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Chespirito y un adiós multitudinario

Se multiplican los homenajes al creador mexicano, que murió el viernes
Natalia Trzenko
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3 de diciembre de 2014  

Cuentan los que estaban ahí que adentro se cantaban canciones, que, como si fuera un rezo, los versos de aquel himno/jingle "Qué bonita vecindad", traspasaban las paredes del Panteón Francés en la Ciudad de México hasta alcanzar a aquellos fanáticos que no encuentran consuelo desde el viernes, cuando conocieron la noticia de la muerte de Roberto Gómez Bolaños. A esos que no les alcanzó el último domingo seguir el desfile del féretro por las calles del DF ni el televisado y multitudinario velorio organizado por Televisa en el estadio Azteca. Para esos que se criaron con los personajes creados e interpretados por Bolaños -Chespirito, para millones de niños y adultos de todo el continente- ningún homenaje estará a la altura de la leyenda, el autor y el hombre que les llenó la infancia de risas y de frases que de tan repetidas se enredaron en nuestro acervo popular. "Gracias por tantas risas", se leía en un cartel que sostenían un par de adolescentes anteayer en las inmediaciones del panteón al que sólo podían ingresar familiares y amigos, una ceremonia privada que contrastaba con el duelo colectivo que se repetía en los livings de todos.

Allí donde se recordaba al primer superhéroe modelado a imagen y semejanza de los latinoamericanos: el Chapulín Colorado no era alto, todo lo contrario en realidad; se tropezaba bastante y podía presumir de pocos músculos, y sin embargo tenía de a montones el humor que a los fortachones de Marvel y DC no les sobra. "¡Más ágil que una tortuga, más fuerte que un ratón, más noble que una lechuga, su escudo es un corazón!", vendía el locutor, y nosotros comprábamos todo y no había fiesta de disfraces en la que faltara un pequeño Chapulín con medias cancán coloradas y antenitas hechas en casa. Esas que más de uno debe de haber reconstruido de memoria el fin de semana para darse una vuelta por el Azteca tapizado de rojo y amarillo y de chicos grandes jugando a ser el huérfano de la puerta 8, llorando en serio después de tanto tiempo de hacerlo en broma para conseguir la torta de jamón que calmara el hambre. Símbolo y ofrenda que también apareció en los improvisados altares que anteayer custodiaron el último adiós del ídolo en el DF. Y se extendió a otros países del continente que hace más de cuarenta años estrenan generaciones de la mano de los personajes de Chespirito.

En Brasil, por ejemplo, el canal SBT, histórico hogar de El chavo del ocho y Chespirito que por exigencia del público sigue pasando las series como si fuera todavía 1971 -el año de su debut en la TV mexicana-, obtuvo su rating más alto en lo que va del año gracias a la transmisión de la despedida del domingo. Y "síganme los buenos".

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