Una rendición ante la inseguridad

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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23 de octubre de 2014  

La inseguridad corroe a la política. Cristina Kirchner volvió a demostrarlo anteanoche. Al presentar su proyecto de reforma del Código Procesal Penal , protagonizó una rendición doctrinaria. La propuesta oficial es, en muchos aspectos, un reconocimiento silencioso a algunos de sus más destacados rivales políticos. O una defraudación para el ala más radicalizada del oficialismo, que había soñado con la fundación de un orden jurídico menos punitivo.

En varios pasajes del articulado enviado al Congreso, la Presidenta tomó partido por la posición más conservadora del debate penal.

Aquella que, como denunció Michel Foucault, no castiga a los individuos por la transgresión corroborada de normas específicas, sino, también, por su "peligrosidad". Esa ideología está detrás del criterio que ve en la reincidencia el agravante de un delito. La señora de Kirchner se apropió de ese criterio, lo que implica algo más que un alineamiento teórico: fue una forma de recusar las teorías del juez Raúl Zaffaroni. Si Zaffaroni necesitaba un motivo más para dejar al Gobierno con un voto menos en la Corte Suprema a partir de enero, ya se lo dieron. A diferencia de Ricardo Lorenzetti con el Código Civil y Comercial, la década ganada no lo convertirá en padre de una gran reforma en su especialidad. Funcionarios judiciales atribuyen a este desencuentro el alejamiento de Zaffaroni. Es cierto que en enero cumplirá 75 años, pero hasta ahora la doctrina de la Corte, expuesta en el caso Fayt, es que la cláusula constitucional que fijó ese límite de edad es nula de nulidad absoluta.

Si Zaffaroni necesitaba un motivo más para dejar al Gobierno con un voto menos en la Corte Suprema a partir de enero, ya se lo dieron

La otra adhesión, si se quiere subliminal, de Cristina Kirchner al concepto de "peligrosidad" aparece en la decisión de deportar a los extranjeros que sean sorprendidos mientras actúan fuera de la ley. Aquí los decepcionados serán los profesores del grupo Carta Abierta. En su último pronunciamiento, encendidos de garantismo, acusaron: "Se busca suscitar las reacciones más agazapadas en la oscuridad de las conciencias, usando gentilicios habituales, de valor fraterno, como «chilenos» y «paraguayos» , pero para invertirlos. Y así los hacen sinónimos de una amenaza difusa, que luego sirve para justificar tremendos y reprobables conceptos, como el de «deportación». ¿Es que se habla contra las derechas utilizando los mismos conceptos de las derechas? No es así como todos esperamos que se traten las necesidades y carencias de sectores de la población que son víctimas antes que agentes de actos furtivos o comercios ilegales".

Los intelectuales oficialistas criticaban, sin llamarlo por su nombre, al teniente coronel Sergio Berni, el viceministro de Seguridad, quien varias veces identificó, coherente con la difusa xenofobia que detectan las encuestas, inseguridad con inmigración. Ahora esos escritores quedaron enfrentados con su heroína, la Presidenta. Una falta imperdonable de coordinación en el pensamiento estratégico nacional.

La revisión a la que la señora de Kirchner sometió un conjunto de creencias que, para muchos de sus acólitos, parecían inseparables de su proyecto social no es el resultado de una meditación teórica. Antes de cruzar a una vereda más conservadora, ella necesitó padecer la derrota electoral. Sergio Massa la doblegó hace un año en la provincia de Buenos Aires levantando la bandera de la seguridad. Y la volvió a desafiar con un plebiscito, a todas luces inconstitucional, para derribar la reforma del Código Penal que ella había pactado con la UCR y Pro. Aun así, todavía falta para que el candidato del Frente Renovador alcance el poder de síntesis de aquel Ruckauf que, en 1999, conquistó el trono bonaerense con la consigna "meta bala al delincuente". Entonces, como ahora, la economía estaba en recesión.

Massa, que se propuso minar al oficialismo en todas las provincias, arrastra a su antigua jefa hacia una posición que expone a la izquierda peronista al escarnio del trotskismo. Los más mortificados son los que apostaron a que en el kirchnerismo existe algo "irreversible". Al contrario, Daniel Scioli celebra el corrimiento. No sólo porque lo convalida ante los sectores del Gobierno que lo desprecian por reaccionario. También porque este giro es otra señal de lo que él está esperando: un compromiso decidido de la Presidenta con la suerte electoral del Frente para la Victoria, aunque más no sea en defensa propia.

