Tras años de avances, Uruguay espera un salto a la modernidad

Ramiro Pellet Lastra
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1 de diciembre de 2014  

MONTEVIDEO.- ¿Con cuál Uruguay habrá que quedarse? ¿Con el que habla de una economía en crecimiento sostenido, de inversiones y reservas, de inflación razonable y bajo desempleo? ¿O el de la educación en falta, la inseguridad en rojo, la infraestructura en llanta?

¿El que bajó la pobreza del 40% al 11% en los últimos doce años o el de las miles de familias que viven en asentamientos suburbanos? ¿El de la marihuana libre en las farmacias o el de la pasta base en los "cantegriles"?

Tabaré Vázquez no tendrá la chance de elegir, como hacen la gente de la calle, los analistas y militantes cuando polemizan sobre el futuro del país. Porque se trata de las dos caras de un Uruguay con muchos logros, pero, quizás él lo sepa como pocos, con deudas impostergables.

Tabaré y Lacalle Pou señalaron casi las mismas cosas en esta campaña electoral, lo bueno y lo malo, sólo que, naturalmente, cada cual subrayaba los ítems del listado que más favorecían su discurso.

Una encuesta de la firma Opción Consultores entre 199 referentes de los medios, la economía, la política y los sindicatos, entre otros, señaló que la prioridad del gobierno debe ser la estabilidad económica. Quedó claro entre esos referentes que si se sale de esa huella -como suelen olvidar sectores del oficialismo- no hay crecimiento ni política social.

De modo que el primer desafío de Tabaré será mantener la estabilidad, para lo que contará con el contador Danilo Astori, más amigo de los números que de las ideas de la extrema izquierda y columna vertebral de la economía uruguaya en estos diez años de gobiernos frentistas. Con él al mando, es difícil que haya un "giro a la izquierda" que haga todavía más difícil el camino al desarrollo.

"¿Giro a la izquierda? Nadie es suicida, los giros hacia la izquierda que piden sectores minoritarios del Frente, avanzar hacia el socialismo, el socialismo del siglo XXI, no son viables en Uruguay. Los principales dirigentes del Frente lo saben. Lo sabe claramente Mujica, lo sabe claramente Tabaré Vázquez, ni qué hablar de Danilo Astori", dijo a la nacion el politólogo Juan Carlos Doyenart.

Sociedad

Pepe Mujica, que asumirá en el Senado cuando deje la presidencia, será el hombre fuerte del Parlamento y la llave para cualquier política que quiera emprender Tabaré (ver Pág. 4). El Frente obtuvo la mayoría en ambas cámaras, y el MPP, su sector político, es el más numeroso de la coalición oficialista. Su poder será notable.

"No importa cuántos votos haya sacado, Tabaré Vázquez va a tener que negociar con Mujica porque Mujica también tuvo una enorme votación", dijo el politólogo Álvaro Garcé.

Uno y otro deberán acordar y calmar a los sectores más radicalizados. Tabaré a su vez prometió abrir más el juego a la oposición para el diseño de políticas públicas, lo que aún está por verse.

De todos modos, según Garcé, incluso en minoría la oposición suele marcar cancha, presionar y denunciar, y no se conforma con ser mera comparsa.

En este contexto de juegos de poder, de urgencias, reclamos y proclamas, la expectativa es atender las necesidades de la sociedad; la gestión, como suele decirse. ¿Además de la piedra basal de la estabilidad económica, de no arreglar lo que no está roto, qué más se espera del nuevo gobierno de Tabaré? Mucho, desde luego.

La infraestructura amenaza con convertirse, por su actual insuficiencia, en un cuello de botella para el crecimiento, las exportaciones y el llamado costo país. Ni caminos ni vías férreas ni puertos dignos de ese nombre para una economía moderna se asoman todavía en el paisaje ondulado del rico territorio uruguayo.

El nivel de la educación -otro cuello de botella, que frena la innovación y la capacidad productiva- está atrapado en el bajo rendimiento, con carencias básicas en lenguaje y matemáticas. Los votantes más fervorosos del oficialismo reconocen esta falta en un rubro del que Uruguay, no hace tanto, era uno de los reyes y hoy pasó a ser uno más. Tabaré deberá lidiar aquí con aguerridos sindicatos más rápidos para llamar a la huelga que para aceptar innovaciones.

La inseguridad pública, que en diez años creció, por tomar un solo rubro, de 7000 a 20.000 robos por año, es otro elemento hasta ahora inabordable para el Frente Amplio. O la creciente burocracia estatal.

Desde luego, no hay que olvidar las relaciones con la Argentina. Ni Tabaré Vázquez, en su primer gobierno, ni José Mujica, en el que termina, lograron sacarle la ficha a su vecino de la otra orilla, que los perjudicó en el comercio, el transporte y la diplomacia. Un enigma, un laberinto, un dolor de cabeza que ni siquiera un médico como él puede aliviar fácilmente.

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