Bibiana Vilá, una bióloga que fusiona ciencia y tradición, con criterio ambiental y productivo

Junto con su equipo de trabajo logró recuperar un método prehispánico de manejo de la vicuña, clave para truncar su camino a la extinción
Lorena Oliva
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16 de noviembre de 2014  

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

A mediados del siglo pasado, la extinción parecía ser el destino inexorable de las vicuñas, tradicionales habitantes silvestres de la Puna. De los millones de ejemplares que, se sabe, poblaban la región antes de la conquista española, hace poco más de medio siglo quedaban apenas diez mil. La razón de tremenda depredación era puramente económica: la fibra de la vicuña es tan exquisita como valorada en el mercado internacional; y la muerte del animal, el método más simple y menos costoso para obtenerla.

Sin embargo, en la actualidad, y gracias a la recuperación del "chaku", una técnica prehispánica de captura del animal que permite su esquila sin dañarlo, la población de vicuñas está revirtiendo esa peligrosa tendencia y ya ronda las 400.000 en los países que habita: Chile, Bolivia, Perú y la Argentina. Entre los principales impulsores de esta revalorización de técnicas tradicionales, propias de las comunidades indígenas, se encuentra Bibiana Vilá, una profesional formada en el marco de la ciencia clásica occidental.

Doctora en Ciencias Biológicas por la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA e investigadora principal del Conicet, Vilá ha nutrido su carrera profesional -que ya cuenta con casi tres décadas- con una mixtura de culturas y disciplinas, convencida de que el verdadero compromiso con la conservación del medio ambiente implica, necesariamente, el cruce de todas ellas.

"En materia de sustentabilidad, es importante incorporar otras miradas que vienen de otras culturas sin que sean voces en conflicto. No es suficiente con el saber científico clásico", asegura Vilá, recién llegada de Japón, en donde fue distinguida con el premio Midori, que reconoce a personas cuyo estudio de la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad haya hecho aportes considerables, ya sea a nivel global, regional o local. La distinción, que incluye un importante premio económico, la otorga la Convención de Diversidad Biológica de la ONU, junto con la fundación AEON, cada dos años. De 280 postulantes procedentes de 60 países, el jurado distinguió a tres, entre ellas, la bióloga argentina.

Nuevos paradigmas

El trabajo que tanto Vilá como su equipo -el grupo Vicam (Vicuñas, camélidos y ambiente)- vienen realizando en el norte del país (ahora, puntualmente, en Santa Catalina, Jujuy, a 3800 metros sobre el nivel del mar) no sólo ha redundado en mejores perspectivas de futuro para la ya mencionada especie animal, sino que está logrando instalar nuevos paradigmas, al convertirla en un nuevo recurso productivo en la zona. El valor internacional de su fibra oscila entre los 400 y 600 dólares por kilo.

"La vicuña es una especie silvestre que cuenta con la protección provincial debido a la escasez de hace décadas. Para los pobladores era un animal que se comía las pasturas sin aportar demasiado al proceso productivo. Pero, hoy en día, este método de esquila sustentable está limando esas asperezas de vieja data", explica la especialista, también profesora en la Universidad Nacional de Luján y coordinadora científica de la comisión asesora de Biodiversidad y Sustentabilidad del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Afortunadamente, el equipo de Vicam -integrado, entre otros, por los investigadores Yanina Arzamendia, Jorge Baldo, Hugo Yacobaccio, y Gisela Marcoppido- no es el único que hoy en día realiza el chaku en la zona de la Puna. Indudablemente pioneros, sus integrantes también se dedican a la capacitación y difusión de esa técnica que, incluso, han socializado a través de un manual que ellos mismos han elaborado, publicado por el Conicet, de libre acceso desde su página web ( www.vicam.org.ar). "Ésta es otra de las claves de la sustentabilidad: difundir cómo se hacen las cosas y transmitir lo que se sabe", reflexiona Vilá, en diálogo con la nacion.

El método en cuestión se propone reducir el nivel de estrés de los animales a la menor expresión posible para su posterior esquila parcial. "Nunca se los esquila por completo porque, si no, después, los largás y se mueren de frío. Eso también es sustentabilidad: ser lo más eficiente posible teniendo en cuenta las restricciones. La sustentabilidad es un límite y la voracidad no admite límites. Siempre va a ser más fácil matar, pese a que esté prohibido, que esquilar? y esto lamentablemente aplica a cualquier especie", reconoce.

Dada la protección estatal que posee la especie, cualquier grupo que desee trabajar con vicuñas debe presentar un plan de manejo a la autoridad provincial de fauna, encargada de otorgar el permiso y supervisar el procedimiento, así como, en última instancia, certificar que la fibra obtenida es de origen legal.

"Las vicuñas son animales hermosos, muy interesantes tanto desde el punto de vista biológico como desde el económico, poseedores de un enorme valor simbólico también para los pueblos originarios de esas zonas", puntualiza la especialista.

Un vínculo de casi tres décadas

Su historia con las vicuñas arrancó hace unas tres décadas, cuando comenzó a estudiarlas, un tiempo en el que se sabía bastante poco sobre esta especie. De hecho, su tesis de doctorado fue sobre el comportamiento de este animal durante la temporada reproductiva. Una primera campaña de investigación en Catamarca, a los 23 años, la puso en contacto con pobladores del lugar que, en cuestión de pocos meses, descolocaron todas las certezas con las que había arribado. "Poseían toda una serie de saberes tradicionales que entonces podían parecer totalmente disruptivos para la mirada occidental y, además, eran muy respetuosos del ambiente que los rodeaba", rememora.

El rescate de esos saberes en materia de usos sustentables del ambiente está presente en la etnobiología, una transdisciplina que tiene fuerte presencia en países como México y Bolivia y de la que ella es uno de los principales referentes en la actualidad. De hecho, es la vicepresidenta de la Sociedad Latinoamericana de Etnobiología.

La etnobiología es una herramienta fundamental en los casos en los que el objeto de estudio está mediado por factores culturales que remiten a lo tradicional de manera muy fuerte, como es el caso de las vicuñas. Es una combinación de saberes, una suma en la que todos ganan. El científico, las comunidades y las especies que se busca conservar.

En nuestro país, sin embargo, las transdisciplinas aún no logran el nivel de aceptación o legitimidad que poseen las disciplinas más tradicionales. Tal vez sea sólo cuestión de tiempo? Vilá reconoce que cada vez es más frecuente oír de colegas suyos que trabajan e investigan con un criterio más abierto y dialoguista a la hora de interactuar con otras culturas.

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