La filósofa de las emociones políticas

La justicia global, el feminismo, la educación, la ética, la abolición de la injusticia social son algunos de los temas que aborda la voraz producción de Nussbaum
Cecilia Macón
(0)
12 de diciembre de 2014  

"Soy muy impaciente", admitió Martha Nussbaum alguna vez. Una de las consecuencias de este rasgo de la personalidad de la filósofa norteamericana puede ser su apabullante productividad: entre uno y dos libros por año. Otra, el gesto siempre al borde de la indignación con el que suele iniciar las respuestas a las objeciones. La confesión contenida en esa frase muestra también su aceptación de que la dimensión emocional no debe ser ocultada. Una de las más importantes y polémicas pensadoras de la actualidad, Nussbaum ha sabido construir una constelación de pensamiento que, aunque abarca cuestiones diversas, no pretende transformarse estrictamente en sistema filosófico. Envueltos en un tono único donde confluyen el estilo argumentativo de la filosofía analítica y la belleza provocativa del ensayo, sus escritos suelen arrastrar al lector a seguir leyendo vorazmente, sea a ella misma, a sus partidarios o a sus enemigos. La justicia global, el papel de las emociones en la vida pública, la ética helenística, el feminismo, la educación, la discapacidad, el multiculturalismo, los derechos de los animales, la tragedia griega, el patriotismo, la abolición de la injusticia social son algunos de los temas que recorre una producción sostenida siempre en una matriz liberal de raigambre rawlsiana donde el prójimo cumple un papel central.

Llamada por Camille Paglia "nuestra diva políticamente correcta", la autora de Emociones políticas es capaz de provocar entusiasmo e incomodidad en la misma frase. Su formación ecléctica es en parte responsable de cada uno de estos rasgos. De origen anglicano pero convertida al judaísmo tras su primer matrimonio, recibió su formación de grado en Teatro y Clásicas en la Universidad de Nueva York con el objetivo de transformarse en actriz profesional. En 1975 se doctoró en Filosofía en la Universidad de Harvard y se transformó después en la primera mujer junior fellow de ese centro de estudios. Su paso a la Universidad Brown y de allí a la de Chicago la encontró escribiendo regularmente para reafirmar el modo en que la filosofía puede ser una fuente para las políticas públicas. No una mera inspiración teórica, sino parte sustancial del modo en que se deben afrontar los problemas más urgentes. Así fue como junto al Premio Nobel en Economía Amartya Sen -su pareja en esos años- desarrolló la llamada doctrina de las capacidades, un modo de responder al requerimiento de justicia social, al margen de las matrices tradicionales de inspiración utilitarista. No se trata sólo de sugerencias sino que, además de la publicación de libros dedicados a la cuestión, como La calidad de vida (1993), Nussbaum se involucró fuertemente en el desarrollo de políticas sociales para el tercer mundo, con énfasis en aquellas que buscan revertir las desigualdades que afectan a las mujeres.

La impaciencia de Nussbaum se refleja también en el modo en que exige urgencia al campo filosófico. Ha cargado más de una vez contra el pensamiento posmoderno por considerarlo oscuro y mero legitimador del quietismo político. Más allá de las simplificaciones en las que ha incurrido en esa suerte de cruzada autoimpuesta -particularmente en su célebre artículo dedicado a Judith Butler, "La profesora de la parodia"-, volvió a poner en escena sus demandas de involucramiento político directo a los filósofos.

Nussbaum -Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2012- suele escribir extensos y brillantes argumentos que recurren a la literatura y a su propia vida privada, no como simple ejemplo de ciertas ideas, sino como razonamientos en sí mismos. Si bien en La fragilidad del bien (1986) -su primer libro- o en El conocimiento del amor (1990) ya había sugerido la necesidad de reflexionar sobre el papel de las emociones en la vida pública, fue con Paisajes del pensamiento en 2001 cuando comenzó a sistematizar su tesis de que las emociones tienen en sí mismas contenido cognitivo y que no deben ser consideradas en mera oposición a las razones. Así, en El ocultamiento de lo humano (2004) y en Emociones políticas (2013), desglosa el papel de la repugnancia, la vergüenza, el miedo, la compasión o el amor en ámbitos como la justicia o la constitución del patriotismo.

En un momento en que prima la visión instrumental de la enseñanza (incluso la creatividad es hoy un camino para una mejora en los balances de las empresas), Nussbaum ha desplegado, en El cultivo de la humanidad (1997) y Sin fines de lucro (2010), todo su arsenal para señalar la necesidad de revitalizar el papel de las humanidades en la educación. No porque de esa manera se gerencie mejor o se adquiera cierto estatus diferencial, sino porque el pensamiento crítico sobre el que se fundan es el camino necesario para una real capacitación de los ciudadanos en las democracias contemporáneas multiculturales.

Junto al filósofo y abogado Cass Sunstein -actual director de la Oficina de Información y Asuntos Regulatorios de la admistración de Obama- conformó hasta hace poco la llamada power couple de las estrellas académicas. No sólo publicaron en colaboración dos volúmenes sobre debates éticos, sino que se convirtieron en propulsores de políticas defensoras de los derechos de los animales. "Tuve una infancia muy privilegiada -dijo Nussbaum alguna vez- y es contra eso que me he estado rebelando." Y lo hace asumiendo todos los costos: críticas por su uso naïve de la literatura o por su tendencia al recetario filosófico y hasta una novela demoledora inspirada en su vida. Escucha siempre pero nada la detiene. Es que Martha también es maratonista.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.