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La mayoría de los obispos apoyó las reformas del Papa

En el documento final respaldaron la posición aperturista; disidencias minoritarias
Elisabetta Piqué
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19 de octubre de 2014  

ROMA.- Francisco cerró ayer su primer sínodo sobre los desafíos de la familia con un vibrante discurso en el que llamó a la Iglesia a "no mirar a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar o clasificar a las personas", sino a tener las puertas abiertas para recibir a todos, especialmente a pecadores, necesitados, prostitutas, arrepentidos "y no sólo a aquellos que creen ser perfectos".

Saludado por un aplauso de cinco minutos de los 253 participantes, el discurso de cierre de Francisco tuvo lugar después de la aprobación por amplia mayoría de la relatio synodi, el documento final, que es de carácter consultivo y que servirá de base para que los episcopados de todo el mundo se preparen para un segundo sínodo, en 2015.

Por expreso deseo del Papa de que hubiera transparencia total, por primera vez en la historia se dieron a conocer las votaciones puntuales de cada párrafo del documento final.

Tal como se esperaba, y confirmando la división entre conservadores y reformistas en cuanto a la apertura hacia los divorciados vueltos a casar y a las parejas homosexuales, tres párrafos del documento final del sínodo relativos a esas cuestiones (número 52, 53 y 55) no obtuvieron la mayoría de dos tercios necesaria para su aprobación (equivalente a 123 votos).

De todos modos, sí obtuvieron una mayoría consistente, que indica que la mayoría de los obispos apoyó a Francisco, en favor de un ulterior debate y de una eventual apertura en esas dos cuestiones.

La decisión del Papa de dar a conocer las votaciones puntuales de cada párrafo de la relatio synodi (de 62 párrafos en total) fue interpretada como una verdadera jugada magistral de Jorge Bergoglio. El párrafo 52, sobre la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos luego de un camino penitencial y tras analizar cada caso, obtuvo 104 votos a favor y 74 en contra. Y el 53, que llamaba a profundizar este tema, obtuvo 112 "placet" y 64 "non placet".

En tanto, el párrafo 55 sobre la atención pastoral a las personas con tendencia homosexual -aunque con una bajada de tono evidente con respecto al borrador difundido el lunes-, que predica el "respeto y la delicadeza" hacia los gays, logró 118 votos a favor y 62 en contra.

La falta de quórum confirmó que los obispos conservadores convirtieron a estos dos temas en su caballito de batalla en contra de las ideas aperturistas del Papa. Pero los números, que Francisco quiso que fueran publicados para que los episcopados de todo el mundo supieran realmente cómo están las cosas, certificaron que son mayoría los obispos reformistas, abiertos a una profundización de la discusión y a un eventual cambio.

A lo largo de estas dos semanas marcadas por gran expectativa, tensión y un debate inédito -abierto, en el que se pusieron sobre la mesa temas antes considerados tabú-, Francisco había escuchado todo, en silencio.

"Personalmente, me habría preocupado y entristecido si no hubiera habido estas animadas discusiones, o si todos hubieran estado de acuerdo", dijo, ayer, al aludir a las divisiones. "En cambio, he visto y escuchado con alegría intervenciones llenas de fe, fervor pastoral y doctrinal, de sabiduría, franqueza, coraje y parresia [libertad de decirlo todo]", agregó, al destacar que nunca nadie puso en discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio. "La indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la procreatividad, es decir, la apertura a la vida."

Francisco, que destacó que en estas dos semanas de sínodo hubo un "caminar juntos", también advirtió en contra de algunas "tentaciones". Las de los tradicionalistas, que se encierran en lo que está escrito; las de los progresistas, que "en nombre de una misericordia engañosa vendan las heridas sin antes curarlas y medicarlas, que tratan los síntomas y no las causas", y las de no querer ver la realidad usando un lenguaje minucioso que en verdad no dice nada.

Última palabra

Como hizo al principio de esta asamblea de obispos de todo el mundo -que es sólo la primera etapa de un proceso que culminará el año próximo con un segundo sínodo-, Francisco también recordó que es él quien tendrá la última palabra.

"El sínodo se desarrolla con Pedro y bajo Pedro y la presencia del Papa es garantía para todos", dijo. Tras recordar que los obispos tienen la tarea y el deber de custodiar y servir a la Iglesia, "no como dueños, sino como servidores", destacó que "en este contexto el Papa no es el señor supremo, sino más bien el supremo servidor".

"Queridos hermanos y hermanas, ahora tenemos todavía un año para madurar, con verdadero discernimiento espiritual, las ideas propuestas y encontrar soluciones concretas a tantas dificultades e innumerables desafíos que las familias deben enfrentar, a dar respuestas a los tantos desalientos que rodean y sofocan a las familias", señaló al final de un discurso, por el que fue ovacionado con cinco minutos de aplausos de pie.

En línea con esa visión que tiene Francisco de la Iglesia como un hospital de campaña después de la batalla, llamado a sanar las heridas, por la mañana los padres sinodales aprobaron por amplia mayoría (158 votos de 174) un mensaje final significativo. Más sintético que la relatio synodi, de tres carillas, reiteró que la Iglesia Católica no debe excluir a nadie, sino que debe ser una casa con la puerta abierta, lista para recibir a todos.

Beatifican a Pablo VI

  • Francisco beatificará hoy en la Basílica de San Pedro a Pablo VI, que gobernó la Iglesia en medio de las grandes transformaciones de los años 60. El italiano Giovanni Battista Montini continuó con el Concilio Vaticano II, la gran obra de modernización de la Iglesia lanzada por el papa anterior, Juan XXIII, santificado en abril pasado junto con Juan Pablo II. Pablo VI también es recordado por su rechazo a cualquier control artificial de la natalidad.
  • La ceremonia de beatificación, que contará con la presencia del papa emérito Benedicto XVI y cientos de obispos y cardenales de todo el mundo, fue programada como clausura del primer sínodo de obispos convocado por Francisco.

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