Historias de niño: el día que Marcelo Gallardo se probó en River y casi se va sin jugar

Marcelo Gallardo
Marcelo Gallardo Fuente: LA NACION - Crédito: Sebastián Domenech
El actual técnico millonario estuvo a punto de irse del Monumental aquella tarde de noviembre de 1988, cansado de esperar; tuvo una corazonada y su vida cambió
Pablo Hacker
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23 de diciembre de 2014  • 08:28

Es parte de la familia, del círculo íntimo. Si como jugador ya había dejado una huella indeleble, sus primeros seis meses como técnico de River lo elevaron a ese olimpo en el que pocos están. Nadie que pase por el Monumental por estas horas puede evitar hablar de Marcelo Gallardo . Ayer, un Nº 10 exquisito, que de bien joven supo lo que era ganar con la banda roja en el pecho. Hoy, un exitoso técnico, quien tardó sólo un semestre en devolverle al club la gloria internacional, luego de 17 años, con la conquista de la Copa Sudamericana. Él había sido el enganche de la Supercopa 1997; ahora, es el cerebro que guía a un equipo que quiere seguir escribiendo su historia.

A los 38 años, Gallardo disfruta las mieles del éxito, se considera hombre de la casa, se identifica con la camiseta. Hace tiempo, cuando apenas era un niño en Merlo, donde nació un 18 de enero de 1976, el Muñeco era un pequeño al que no le gustaba el fútbol, que simpatizaba por San Lorenzo y que se divertía remontando barriletes, mientras sus amigos y primos querían llevarlo a jugar a la pelota.

"A mí no me gustaba el fútbol. Vivía enfrente de un potrero y yo estaba remontando barriletes. Un primo me jodía para llevarme a jugar y yo no quería. Un día fui. A los 3 minutos, me sacaron. No sabía dónde estaba parado. No quise ir nunca más. Después, a los 8, 9 años se me despertó de golpe la pasión por el fútbol. Una vez que empecé no largué más. Mi familia era toda futbolera. Notaba que los demás me veían condiciones", contaba Gallardo en una entrevista con ESPN, mientras se tomaba un descanso como DT, tras haber empezado en Nacional, de Uruguay.

De bien chico, a Gallardo no le gustaba el fútbol; simpatizaba por San Lorenzo y, en vez de jugar a la pelota, remontaba barriletes

Hubo un día en que todo cambió para Gallardo y que también el futuro podría haber sido otro para River, si no fuera por la corazonada del Muñeco. Un martes de noviembre de 1988, Marcelo fue por primera vez al Monumental. Lo llevó su padre Máximo, junto a dos amigos de Merlo. A ese pequeño habilodoso lo tenían visto del baby del club Nahuel, de Merlo, donde el hombre en cuestión mostraba su talento. Había prueba de jugadores en River para la pre-novena. Ochenta chicos soñaban ese día con vestir para siempre la banda.

La tarde se consumía, todos pasaban menos él. Gallardo tenía 12 años y estaba sentado contra el paredón que da a la Lugones. Miraba y miraba, nadie lo llamaba. "Estuve tres horas. Mis dos amigos ya estaban cambiados. Mi viejo me vino a buscar dos veces para irnos y yo le dije que esperáramos. Se estaba haciendo de noche, no tenía muchas chances. Me ve Gabriel Rodríguez (hoy, coordinador de las inferiores de River) y me dice ‘vení que me olvidé de vos’. Era el único que quedaba ahí sentado", recuerda el Muñeco.

Entonces, entró a la cancha y le tocó integrar el equipo de los chicos que ya jugaban en River. No le daban la pelota. Consultado por canchallena.com, Gabriel Rodríguez se acuerda de ese día: "A Marcelo nos lo habían recomendado. Lo hice esperar, había muchos chicos. Su padre Máximo se acercó dos veces para llevárselo. Gallardo le pidió quedarse y le tocó. Lo puse para los titulares y me pidió cambiar de equipo, porque no le pasaban el balón. Rápidamente, mostró sus cualidades y lo fichamos".

