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Guillermo Martínez, ganador del primer Premio de Cuento Gabriel García Márquez

Por su libro Una felicidad repulsiva, el argentino obtuvo en Bogotá los 100.000 dólares de este nuevo reconocimiento para autores hispanoamericanos
Natalia Blanc
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22 de noviembre de 2014  

"La felicidad es como el arco iris, no se ve nunca sobre la casa propia, sino sólo sobre la ajena", dice uno de los personajes del cuento "Una felicidad repulsiva", que da título al último libro de Guillermo Martínez. Ayer, el escritor argentino pudo ver el arco iris proyectado sobre su propia obra al obtener el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, dotado de cien mil dólares.

En la primera edición del certamen impulsado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, con el apoyo del Instituto Cervantes de España, participaron 123 libros en español publicados en 2013. Feliz y emocionado, Martínez recibió el galardón de manos del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, en un acto realizado en Bogotá, donde destacó la iniciativa de rendirle homenaje a García Márquez por sus cuentos.

En diálogo telefónico con LA NACION, el autor de Crímenes imperceptibles (novela que fue llevada al cine en Hollywood, adaptada y dirigida por el español Álex de la Iglesia) resaltó dos conceptos vinculados con el premio: "Por un lado, la extraordinaria idea de reconocer a Gabo como cuentista. También, que los libros de los cinco finalistas lleguen a las bibliotecas públicas colombianas, ya que el Ministerio de Cultura de aquel país anunció que comprará 1400 ejemplares de cada título. Celebro que el concurso tenga una faceta educativa que busque difundir el género entre los estudiantes de todas las edades. Me gustaría que en la Argentina también se apoyara de esta manera a los autores de cuentos; que existiera un premio Jorge Luis Borges, en honor al gran cuentista nacional".

El jurado, que estuvo integrado por la española Cristina Fernández Cubas, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya, el mexicano Ignacio Padilla, el argentino Mempo Giardinelli y el colombiano Antonio Caballero, eligió Una felicidad repulsiva por unanimidad. En el fallo, los escritores sostienen que en los once relatos que conforman el volumen "se destacan la unidad y solidez, la sutileza y el equilibrio, como características de la prosa, así como el dominio vigoroso del género. Este libro refleja, además, una mirada peculiar en la que el absurdo, el horror, lo fantástico y lo extraño que arranca de lo cotidiano son tratados con absoluta maestría".

Las demás obras finalistas fueron Las otras, de Carolina Bruck (Argentina); Anoche dormí en la montaña, de Héctor Manjarréz (México); Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas, de Óscar Sipán (España), y Mis documentos, de Alejandro Zambra (Chile).

Autor también de novelas como Acerca de Roderer y La muerta lenta de Luciana B., en 1988 ya había sido distinguido como cuentista al ganar el Premio del Fondo Nacional de las Artes en esa categoría por el libro Infierno grande. El cuento que da título al libro fue publicado en The New Yorker en 2009.

Durante la ceremonia, Martínez declaró que el cuento es "una pequeña reproducción de las formas de la literatura. Tiene una riqueza formal suficiente como para poder contener todos los temas literarios o filosóficos". La historia de "Una felicidad repulsiva" está centrada en una familia de tenistas (la familia M), a quien el narrador describe como "minuciosamente perfectos". A simple vista parecen tener una "felicidad serena, extendida, imperturbable, verdaderamente repulsiva". El protagonista se obsesiona con ese estado de felicidad perpetua y pasa su vida tratando de encontrar algo, por pequeño que sea, que le demuestre lo contrario.

Una pasión que se hereda

Doctor en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Buenos Aires y con un posgrado en Oxford (Gran Bretaña), Martínez es docente de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), y de la maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. En sus clases se propone transmitir a los alumnos la pasión por la literatura y la escritura, que heredó de su padre, fallecido recientemente.

"Él fue un gran lector y mi primer lector. Escribió cuentos que nunca publicó y me los daba a leer para que le diera mi opinión aún antes de que me dedicara profesionalmente a la escritura. Lamenté mucho que no haya llegado a verme ayer recibir el premio", contó

Nacido en Bahía Blanca, en 1962, desde que se instaló en Buenos Aires en 1985 para estudiar en la universidad mantuvo un continuo intercambio epistolar con su padre: el escritor le enviaba sus primeros escritos y, a vuelta de correo, recibía los comentarios y los textos propios del padre, quien fue su primer maestro de literatura.

Ahora, como maestro de nuevas generaciones de escritores, Martínez se preocupa por brindarles a sus alumnos algunas pistas para comenzar en la escritura de relatos breves: "Si bien yo no sigo esquemas cuando escribo cuentos (sólo lo hago con las novelas), les enseño a armarse un bosquejo, que comienza con algunas imágenes que sostengan la idea inicial. Luego, les digo que piensen cómo se desarrollaría esa idea básica, que piensen toda la secuencia, escena por escena. Es un plan para iniciados, una especie de brújula para no perderse en el mar de letras".

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