Massa, que se propuso minar al oficialismo en todas las provincias, arrastra a su antigua jefa hacia una posición que expone a la izquierda peronista al escarnio del trotskismo

La eficacia de la reforma oficial va a ser muy discutible. La mayor parte de los crímenes se encuadra en las codificaciones provinciales, muchas de las cuales ya incorporaron, sin éxito alguno, algunas de las recetas que propuso la señora de Kirchner. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires la investigación es responsabilidad de los fiscales. Para saber cómo funciona allí el sistema recomendado basta observar las agresiones a las que está siendo sometido en La Plata Jorge Paolini, quien investiga irregularidades de la intendencia de Pablo Bruera en la administración del programa Procrear. Paolini ya fue víctima de presiones similares del ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, cuando determinó que los muertos en las inundaciones de abril de 2013 habían sido, contra lo que pretendía Scioli, muchos más que 50.

Con la reforma del Código Procesal Penal, Massa fue menos beneficiado que Scioli en la carrera por el 2015
Con la reforma del Código Procesal Penal, Massa fue menos beneficiado que Scioli en la carrera por el 2015 Fuente: Archivo

Las imperfecciones jurídicas son un detalle frente al descalabro de la política de seguridad de la Presidenta. La abogada exitosa que dictó cátedra por cadena nacional no consigue orquestar a las fuerzas que tiene bajo su mando. La Policía Federal está enfrentada con la Metropolitana en la ciudad de Buenos Aires. La bonaerense y la Secretaría de Inteligencia -ex SIDE- llevan adelante una guerra en la que sus autoridades se imputan asesinatos cruzados. La Gendarmería investiga a policías de provincias administradas por la oposición. Y rivaliza con el Ejército, que la sustituyó en algunas tareas, sobre todo en el norte del país. El Ejército, por su parte, se ofrece como aparato de espionaje a una Cristina Kirchner que, como ella misma sugirió el 30 de septiembre pasado, ya no controla a la antigua SIDE. En vez de luchar contra la delincuencia, los encargados del orden pelean entre sí.

Uno de los fenómenos para los que sí puede ser efectiva la reforma es la proliferación de la corrupción. El proyecto es un caballo de Troya. La Presidenta presentó como un gran progreso que se consagre la independencia de los fiscales. Un pronunciamiento paradójico en alguien que, como ella, reemplazó como procurador a Esteban Righi por el verticalizado Daniel Reposo y, al no conseguir el acuerdo del Senado, promovió a Alejandra Gils Carbó, quien no da un paso sin consultar a la Casa Rosada.

La mayor autonomía del Ministerio Público no debe desligarse de la operación más sistemática del Poder Ejecutivo en relación con la Justicia: la designación en masa de fiscales identificados con el "proyecto nacional y popular". El nuevo código encargará las pesquisas penales, entre ellas las de episodios de corrupción, a esos fiscales ya seleccionados. Entre sus capacidades estará desistir de la investigación. Dicho de otro modo: la emancipación del Ministerio Público puede ser una nueva avenida hacia la impunidad. Un objetivo razonable para una Presidenta que supone que si el Estado está carcomido por los sobornos y el tráfico de influencias, es porque las perversidad de los empresarios consigue quebrar una honestidad consustancial a la política.

Fuente: Archivo

Nadie debe sentirse desalentado. Las miserias morales de la vida pública seguirán saliendo a la luz aun con un Ministerio Público amañado. Como demostró el politólogo Manuel Balán, los escándalos estallan gracias a las guerras de facción. La creación de un ejército de fiscales con potestades especiales es muy seductora para quien está por dejar el poder. A los oficialismos le interesa tener jueces amigos que ofrezcan protección. A las oposiciones le viene mejor contar con acusadores que molesten. Cristina Kirchner está en plena mutación.

Nadie debe sentirse desalentado. Las miserias morales de la vida pública seguirán saliendo a la luz aun con un Ministerio Público amañado

En la difusión del nuevo código volvió a notarse una falta de armonía entre el texto y el contexto. Proponer una reforma para que los delitos federales, entre los que está la corrupción, se combatan con mayor rigor, 24 horas después de que el titular de la AFIP tuvo que explicar que Cristina Kirchner y Lázaro Báez no son socios, sino que sólo "tienen vínculos comerciales", no es la mejor exhibición de talento político. Por otra parte, la Presidenta reaccionó ante la noticia de que su condómino Báez adulteraba facturas como lo haría si un miembro de su familia quedara al descubierto: enfurecida, ordenó divulgar los datos de todas las sociedades que se encuentran en la misma situación. Como si esos otros transgresores también hubieran hecho su fortuna como proveedores de obra pública en Santa Cruz.

Cuando su amigo y secretario Miguel Ángel Vicco fue señalado por ser deudor del Banco Central, también Carlos Menem hizo publicar una lista infinita de casos parecidos. Los caudillos suelen caer en la iracundia cuando sienten vulnerada su intimidad.

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