Cristina buscará limar asperezas, pero los fantasmas permanecen

Admiten que no será fácil recomponer la relación; Scioli y Binner hacen campaña
Martín Dinatale
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2 de diciembre de 2014  

El triunfo de Tabaré Vázquez en Uruguay tendrá en la Argentina una doble lectura temporal: por un lado, implicará en lo inmediato una redefinición del espanoso vínculo con Buenos Aires y, por otra parte, intentará establecer una eventual apoyatura electoral de algunos candidatos presidenciales de cara a las elecciones de 2015.

En lo formal, Cristina Kirchner llamó a Tabaré para felicitarlo por la victoria y hablaron de una inminente visita del presidente electo uruguayo. La Presidenta se encargó de difundir en la página web de la Casa Rosada y en su Twitter el gesto hacia Tabaré, quizá como una forma de borrar de un plumazo el histórico vínculo de tensión que tuvo cuando el médico fue presidente.

Desde la Casa Rosada expresaron ayer a LA NACION que en lo que resta del mandato de Cristina Kirchner se buscará mejorar el vínculo con Uruguay y se tratará de evitar un choque con Tabaré. Pero el fantasma del conflicto por la pastera de Fray Bentos y la puja judicial que Tabaré y Néstor Kirchner entablaron en su momento en el tribunal internacional de La Haya permanecen en el imaginario de cada uno de los funcionarios y allegados que rodean a Cristina y Tabaré. "No será sencillo romper con una historia plagada de desencuentros" se sinceró un funcionario del Gobierno.

En este sentido, el embajador de Uruguay en la Argentina, Guillermo Pomi, admitió a LA NACION que la relación de Uruguay y la Argentina "está llena de conflictos". Pero remarcó que en lo inmediato la mayor apuesta de Tabaré y de Cristina Kirchner será "generar confianza y apuntalar aún más la integración regional entre ambos países".

Será una tarea ardua. El presidente José Mujica intentó por la vía del diálogo resolver varios de los conflictos que Montevideo tuvo con Buenos Aires. Pero quedaron en la agenda muchos puntos sin resolver: el conflicto por la pastera, las obras de dragado del río Uruguay, las trabas comerciales que impuso la Argentina y el conflicto por el uso de la hidrovía, entre otros temas.

"Hay muchos desafíos por delante que esperamos superar", dijo el embajador Pomi, que es un hombre de extrema confianza de Mujica y que trabajó duramente en los últimos años por establecer un mayor acercamiento con la Casa Rosada.

Con vistas al futuro electoral que se avecina en 2015, el triunfo de Tabaré mostró que habrá en la próxima campaña electoral argentina dos vertientes bien opuestas que buscarán apoyo en Montevideo. El precandidato oficialista Daniel Scioli viajó a Uruguay para saludar en persona a Tabaré. Fue todo un gesto político que esconde una firme estrategia electoral del gobernador bonaerense: la intención de sugerir al electorado que la continuidad de un color político en el poder como en los casos de Uruguay o Brasil también podría darse en la Argentina.

El armador de la reunión de Scioli con Tabaré fue precisamente un hombre que forma parte de la Casa Rosada y que conoce muy bien la política latinoamericana como es Rafael Follonier. La idea de continuidad en el poder con Tabaré o Dilma Rousseff será parte del cotillón electoral que se verá en la campaña de Scioli en 2015.

Desde el otro extermo político, el socialismo también buscará apoyo en la figura de Tabaré, pero por otros motivos. El precandidato presidencial de UNEN Hermes Binner también saludó al presidente electo de Uruguay y remarcó las coincidencias que tiene el Frente Amplio con el socialismo que él encarna desde la Argentina. "El socialismo tiene una relación histórica con el Frente Amplio de Uruguay. Acá no hay oportinismo sino confluencia de valores e ideas", dijo a LA NACION el diputado socialista Juan Carlos Zabalza.

Es probable que ahora Tabaré pase a ser un mito ajustable a la realidad de la Argentina que se viene.

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