"A los 5 minutos, me paro al lado del técnico (Rodríguez) y le pido que me ponga en el otro equipo. Se me queda mirando y me pregunta por qué. ‘No me la pasan’, le contesté. Entonces, les dijo a los pibes que me la dieran. Agarré cuatro, cinco pelotas bien y me pidió que volviera", relata Gallardo en aquella nota con ESPN.

Para el Muñeco, no fue un día más y menos cuando le pidió a su padre esperar. "No soy de mirar para atrás, pero a veces pienso y no sé qué habría pasado si no tenía esa reacción, que sin dudas me marcó", le contó este año a El Gráfico. "Si me iba con mi viejo antes de ser probado, no sé si volvía a probarme en otro equipo".

Mariano Juan, compañero de categoría de Gallardo y quien luego llegó a Primera, también se probó ese día. "A todos nos costó quedar, él jugó 10 minutos y ya lo ficharon. Era un distinto, ganaba solo los partidos. Hacía mucha diferencia. Le dabas la pelota y descansabas. Era muy inteligente para la edad que tenía", le cuenta el ex campeón del mundo Sub 20 en 1995 a canchallena.com.

Fuente: Archivo

El debut del Muñeco fue al poco tiempo. "El primer torneo al que lo llevé fue en San Rafael, Mendoza, a los pocos días con las infantiles. Ahí, hizo su primer gol con la camiseta de River, que fue de taco, contra Sportivo Pedal", hace memoria Gabriel Rodríguez y lo describe: "Ya de chico era un jugador muy inteligente, habilidoso y con un panorama increíble de toda la cancha. Siempre digo que es el mejor jugador que vi. Era muy solidario y excelente compañero".

"Me acuerdo que salimos campeones en la cancha de Vélez contra Independiente, fue la figura del campeonato. Nos dirigía Martín Pando. Afuera, era callado, buena gente, muy familiero. Hasta el día de hoy, ves que le cuesta soltarse, porque es algo tímido. Cambia en la intimidad con los amigos. Se notaba que veía bien el fútbol dentro de la cancha y ahora logra llevarlo afuera como DT. Pero también se preparó mucho para ser técnico. Empezó rápido en Nacional. Cuando dejó Uruguay, viajó por Europa, vio entrenamientos. Es una persona que siempre quiere mejorar y se nota", opina Mariano Juan, con quien en la actualidad el Muñeco juega al tenis.

El camino de Gallardo en las inferiores de River fue a ritmo acelerado. Eran tiempos en los que viajaba asiduamente de Merlo a Núñez. A veces, se colaba en el tren y se ahorraba los 50 centavos para comerse una porción de pizza en la estación Liniers.

Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco

Tres años después de aquella tarde de noviembre, el Muñeco ya debutaba en Reserva, con sólo 15 años. Fue Alejandro Sabella, por entonces conductor de la tercera millonaria, quien le echó el ojo rápidamente. Un día lo fue a ver jugar cuando estaba en novena y quedó sorprendido. Al poco tiempo, un sábado de diciembre hubo otro quiebre. Marcelo se preparaba para un encuentro con la octava, cuando Pachorra se le apareció en el vestuario. "Sacate los botines, mañana vas al banco en Reserva", le dijo Sabella. El 14 de diciembre de 1991, Gallardo ingresaba en tercera en un partido ante Platense en la cancha de Indepediente. "Entré los últimos 15 minutos, la primera pelota que toqué tiré un caño contra la línea y casi hago un gol", se acuerda el Muñeco.

El 18 de abril de 1993, debutó en Primera. El 27 de julio de 2014 hizo su presentación oficial como técnico millonario en el triunfo por penales ante Ferro, tras un 0 a 0, en la Copa Argentina. Hoy, Gallardo es indiscutible. Aquella tarde de noviembre de 1988, todo pudo haber cambiado para él y para River.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

River, campeón de la Supercopa 1997

River, campeón de la Copa Sudamericana 2014

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