochenta Eduardo Mignogna filma "Evita-Quien quiera oír que oiga", donde por primera vez alguien se atreve a recrearla a partir de una actriz (Flavia Palmiero): de allí en más su imagen volvería en numerosos documentales y varios experimentos, musicales o dramáticos.

Al tiempo que Juan Carlos Desanzo anunciaba su proyecto con José Pablo Feinmann, un realizador menos conocido, Ricardo Alberto Defilippi (quien acredita haber realizado cuatro largometrajes de los que sólo se estrenaron tres), anunciaba que había comenzado el rodaje de "La razón de mi vida y de mi muerte", sobre Evita. Y hasta llegó a empapelar Buenos Aires con esa novedad que todavía nadie pudo demostrar tenga algo de verdad.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?