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Rituales desquiciados

Viviana Blanco, Delfina Bourse e Ignacio De Lucca ponen en escena en Palatina sus fábulas, mandalas y arborescencias
Daniel Gigena
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6 de noviembre de 2014  

Lobos, Viviana Blanco, carbonilla sobre papel
Lobos, Viviana Blanco, carbonilla sobre papel Fuente: LA NACION

Las obras de tres artistas argentinos contemporáneos, cuyas afinidades visuales posibilitan un entramado congruente, oxigenan el ecosistema visual porteño, algo sobrecargado de acontecimientos, ferias y encuentros vinculados a veces de manera contingente con el placer de mirar. Arborescencias de Ignacio De Lucca (Apóstoles, Misiones, 1960), mandalas de Delfina Bourse (Buenos Aires, 1979) y fábulas animales de Viviana Blanco (Bariloche, 1975), en tren de simplificar una secuencia descriptiva, comparten escenario en Palatina (Arroyo 821) y establecen un circuito semejante al de un relato, de un viaje o de una experiencia que comenzaría con la imaginación de estilos para representar la naturaleza (y los motivos para representarla).

Para De Lucca, que exhibe pinturas iluminadas desde dentro a través del color de un follaje múltiple e irreal y tres esculturas macizas de bosques de árboles petrificados, sin hojas, la mirada se activa como un péndulo: de la sequedad a lo húmedo, de lo mineral a lo vegetal, del fósil a lo que vive. En sus nuevas acuarelas sobre tela, donde el diseño supera la verosimilitud de la taxonomía y de los microcosmos previos en su trayectoria, surge una vertiente (poéticamente líquida) vinculada con el arte oriental, la biología y el vestuario. Las telas de De Lucca montan una fantasmagoría teatral protagonizada por restos de especies que aspiraran a convertirse en una sola: plancton, pétalos, hojas y tallos, membranas acuáticas y nervaduras se desgajan para formar una nueva especie de paisaje.

Los trabajos de Bourse también evolucionaron. En la transición de la técnica mixta al acrílico sobre tela (ese pasaje puede ser visto en la misma muestra, ya que figuran dos antecedentes), las obras ganaron contundencia y esplendor. A medio camino entre el plumaje de un ave mitológica y los mandalas sobrehumanos, los trazos recargados de acrílico no parecen implicar una lectura sobre la materia y el acto de pintar (algo tal vez un poco sabido ya), sino sobre los efectos de la obra artística en la conciencia. Radial, fulgurante y elusiva, una imagen de Bourse condensa procedimientos y sentidos concernientes a un ritual óptico.

Quizás la mayor sorpresa de la muestra se encuentre en las paradójicas fábulas ilustradas de Blanco. La artista nacida en el sur argentino suma a sus personajes conocidos -ciervos y pájaros, algunos de ellos antropomorfos, que deambulan por bosques segados y cubiertos de nieve- lobos, lechuzas y escenarios naturales donde el agua, como en un cuento mágico, fluye desde el papel. Variaciones de escala, perspectivas infrecuentes, planos saturados (casi no se advierten restos de blanco en el soporte que no hayan sido cubiertos por el trazo fuerte de la carbonilla) y composiciones semidadaístas -como la de Tótem, donde una cabeza humana sostiene a un lobo que a su vez sostiene a una lechucita- se conjugan para que en los dibujos se manifieste una gravedad ligeramente desquiciada.

Con la curaduría conjunta de los artistas y de Norma Quarrato por parte de la galería, la muestra, densa, elegante y vivaz, merece ser visitada. La entrada es libre y gratuita.

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