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Creció la corrupción en la Argentina desde 1993

Según un informe internacional el país descendió del 15° al 35° puesto en un ranking de honestidad; Corach criticó el estudio: "Es injusto e irresponsable"
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5 de junio de 1996  

Para la comunidad internacional en la Argentina existe hoy más corrupción que en los años del último gobierno militar.

Según un estudio de Transparency International una organización no gubernamental integrada por académicos de 41 países la Argentina ocupa actualmente el puesto 35° en un ranking internacional de honestidad entre 54 naciones con una calificación de 3 41 puntos sobre 10.

Durante el período 1989-92 nuestro país promediaba 5 91 puntos ubicándose en la posición 15° y entre 1980 y 1985 tenía 4 94 puntos ocupando el lugar 22°.

En diálogo con nuestra corresponsal en Europa el coordinador del estudio el alemán Johann Graf Lambsdorf sostuvo que las razones de la percepción de una mayor corrupción guardan relación con "experiencias recogidas en carne propia por los empresarios internacionales vinculadas con pedidos de coimas" más que con la divulgación de los escándalos por la prensa.

Consultado el ministro del Interior Carlos Corach sobre el informe expresó que "es de manifiesta irresponsabilidad" su publicación y afirmó que el gobierno de Carlos Menem "ha dado la más formidable batalla para erradicar la corrupción estructural" que existía en la administración pública.

Visiblemente molesto Corach aseguró que "es injusto absurdo y arbitrario hablar de la Argentina en estos términos" y agregó que el Gobierno no había podido verificar la veracidad del informe al que calificó como de "liviandad absoluta".

El titular de la Auditoría General de la Nación Enrique Paixao negó que durante la época militar haya habido menos corrupción que ahora aunque reconoció que "no se aplican como se debe las leyes contra la corrupción".

La Argentina tiene mala fama en el exterior

Corrupción: según Transparency International el índice de honestidad refleja la imagen del país no significa que haya más funcionarios corruptos.

LONDRES.- A los ojos de los hombres de negocios la imagen de la Argentina se ha deteriorado notablemente en los últimos años. Pero esto no es lo peor. La mala fama parece ahora ser mayor que durante los peores años del gobierno militar.

Así lo afirmó en diálogo telefónico con La Nación el doctor Johann Graf Lambsdorf profesor de la Universidad de G”ttingen y coordinador del índice anual de percepciones de corrupción que acaba de publicar Transparency International.

"Lo que más nos llamó la atención en la compilación de las encuestas no es tanto que la Argentina se encuentre ahora en el puesto 35° de honestidad de un total de 54 países sino que su puntaje que había mejorado durante 1988-1992 ahora es inferior al registrado durante 1980-1985 es decir durante buena parte del régimen militar" dijo.

Esto quiere decir que la reputación de la Argentina al menos desde el punto de vista de la comunidad empresarial -subrayó- ha caído drásticamente".

Con sede en Berlín y en Washington Transparency International es una organización sin fines de lucro cuyo propósito es "hacer notar al gran público el daño cometido por los actos de corrupción desenmascarando de ser necesario a sus autores" y "promover la instauración de legislación que haga imposible su práctica". Fue fundada en 1993 por su actual director el alemán Peter Eigen (por años funcionario del Banco Mundial) a quien acompaña un heterogéneo grupo de académicos de 41 nacionalidades.

Su definición de corrupción es "el uso del poder público para el beneficio personal". Desde el año último publica un índice donde 54 países reciben un puntaje de 0 a 10 de "integridad".

Un "diez" significa que un país da la impresión de ser "totalmente limpio" mientras que un "cero" corresponde a una nación donde resulta imposible hacer transacciones porque está totalmente dominada por cohechos extorsiones y coimas.

"Pero lo que tiene que quedar claro es que nuestro trabajo no es el de determinar si un país es corrupto o no -señaló el doctor Graf Lambsdorff- ni colocarlo en una suerte de basurero del mundo especialmente cuando nos faltan unos 100 países por estudiar. El objetivo es dar a conocer la impresión que tienen de él quienes trabajan dentro de su territorio y fuera de él. Con esto quiero decir que es posible que los funcionarios argentinos de hoy no sean tan corruptos como los del régimen militar. El problema está en que la gente cree que es así."

