Un susto en los mercados, pero por hechos coyunturales

Luis Palma Cané
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10 de diciembre de 2014  

El lunes los mercados bursátiles globales sufrieron caídas generalizadas. Ayer, aunque en menor medida, se repitió el escenario negativo, provocando ciertas alertas acerca de un eventual cambio estructural en la tendencia positiva que se venía manifestando en los últimos meses.

Las preguntas que surgen son las siguientes: ¿se trata, efectivamente, del inicio de un eventual cambio estructural de tendencia o, por el contrario, lo sucedido ha sido motivado por factores coyunturales y, por lo tanto, se trataría sólo de un hecho meramente transitorio? ¿No habrá, además, factores estructurales que se han modificado y no han sido correctamente evaluados por analistas y operadores?

El primer tema que merece análisis, sin duda, es la fuerte baja que se ha producido en los últimos meses en el precio del petróleo, del orden del 40 por ciento. En especial, a partir de que la OPEP (la organización que reúne a los países productores y exportadores) decidió no disminuir la producción.

Esta abrupta caída de los precios ha sido evaluada por los mercados como la consecuencia de una disminución de la demanda global, generada por un menor crecimiento económico, especialmente de China, y -en consecuencia- ha sido un factor relevante en esa tendencia.

Sin embargo, a nuestro juicio, la pérdida de valor del llamado "oro negro" no ha sido en realidad consecuencia de un defecto de demanda, sino más bien de un exceso de oferta, motivado por el incremento de producción de hidrocarburos no convencionales; por lo tanto, el efecto debería ser el inverso: mayor crecimiento por baja de costos energéticos y aumento del ingreso disponible de los consumidores en los países importadores netos de hidrocarburos.

En lo que hace a los factores coyunturales, está claro que en los últimos días de bajas generalizadas en los mercados se han producido -lamentablemente, en forma simultánea- hechos meramente puntuales, que sin duda han impactado negativamente en el "sentimiento" de los mercados.

Por razones de espacio, sólo mencionaremos aquí los principales: caída del 1,9 por ciento en el producto bruto interno (PBI) de Japón correspondiente al tercer trimestre del año; disminución interanual de las exportaciones alemanas del 4,8 por ciento; en China se está viendo una fuerte disminución del comercio exterior, con un crecimiento de sus exportaciones de sólo 4,7 por ciento y una caída del 6,7% en las importaciones.

A esto se suma una nueva regulación de las autoridades bancarias chinas que limita las garantías entregadas por el otorgamiento de préstamos sólo a bonos de "buena calidad" (hecho que llevará a cancelar créditos, ahora "mal garantizados", vía desarme de posiciones apalancadas de acciones).

En Europa se extiende el malestar político en Grecia, por el pedido de un voto parlamentario para la elección de un nuevo presidente, hecho que podría llevar al poder al partido Syriza, de izquierda radical, y que provocó una caída record del 13 por ciento en la Bolsa de Atenas.

Este escenario mundial repercutió, sin duda, sobre el mercado argentino. Sin embargo, en la Bolsa y en los bonos impactaron también las incertidumbres sobre el sector externo, la eventual negociación con los holdouts y la marcha general de la economía.

Finalmente, ¿se han modificado en algo en los "fundamentos" de la macroeconomía mundial vigentes hasta la semana pasada? Decididamente, no. En efecto, lo estructural de una economía no cambia de un día para el otro: el mundo -con sus más y sus menos- continuará creciendo a un ritmo no menor al 3,5 por ciento anual, con ganancias corporativas en general consolidadas.

En síntesis, al menos por ahora, las recientes bajas de los mercados sólo responden a factores coyunturales y , en principio, no cambiarían la tendencia positiva de los mismos a mediano plazo. En efecto, no ha habido cambio alguno en los fundamentos macro, mientras que el único cambio estructural que se ha producido últimamente -es decir, la baja del precio del petróleo- ha sido mal evaluado por los inversores.

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