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El valor del oficio

Estudios y ensayos de Annemarie Heinrich, realizados entre 1930 y 1950 y casi todos inéditos, se exhiben en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero
Daniel Merle
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5 de diciembre de 2014  

"Ahora me explico qué hacía mamá, levantada a esas horas de la noche", dice Ricardo Sanguinetti. Cuando él y su hermana, Alicia, se iban a la cama, su madre, Annemarie Heinrich, se quedaba tomando notas, archivando, llenando fichas. El hijo evoca esta imagen en un recinto de unos 200 metros cuadrados en el cual se exhiben álbumes de notas, copias de contacto, cámaras y una cantidad sorprendente de memorabilia que perteneció a la gran fotógrafa. Este espacio es sólo el prólogo de otra sala dedicada a la exposición Estrategias de la mirada: Annemarie Heinrich, inédita , curada por Diana Wechsler para el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Hace un año, gracias a un acuerdo firmado entre la universidad y Alicia y Ricardo Sanguinetti -también fotógrafos-, las investigadoras Cecilia Belej y Paula Hrycyk comenzaron a trabajar en un archivo con más de 16.000 fotografías que Heinrich produjo desde principios de los años 30 hasta 1995, diez años antes de su fallecimiento; cinco mil de esas tomas permanecen inéditas. La intención de este equipo supervisado Wechsler era poner en valor el trabajo de toda una vida, para ayudar a conservarlo y difundirlo. Contaron con el apoyo de Archivos de la British Library de Londres.

"En todo trabajo de investigación uno se encuentra con sorpresas -dice Wechsler-, con datos que estaban ocultos, material valioso intocado. Esta exposición es el resultado de un corte hecho sobre el archivo. El criterio fue muy selectivo. Decidimos no incluir nada del material por el cual Annemarie Heinrich es tan conocida. Aquí no hay fotos de celebrities más que en algunas de las páginas de sus álbumes de archivos o en la minuciosa descripción de sus procedimientos de fotomontaje. Nos concentramos en 1700 fotografías hechas en formato de 6 x 6; de este grupo seleccionamos más de cien tomas, que son las que se exponen aquí. De estas fotos, sólo el 10% ha sido expuesto en alguna oportunidad."

Es una revelación descubrir, al recorrer las inmaculadas paredes del Centro de Artes Visuales de esta sede de la Untref, la increíble variedad de intereses temáticos de Heinrich a lo largo de su vida profesional. Las series se suceden, ricas en matices tonales y una incesante búsqueda de la geometría o la anécdota costumbrista. Abstracciones es la primera y tal vez la más identificable con su estética. Reflejos en el agua, Pescadores, Cielos, Puentes, etc. Annemarie tuvo un ojo alerta para todo lo que pasó frente a su cámara: oficios ambulantes, campesinos, la arquitectura rural del norte argentino, la playa.

Es importante señalar que las copias para esta exposición fueron realizadas por su hijo Ricardo, impresor del trabajo de la artista en sus últimos años de producción. Este detalle es uno de los valores distintivos de esta muestra. Cuenta Alicia Sanguinetti: "Las fotos están copiadas como lo habría hecho mi madre, respetando incluso los encuadres originales", gracias a la copiosa documentación dejada por la artista.

"Ya no sabemos existir sin imaginarnos en una foto", cita Wechsler a Amelia Jones en su texto curatorial. Son cinco los autorretratos elegidos que presiden el recinto destinado a explicar el oficio de Annemarie; allí está la simiente que alimenta esta extraordinaria muestra. Ella lo puso a prueba en esas selfies de su época, una demostración de sensibilidad artística, dominio técnico y deseos de experimentación.

Hay un sexto autorretrato, de 1995, que es la última obra realizada por Annemarie, y ocupa el primer lugar en la sala principal de la exposición. Es un collage donde conviven fotos de su infancia con otras de su vida profesional. Asoma alguno de sus autorretratos con esfera (obra delicadamente analizada por Wechsler en el folleto editado para la ocasión). En el centro, y en un tamaño destacado aparece un retrato suyo de la primera infancia, partido y abierto en dos. Y en ese espacio asoma una porción de tierra reseca y cuarteada. Es el canto del cisne, mensaje de amor de esta fotógrafa alemana que decidió vivir, crear, y dejar su legado en la Argentina.

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