¿Un mal endémico?

"La idea de que la corrupción es parte de la cultura de ciertas naciones es una falacia -puntualizó Graf Lambsdorff-. Más aún diría que es un pretexto que emplean muchos para no hacer nada. Nuestra firme convicción es que todas las sociedades rechazan este tipo de actividades y si prosperan en algunos sitios más que en otros no es porque se las tolere más sino porque se les da mejores condiciones de cultivo. La corrupción está siempre ligada al secretismo. Jamás prospera en un medio ambiente donde la transparencia es norma." En ese sentido Transparency International considera que es necesario penalizar el pago de sobornos y lo hace desde un país como Alemania donde las coimas cuando van dirigidas a ganar contratos en el exterior son aceptadas como "gasto operativo" de las empresas y son así pasibles de ser deducidas de los impuestos.

"Tenemos mucho por hacer aquí -admite el coordinador del índice- pero al menos este concepto desapareció en los Estados Unidos. Fue justamente por la presión del público que se aprobó hace ya dos décadas el Acta de Prácticas de Corrupción en el Exterior."

Corrupción en la Argentina: Estados Unidos se defiende

Visión: expertos norteamericanos creen que la reforma económica argentina corre como una liebre y la política como una tortuga.

WASHINGTON.- John Sweeney experto en política y en economía de la Fundación Heritage con sede en esta ciudad volvió impresionado de Buenos Aires en donde estuvo las dos últimas semanas: "Es increíble cómo la gente relaciona la apertura con la corrupción" comentó.

Lo que a Sweeney le llamó la atención es que a juzgar por la opinión de la calle ningún político fuera honesto. "No hablo de la clase media ni de la alta sino del taxista del mozo y del comerciante en general" exclamó.

Aquí en los Estados Unidos no existe al menos en público un corruptómetro oficial de los otros países pero ello no quita que la administración Clinton haya abierto el paraguas por iniciativa propia: creó en el Departamento de Comercio el denominado "Advocacy Center".

¿De qué se trata? De una oficina a la cual pueden recurrir los empresarios norteamericanos que participen de licitaciones públicas que se realicen en el exterior tanto para recabar información como para presentar denuncias sobre presuntas irregularidades según explicó ayer a La Nación una vocera gubernamental.

Su misión en caso de algún atisbo de corrupción consiste en establecer un contacto discreto entre funcionarios de idéntico rango de los Estados Unidos y del país involucrado de modo de aclarar los tantos y de evitar que se ocupe el titular del área con la trascendencia que ello supone.

"Las instituciones jurídicas y políticas están todavía muy débiles en la Argentina. Todo el mundo sabe que tal funcionario cobró tanto por haber hecho tal cosa pero nadie se indigna ni se preocupa demasiado" señaló.

De liebres y tortugas

De su lectura abonada por entrevistas con empresarios políticos sindicalistas jueces y demás fuerzas vivas surge una conclusión: "La reforma económica corrió como una liebre mientras que la reforma política como una tortuga. La gente entonces vincula muy fácilmente esta nueva etapa neoliberal con la corrupción ya que hasta los medios de comunicación difunden ahora noticias que antes no difundían" .

A juicio de Sweeney llevará tiempo hasta que la sociedad recobre la confianza salvo que los congresos y los gobiernos asuman el compromiso de combatir la corrupción. El broche es una anécdota: "Me dijeron que en la Argentina el mejor cargo en una gerencia de compras. ¿Sabés por qué? Porque es el área donde figura más dinero".

Por qué somos los peores de la clase

Si bien en el ranking mundial de corrupción quedamos en el 35° lugar para la opinión pública argentina podemos subir al podio.

En efecto según un sondeo realizado por el Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría la corrupción es el tercer problema más importante en la Argentina luego de la desocupación y los bajos salarios.

De inmediato surgen en la memoria temas que hicieron historia y que todavía siembran dudas.

