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Silvio Frondizi, una figura incómoda

Arnol Kremer Balugano
Arnol Kremer Balugano PARA LA NACION
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27 de octubre de 2014  

En la Biblioteca Popular Martedi se celebró recientemente una reunión para recordar a Silvio Frondizi, uno de los intelectuales más notables de la Argentina por sus aportes originales y sus críticas al dogmatismo. Allí se disertó sobre la personalidad, la obra y la inclaudicable ética de quien fue mi maestro ante un nuevo aniversario de su asesinato, ocurrido en 1974. Al presentar el primer tomo de la reedición de su obra, surgió la pregunta: ¿por qué, en este momento de supuesta reconstrucción de la memoria, se conoce tan poco su figura?

Quizá sea porque, en primer lugar, Silvio destrozó al viejo despotismo ilustrado y además se adelantó a denunciar también su reemplazo, el actual "populismo ilustrado", que ha trocado aquella actitud despectiva hacia el "pueblo" por un paternalismo oficial y oficioso "progre" y "de izquierda" que monopoliza la producción intelectual.

Podemos constatar que ninguna de las revoluciones socialistas o "nacionales y populares" logró eliminar la división entre trabajo manual e intelectual. La ex Unión Soviética, por el contrario, acrecentó la división de trabajo y en los partidos comunistas se temía que la intelectualización de los obreros llevara a desarrollar la llamada "aristocracia obrera". Por eso se afirmaba que los trabajadores no podían leer a los clásicos; era el partido el que debía "interpretar" y "traducir" aquellos textos a un lenguaje "popular" en una prensa partidaria similar al catecismo.

Silvio destacaba que Marx y Engels habían escrito deliberadamente para los obreros. Por eso cuando me incorporé al Grupo Praxis, que había creado Silvio, sentí el placer de compartir con los intelectuales de igual a igual.

En segundo lugar, Silvio molestó siempre por la tesis en la que afirma que la burguesía nacional ya no tiene capacidad de conducir un proceso independentista. Esa labor se había agotado con el peronismo, y para ese presente sólo se podía plantear la sociedad socialista llevada adelante por los trabajadores en conjunto con el resto del pueblo, excluyendo a la burguesía. La aparición de Ernesto Guevara, el Che, y su práctica, fue coincidente.

La historia le dio la razón a Silvio. Sin embargo, sigue vigente la confrontación entre quienes sostenemos que hoy, en plena vigencia del monopolio de mercado mundial, ya no hay "burguesía nacional" y quienes no pueden dejar de imaginarla, ahora en los gobiernos "progres" de la región. Con el agravante de que quienes en 1955 habían salido en "comandos libertadores" conformados por socialistas, radicales y comunistas a asaltar los sindicatos y a "cazar" peronistas hoy son mas peronistas que Perón.

¿Se entiende por qué Silvio resulta tan molesto aun después de muerto?

Silvio Frondizi, en su momento, explicó por qué el peronismo no era fascismo, ya que el fascismo había sido la dictadura terrorista del gran capital, con base en la frustración de la pequeña burguesía, componente social de los camisas pardas, contra la clase obrera alemana marxista. En cambio, el peronismo fue el gobierno "bonapartista" de la burguesía nacional, que se ganó el apoyo de la clase obrera al constituir un Estado autoritario, pero de bienestar. Después, Silvio no dejó títere con cabeza al denunciar el oportunismo de la izquierda tradicional y del neoperonismo, a tal punto que bien podría haber parafraseado a Sarmiento al decir: "Todos los burócratas llevan mi marca"

Cuando en 1959 el Che lo convocó a Cuba, sabiendo que Silvio era el intelectual más original de América latina, le ofreció la titularidad de la Universidad de La Habana para que fuera el foco intelectual en la educación de América. Silvio no aceptó; entendió que su lugar estaba en la Argentina, trabajando para la revolución socialista.

El inefable Arturo Jauretche, cuya memoria está tan de moda en estos días, intentó destrozar a Silvio acusándolo de "antinacional" y otras lindezas de enervado chovinismo, pero Silvio no se dignó a contestarle. Aunque tal vez no se haya enterado de que Jauretche se había ocupado de él. Lo mismo había hecho Julio Cortázar cuando el autor de El medio pelo en la sociedad argentina lo desafió a que se radicara en el país y "escribiera para su pueblo"

Silvio impulsó a Praxis, y más adelante, cuando los movimientos armados se imponían, el maestro no tuvo empacho en ponerse a las órdenes de sus ex discípulos y se vinculó al PRT para actuar en el FAS, sin olvidar su responsabilidad como intelectual y hacer serias y muy atinadas críticas al descontrol de la acción armada. Lamentablemente, no supimos escucharlo.

En esos meses, la tenebrosa Triple A había empezado a asesinar a activistas populares. Entonces fuimos comisionados por Santucho a hablar con Silvio. Cuando nos reunimos con él en una modesta casita en Munro, creo, a mí me agobiaba la emoción y le dije: "Maestro, venimos a?". Se me hizo un nudo en la garganta y no pude seguir. Quien me acompañaba tomó las riendas con presteza y le explicó que queríamos ubicarlo en el país europeo que él eligiera, porque aquí no lo podíamos proteger. Silvio se echó hacia atrás y con su voz un tanto aflautada pero firme, dijo: "Soy un traidor a mi clase y ése es el riesgo asumido".

No lo pudimos convencer. Es tanta mi amargura que a veces me pregunto si no hubiera sido lícito "amarrarlo" y sacarlo de prepo.

A esta altura sólo me queda decir: "Al maestro, con cariño".

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