Desesperado esfuerzo de Rajoy para limpiar la imagen corrupta de España

En una presentación ante el Congreso, minimizó los escándalos políticos que se acumularon en los últimos años; dijo que el soborno no es una práctica generalizada
Martín Rodríguez Yebra
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28 de noviembre de 2014  

MADRID.- A Mariano Rajoy le tocó un pésimo día para presentarse como un abanderado en la lucha anticorrupción.

El presidente del gobierno español preparaba desde hacía semanas la presentación ante el Congreso de un plan de "regeneración política" para aplacar la indignación ciudadana a raíz de los escándalos judiciales que dinamitan su gestión.

Pero el momento de dar la cara le llegó justo unas horas después de tener que forzar la renuncia de su ministra de Salud, Ana Mato, por su vinculación con una trama de empresarios acusados de amañar contratos públicos con administraciones del Partido Popular (PP).

Incómodo y todo, Rajoy avanzó ayer en su intento de limpiar la imagen de país corrupto que se ganó España en los últimos años a raíz de una inusual acumulación de políticos bajo investigación.

"España no está corrompida. No existe la corrupción generalizada. Se empieza así y se acaba atacando el sistema. Eso beneficia a los salvapatrias de la escoba", enfatizó en su discurso, en una alusión que remitió al auge del partido Podemos y de su líder, Pablo Iglesias.

Según Rajoy, que se hable tanto de la corrupción constituye "un problema muy peligroso que desacredita a España en el exterior" y crea "un clima a veces irrespirable". Dijo que comprende "la indignación" de la gente, pero afirmó: "La mayoría de nuestros funcionarios son personas honestas. Cincuenta implicados no desacreditan a toda la profesión".

Pretendía hablar de medidas, pero su comparecencia se convirtió en un ensayo de juicio político a cargo de la oposición, que le exigió responsabilidades por los escándalos en el PP, que él preside desde 2003.

"Ni usted ni su partido están capacitados para liderar estas reformas. Si quedaban dudas, basta con leer el auto judicial de ayer", le espetó Pedro Sánchez, líder del socialismo. Se refería al escrito que tumbó a Mato y en el que el juez Pablo Ruz envió a juicio a 45 personas involucradas en el caso Gürtel, una trama corrupta que pagó coimas a políticos del PP a cambio de negocios públicos.

Mato no está imputada, pero el instructor consideró que se había beneficiado con viajes y regalos que los cerebros de Gürtel le hicieron a su ex marido Jesús Sepúlveda cuando era el alcalde de Pozuelo de Alarcón (un suburbio rico al oeste de Madrid).

"¿Quién va a ser responsable de que el PP haya lucrado con la trama Gürtel?", gritó el secretario general de Izquierda Unida (IU), Cayo Lara.

El intento de Rajoy de mostrarse activo en materia de transparencia y regeneración ocurre tras un octubre negro, en el que la opinión pública fue sacudida por investigaciones contra funcionarios, en especial del PP. Primero fue la revelación de que los directivos políticos de Bankia tenían "tarjetas negras" para costearse lujos privados en los días en que esa entidad financiera amenazaba con arrastrar a la quiebra a España. Después, la llamada "Operación Púnica", que llevó a la cárcel a una decena de alcaldes sospechosos de arreglar contratos a cambio de coimas.

Rajoy soporta la carga de Gürtel y el descubrimiento de sobresueldos en la cúpula del PP (incluido él mismo) que confirmó el ex tesorero Luis Bárcenas, preso desde hace un año y medio. Las encuestas de opinión pública revelan que la corrupción es el tema que más preocupa a los españoles después del desempleo. A principios de este mes quedó en evidencia también que esa indignación da aire a Podemos, que pasó a liderar todos de los sondeos de intención de votos, y hunde al PP.

El plan con el que Rajoy intentó retomar la iniciativa incluye una reforma de la ley de financiamiento de los partidos políticos para limitar y fiscalizar mejor los aportes privados a la política, y cambios en el Código Penal para aumentar los castigos a funcionarios que cometan delitos. Son versiones apenas retocadas de proyectos ya presentados hace un año por el PP y que estaban estancados en el Congreso.

Los opositores se negaron a avalar el "pacto de transparencia" que les propuso Rajoy y lo forzaron a hablar de la corrupción gubernamental.

El presidente atinó a defender a Mato. Dijo que la ahora ex ministra "ignoraba la comisión de delitos", pero no explicó por qué entonces le había aceptado la renuncia. Admitió que el PP sufrió "problemas serios" vinculados a delitos penales, pero se atribuyó haber impulsado investigaciones judiciales para dilucidarlos.

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