Ambientes libres de tabaco: una batalla ganada

Paula María Bertol
Paula María Bertol PARA LA NACION
Hay que celebrar el cambio cultural por el que los argentinos decidieron apostar en los últimos años
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19 de noviembre de 2014  • 18:17

El Día Internacional del Aire Puro fue establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1977, con el objetivo de difundir cuáles son las emisiones tóxicas que afectan a la salud de las personas.

No existe todavía una conciencia suficientemente desarrollada sobre las sustancias nocivas que respiramos cada día pero, en los últimos años, fuimos testigos de, por ejemplo, la obtención de grandes logros en la lucha contra el tabaquismo que vale la pena celebrar.

En 2004, un grupo de senadores californianos mostró que la medida no era imposible de aplicar. A pesar de haber enfrentado una férrea oposición inicial, varias ciudades del mundo mostraban por entonces las ventajas de tener ambientes libres de humo de tabaco. Y surgió un interrogante: ¿podría Buenos Aires seguir el mismo camino?

Junto al legislador Helio Rebot decidimos asumir el difícil desafío y, en septiembre de 2005, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó con una amplia mayoría la Ley 1.799 de Control del Tabaco. La nueva norma oficializó la lucha contra el tabaquismo y fue un motor muy importante para un cambio de actitud en la sociedad. Terminó con los ambientes cerrados con humo y zanjó todas las cuestiones familiares y laborales que siempre había suscitado el hecho de que el fumador no respetara al no fumador.

La Ley 1.799 de Control del Tabaco oficializó la lucha contra la adicción y fue un motor muy importante para un cambio de actitud en la sociedad

La flamante ley prohibió la publicidad de cigarrillos en la vía pública y garantizó la cobertura del tratamiento gratuito para toda la población. Además, promovió la prevención, incluyendo la obligación de campañas; a partir de ellas, muchas personas tomaron conciencia de los graves e irreversibles daños que provoca el tabaco. En los últimos dos años, esta acción le permitió a más de 87 mil habitantes del país comprobar que es posible vencer la adicción.

A partir de la sanción de la Ley Nacional 26.687 se pudo expandir a otras jurisdicciones la prohibición de fumar en espacios cerrados con acceso público, y también la imposibilidad de realizar cualquier tipo de publicidad o promoción de productos elaborados con tabaco a través de los medios de comunicación. Asimismo, se logró incorporar en los paquetes de cigarrillos advertencias con imágenes elocuentes de los daños irreversibles que provoca a la salud.

En la actualidad, pensar en un ambiente libre de humo es algo normal. Sin embargo, en un inicio las resistencias eran muchas. Los comerciantes se quejaban de que sus ventas iban a bajar, y sus declaraciones se potenciaban en los medios de comunicación. Los fumadores clamaban indignados contra lo que consideraban un atentado contra sus libertades individuales. Los que gritaban eran pocos, pero gritaban fuerte.

La gran batalla, ganada hace ya nueve años con los ambientes libres de tabaco, toma gran dimensión en una Argentina en la que mueren 40 mil personas por año a causa del humo -6 mil de las cuales no fuman- y el gasto en hospitales públicos representa alrededor del 12% del presupuesto del Ministerio de Salud.

En síntesis, en el Día Internacional del Aire Puro hay que celebrar el cambio cultural por el que los argentinos decidieron apostar en los últimos años. Y también felicitar a los verdaderos protagonistas de esta historia, que son los ciudadanos que vienen ejerciendo el control social sobre la norma.

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