  • En marzo de 1994 se denunciaron coimas en el PAMI y su titular Matilde Menéndez debió renunciar. Meses después el presidente Menem anunció su regreso en lo que se llamó "operación amnistía política" aunque actualmente permanece en el ostracismo.
  • Un año después en marzo de 1995 se descubrió una operación de venta de armas argentinas a Ecuador durante la guerra con Perú pese a que nuestro país era uno de los garantes de un tratado de paz entre ambos países. Hoy hay dos procesados pertenecientes a Fabricaciones Militares pero -pese a los severos cuestionamientos- el ministro de Defensa Oscar Camilión continúa en su cargo.
  • En junio del mismo año con el escándalo Banco Nación-IBM sale a la luz el pago de coimas para obtener una licitación causa en la que hay 30 procesados. . Más cercanas a nuestros días las acusaciones de enriquecimiento ilícito contra el ex-gobernador Eduardo Angeloz a quien el Senado se niega a desaforar pese a un pedido judicial en ese sentido y las denuncias en la Anses sobre jubilaciones fraudulentas nos impiden olvidarnos de la palabra corrupción.
  • El desenvolvimiento de los hechos nos lleva a pensar que por un tiempo seguiremos siendo "uno de los peores de la clase".

    "En la época militar ni se podía hablar"

    Matiz: periodistas de medios extranjeros relativizaron el informe sobre corrupción al señalar que hoy los medios "se ocupan mucho más del tema".

    Es otro punto de vista. Cuando se los consulta sobre corrupción en el país los corresponsales de medios de prensa extranjeros prefieren no detenerse tanto en si hay más o si hay menos.

    En rigor lo que más parece sorprenderlos es la reacción de los argentinos frente al fenómeno: "Se indignan mucho pero luego se resignan".

    Y también el tipo de corrupción que hay.

    "Ya no se trata de pagar una coima para conseguir un teléfono sino de poner en movimiento sumas de dinero mucho más importantes para torcer una licitación u obtener un negocio en el que se cruzan el sector estatal con el privado".

    En una primera instancia esa lectura parece alejar como comitente al ciudadano común y en cambio potencia al que tiene un mayor acceso a centros de decisión.

    Y el ejemplo que le viene de perillas para esa afirmación es la contratación del sistema de informática de de IBM por parte del Banco Nación". "Eso huele francamente mal. Y la gente lo sabe" apuntó más de uno.

    Más dinero

    Provienen de culturas diferentes todos llevan más de un año en la Argentina y sólo dos de los consultados accedieron a ser citados con nombre y apellido: Calvin Sims de The New York Times y Jonathan Friedland dice The Wall Street Journal.

    Y en rigor apuntaron varias ideas. Por un lado el hecho de que hoy en día se habla mucho más de corrupción que antes.

    "Decir que hoy la Argentina tiene más corrupción que en la época del gobierno es cuando menos confuso. Lo que ocurre es que en aquella época no se podía hablar de eso mientras que ahora hay una verdadera carrera en los medios de prensa por publicar notas de este tipo" dijo Frieland.

    Pero al mismo tiempo se admite que desde las privatizaciones y el proceso de estabilización económica en la Argentina ingresó mucho más dinero a la caza de nuevos negocios. "Y eso obviamente aumenta las posibilidades de alimentar corrupción" se apuntó.

    Condena social

    También hay coincidencia respecto de la condena social que genera el fenómeno. "Hoy es inadmisible" dijo Friedland.

    La contracara del asunto parece ser para ojos extranjeros una cierta resignación a convivir con el fenómeno.

    "Parece inadmisible la gente se enoja les resulta intolerable pero luego se resignan como quien reconoce que no hay nada que hacer" dijo Calvins Sims.

    Y a su juicio el mejor ejemplo es el hecho de que pese a la "gran cantidad de casos" que se publican en la prensa luego las cosas "quedan como si nada".

    Para el corresponsal de The New York Times lo más llamativo es que "ni el Congreso ni la Justicia" cierren casos en los que incluso se roza el poder político.

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