Uruguay, donde las elecciones no generan turbulencias

El rumbo económico y político no suele sufrir cambios bruscos
Ramiro Pellet Lastra
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29 de noviembre de 2014  

MONTEVIDEO.- Si no fuera una frase trillada, se diría que en Uruguay las elecciones se viven como una fiesta de la democracia. Será por la certeza de que una vez pasado el ballottage que mañana definen Tabaré Vázquez y Luis Lacalle Pou, y que tiene como favorito indiscutible al candidato oficialista, el país no cambiará mucho de rumbo.

Ni en la calle, ni en los medios, ni en las casas o comités se advierte un ánimo de "ir por todo", ni de soltar el globo de "Tabaré eterno". Y menos se asoma la insaciable manía argentina de refundar a toda costa el país. Por algo los uruguayos aprendieron en la escuela que el país ya se fundó una vez, y con eso basta, allá por julio de 1830.

Tampoco en la primera vuelta del 26 de octubre, cuando había más tensiones y Lacalle Pou se creía con más chances que ahora de disputarle la gloria a Tabaré, se veía un ambiente a todo o nada, un duelo a muerte para aniquilar al adversario o, más bien, al enemigo.

"En Uruguay se da un diálogo fluido entre las distintas fuerzas. Con los cambios de gobierno hay más continuidades que discontinuidades. Desde los partidos tradicionales se pasó al Frente Amplio (FA) en 2005 y no significó una ruptura. Hubo cambios, sí, pero fueron cambios de énfasis. Se enfatizó más lo social y lo sindical que lo económico", dijo a LA NACION el analista político Juan Carlos Doyenart.

"Eso hace más fácil la convivencia, que es lo que le genera a Uruguay una mayor credibilidad en el exterior. El inversor, una de las primeras cosas que mira de una sociedad, es la estabilidad política, las continuidades. Al que invierte a mediano plazo no le gusta que con cada cambio de gobierno le modifiquen las reglas de juego", agregó.

Y así fue como durante la última década llovieron inversiones extranjeras del lado oriental del río Uruguay, y llegaron por goteo a la otra orilla.

La calificadora Standard & Poor's indicó hace dos semanas que en Uruguay hay muchas más certezas sobre la política económica que aplicará después del ballottage, basada en un enfoque pragmático que la mantiene en crecimiento, de lo que se espera en la Argentina para las elecciones de 2015.

¿Será que desde las bases se cultiva la tolerancia? Jessica, una militante del FA de 24 años que atiende un stand en una vereda del centro de Montevideo, dice que en la primera vuelta estaba en otra plaza y ahí compartían el mate con sus colegas blancos (del Partido Nacional), que estaban en la mesa de al lado, cada uno con su toldo para protegerse del sol. Bastaban la buena voluntad y el clásico termo bajo el brazo.

"Para qué nos vamos a pelear, somos todos militantes. Yo te cuento mis propuestas que creo que van a traer beneficios, pero si no te convencen podés ir a otro partido. Todos los partidos tienen equivocaciones, ninguno se las sabe todas", dijo Jessica a LA NACION-.

Claro que en la Argentina muchos podrían decir sueltos de cuerpo que el analista Doyenart, Standard & Poor's y esta chica que promueve su partido sin fanatismos son todos funcionales a los fondos buitre, los medios hegemónicos o la derecha de los 90, a la que no hay que volver. Otra diferencia: en Uruguay nadie diría semejante disparate, salvo grupos muy extremos y reducidos que promueven, encima poco convencidos, un estatismo a ultranza.

Claro que las relaciones entre los partidos no es idílica, ya que la oposición le echó en cara al gobierno durante la campaña electoral su posición dominante en el Parlamento, donde tiene mayoría desde hace diez años.

Y la vida tampoco es fácil dentro del FA, que congrega a una multitud de fuerzas que va desde ex guerrilleros, como el presidente José Mujica, hasta comunistas, socialistas e independientes de izquierda. Si bien levantan la misma bandera blanca, roja y azul, todos se suelen pelear entre sí por diferencias ideológicas, en un remolino que hace acordar a los galos de la aldea de Astérix.

También existe el riesgo de deslizarse hacia un populismo con visos hegemónicos, como denunció el ex presidente Julio María Sanguinetti, para quien el FA se estaría "peronizando". Aclaró que se refería al "primer peronismo autoritario", y no necesariamente a alguna de las tantas versiones a la carta en la Argentina actual.

Sanguinetti funda su alarma en la decisión del gobierno de votar una ley de medios a mediados del mes próximo, que intenta regular los contenidos de la televisión -y a la que la oposición y la opinión pública deberán estar atentas-, y en las insistentes voces de referentes del oficialismo para introducir cambios a la Constitución.

Claro está, hay mañas que pasan en las mejores familias, sean argentinas o uruguayas, y en cualquier circunstancia que tenga que ver con la vida pública.

Lo cuenta Alejandro, encargado de un restaurante en la capital uruguaya, pero oriundo del departamento de Durazno, en el centro del país.

"Este año hubo inundaciones en Durazno y los políticos brillaron por su ausencia -recuerda-. Quienes se ocuparon fueron las fuerzas armadas y las donaciones de la gente. Después sí, fueron los políticos a dar apoyo moral."

Lo interesante, en todo caso, es que nadie quiso refundar Durazno, que a veces es peor que dejar que se inunde.

La lluvia podría demorar el escrutinio

  • El escrutinio primario de los votos del ballottage en Uruguay, mañana, será "más rápido y efectivo" que el de la primera vuelta del 26 de octubre, y se espera que esté completado a lo largo de la madrugada, aunque dependerá de los factores climáticos, informó ayer la Corte Electoral local.
  • "Esperamos que en la madrugada se completen los porcentajes necesarios, siempre y cuando todo se desarrolle con normalidad, porque se anuncian lluvias que podrían incidir en el traslado de actas en algunos departamentos", dijo el vicepresidente del organismo, Wilfredo Penco.

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