Murió el poeta y compositor Horacio Ferrer

El maestro Ferrer, recitando en 2011
El maestro Ferrer, recitando en 2011 Fuente: Archivo - Crédito: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Fue uno de los artistas que renovó las letras del tango y autor de la célebre "Balada para un loco" que se inmortalizó con la música de Astor Piazzolla
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21 de diciembre de 2014  • 19:51

El poeta, escritor y compositor Horacio Ferrer falleció hoy a los 81 años a raíz de una complicación cardíaca. El artista fue autor de algunas de las más memorables canciones musicalizadas por Astor Piazzolla y una de las piezas fundamentales en la renovación del tango argentino.

El deceso de Ferrer se produjo en el Sanatorio Güemes, en la ciudad de Buenos Aires. En sus últimos años, el artista se desempeñó como presidente de la Academia Nacional de Tango y vivió en el octavo piso del Hotel Alvear junto a su esposa Lucía Michelli. Allí habitaban un departamento con dos balcones desde donde veían gran parte de Buenos Aires al que le tenía especial afecto, según había contado a LA NACION hace un año y medio atrás.

Horacio Arturo Ferrer Ezcurra nació en Montevideo (Uruguay) el 2 de junio de 1933 y más tarde optó por la nacionalidad argentina.

El poeta, un cultor de la noche de Buenos Aires, escribió más de doscientas canciones y escribió varios libros de poesía e historia del tango. Ferrer alcanzó fama especialmente por los tangos realizados con Astor Piazzolla, como "Balada para un loco", incluida entre las 100 mejores canciones latinas de la historia.

Su trabajo con Piazzolla comenzó en 1967 cuando se radicó definitivamente en Buenos Aires. En 1968 estregó la operita María de Buenos Aires y ya en 1969 nació Balada para un loco, uno de los temas ícono del tango moderno que se instaló en el gusto popular.

Al mismo tiempo estrenó "Chiquilín de Bachín", a partir de un valsecito infantil al que Ferrer le aportó una letra inspirada en los niños de la calle que vendían flores en los restaurantes de la avenida Corrientes.

Ferrer creó en 1990 la Academia Nacional de Tango y contribuyó a difundir la cultura del tango en todo el mundo.

Con impecable sensibilidad estética, Ferrer se había referido a la muerte en su canción Balada para mi muerte:

Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,

que es la hora en que mueren los que saben morir.

Flotará en mi silencio la mufa perfumada

de aquel verso que nunca yo te supe decir.

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