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"No me lo esperaba, me enteré por TV"

Luis Villalba, arzobispo emérito de Tucumán, uno de los nuevos cardenales
Mariano De Vedia
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5 de enero de 2015  

"No me lo esperaba. Me enteré mientras veía el Angelus del Papa por TV, como todos los domingos, a las ocho. Estaba tomando mate, me sorprendió totalmente." Con la sencillez que nunca abandonó durante su vida sacerdotal y sus 30 años como obispo, monseñor Luis Héctor Villalba relató a LA NACION cómo recibió su nombramiento como cardenal, dispuesto por su amigo y ex compañero de ruta Jorge Bergoglio. Desde junio de 2011 es arzobispo emérito de Tucumán, luego de conducir la arquidiócesis durante 12 años con el estilo propio de un pastor "con olor a oveja", prácticamente el mismo período que el arzobispo jesuita en Buenos Aires. Hoy, a los 80 años, vive con su hermana en Tucumán y está a cargo de la iglesia de la Santa Cruz, cerca del barrio Villa Luján, en una zona alejada del centro de la capital provincial.

"Estoy dedicado a la plena vida sacerdotal. Doy misa todos los días, confieso, enseñamos con 15 catequistas a 150 chicos, tenemos grupos de oración, Cáritas, como cualquier iglesia. Lo único que no hago son bautismos y matrimonios, que se celebran en las parroquias", contó Villalba durante un diálogo telefónico.

El papa argentino le otorgó la distinción, junto a otros 19 obispos, y el arzobispo emérito deberá viajar el mes próximo a Roma para participar del consistorio de cardenales. "Francisco le está dando a la Iglesia una tonalidad especial, con sus gestos, sus homilías. Quiere estar muy cerca de la gente y lo hace con sencillez, humildad y misericordia. Su estilo impresiona y cae bien", señaló, cuando se le pidió una impresión sobre los pasos del Papa para cambiar la mirada del mundo sobre la Iglesia.

No dejó de emocionarlo escuchar su nombramiento de boca del propio Bergoglio, al que acompañó en la conducción del Episcopado, como vicepresidente, entre 2005 y 2011. Infaltable ladero, Villalba se mantuvo a su lado con bajo perfil. Vivió de cerca los enfrentamientos con el kirchnerismo y como desde Tucumán alertó reiteradamente sobre la desnutrición infantil y el deterioro de la educación.

El nuevo cardenal viajó a Roma cuando Bergoglio fue elegido Papa. "Estuve en la misa de inicio de su pontificado y conversé con él en Santa Marta. Pero después nunca volví, ni hablé con él. Siempre traté de no molestarlo. Sigo sus escritos, sus intervenciones y rezo por él todos los días", confió el arzobispo. En noviembre pasado participó en la última asamblea plenaria del Episcopado, donde los obispos recibieron la comunicación de que el Papa no visitará la Argentina en julio de 2016, fecha en que la arquidiócesis de Tucumán celebrará un congreso eucarístico. "No viene por problemas de agenda. Pero no descartó que pueda venir en otra fecha."

Nacido en Buenos Aires en 1934, Villalba fue ordenado sacerdote en 1960. Dejó un especial recuerdo su actuación como párroco de Santa Rosa de Lima y es hijo espiritual del recordado obispo Vicente Zazpe, una figura emblemática de la Iglesia que abrazó la opción por los pobres y las enseñanzas del Concilio Vaticano, en las difíciles décadas del 60 y del 70. Siendo miembro de la Juventud de Estudiantes Católicos, se confesaba con él y llegó a ser vicepresidente del Episcopado, como Zazpe. En 1984 fue designado obispo auxiliar de Buenos Aires y en 1991 asumió como obispo de San Martín. Ocho años después fue promovido a arzobispo de Tucumán. Se retiró a los 77 años y lo sucedió monseñor Alfredo Zecca.

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