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Un laberinto de espejos: las dudas sobre el espionaje de EE.UU. en Cuba

Tras el acuerdo diplomático entre los dos gobiernos, sigue el misterio sobre la identidad del espía canjeado por La Habana a cambio de tres agentes cubanos que estaban retenidos
G. Garvin
J. Tamayo
P. Mazzei
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6 de enero de 2015  

MIAMI.- Han pasado más de dos semanas desde que la Casa Blanca anunció que canjearía tres agentes de inteligencia cubanos encarcelados por un "superespía" preso en una cárcel de La Habana, a quien Barack Obama llamó "uno de los más importantes agentes de inteligencia que Estados Unidos ha tenido jamás en Cuba". Sin embargo, desde el jubiloso anuncio del presidente norteamericano, sólo ha habido silencio.

No se dijo nada más del espía ni de los logros que alcanzó. Todos los que fueron liberados de la prisión como parte del acuerdo entre Washington y La Habana -los tres espías cubanos y el subcontratista de la Agencia de Desarrollo Internacional Alan Gross- aparecieron en televisión para hablar de forma exultante sobre su liberación.

Sin embargo, el espía de Wa-shington permaneció anónimo e incomunicado. El único hombre que parece encajar con el puñado de datos que dio la Casa Blanca acerca de la identidad del espía -Rolando Sarraff, ex teniente del Ministerio del Interior de Cuba, encarcelado desde su arresto en 1995- desapareció de la prisión donde estaba, y sus familiares no escucharon nada de él ni se les dijo cuál es su paradero.

El gobierno de Obama no confirmó el nombre de Sarraff y mucho menos por qué podría estar sin localizar.

No obstante, un hombre que afirma haber formado parte de la red de espías de Sarraff especula que existe una buena razón para su desaparición: que era un falso espía que le dio a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) información falsa o de poca importancia como parte de un plan de Cuba para perturbar a la inteligencia norteamericana.

"Actuaba por órdenes de Fidel Castro", afirma Bill Gaede, ingeniero argentino que dice haberle dado información a la CIA de Sarraff y de otros agentes cubanos de inteligencia. "No eran genuinos", añade.

Según Gaede, la CIA y el FBI sospecharon que Sarraff era un espía falso -un "colgado", en la jerga de la inteligencia- desde el principio, y nunca creyeron nada de lo que informó el grupo de espías. Funcionarios norteamericanos lo llaman un valioso agente ahora, solamente para que el canje entre Gross y los espías cubanos sea más digerible para los republicanos.

Sin embargo, la afirmación de Gaede es impugnada por otro miembro de la red de espías, José Cohen, ex teniente del Ministerio del Interior, que desertó de Cuba en 1994. "Bill Gaede no es una fuente [creíble]. Era un enemigo de Estados Unidos. Está al servicio de Cuba", dice Cohen, que en la actualidad vive en el sudoeste de Miami-Dade. "A mí me parece que Bill anda buscando publicidad. Se burla de la prensa, se burla del gobierno."

La acalorada guerra de palabras entre Gaede y Cohen es un ejemplo notable de por qué el negocio de la inteligencia a menudo se llama "el laberinto de espejos", donde separar la realidad de la ilusión es difícil y, a veces, imposible.

Un oficial de contrainteligencia del gobierno con quien el Miami Herald habló en 2009, cuando los rumores sobre las circunstancias de la salida de Cohen de Cuba comenzaron a circular, lo presentó como un desertor confiable que le dio importante información. Y un oficial retirado de la CIA que fue localizado la semana pasada confirmó que, en efecto, la agencia lo considera legítimo.

Sin embargo, Gaede grabó secretamente cintas de audio y video en las cuales agentes del FBI dicen justamente lo contrario. Y el simple hecho de que el FBI se interesara en Cohen sugiere que por lo menos algunos oficiales norteamericanos sospechaban de él.

Lo que es relativamente cierto es esto: Gaede, Cohen y Sarraff trabajaron juntos a mediados de los 90, pasándole información secreta de la inteligencia cubana en La Habana al FBI y a la CIA. Después, la red de espías se disolvió. Cohen escapó de Cuba, Sarraff fue encarcelado allí y Gaede pasó a vivir otras aventuras en el campo de espionaje.

Secretos o provocación

De lo que se trata es de saber qué secretos le dieron esos tres hombres a la inteligencia norteamericana, cuán valiosa era la información y si Washington pensaba que era genuina o una provocación castrista.

El personaje más desconcertante y paradójico es Gaede. "Mi vida ha sido, digamos, bastante interesante", dice en una conversación telefónica desde Alemania, donde vive exilado de su natal Argentina y del país que lo adoptó, Estados Unidos.

Gaede les dio a los agentes cubanos de inteligencia "valijas repletas" de secretos de la compañía americana donde trabajaba, AMD, que fabricaba chips para computadoras. Los cubanos estaban tan satisfechos con el material industrial que les entregaba Gaede que lo invitaron a visitar la isla. Cuando llegó, en 1992, se le asignó un teniente de la división industrial y científica del Ministerio del Interior como guía: José Cohen.

Según Gaede, el grupo incluía también al antiguo compañero de Cohen en la escuela secundaria Rolando Sarraff, un experto en grabaciones de audio del Ministerio del Interior.

Entre los secretos que el grupo debía proporcionar a Estados Unidos estaban, según Gaede, los nombres de varios espías y colaboradores cubanos. Cohen confirma que compartió secretos con Gaede, pero no discutió el contenido, excepto para decir que los nombres en la lista pudieron haber sido personas que la inteligencia cubana intentaba reclutar como espías en vez de agentes confirmados.

"La CIA y el FBI creyeron que todo esto lo administraba Fidel Castro", dice Gaede.

El FBI, al tratar de construir un caso penal, comunicó a Gaede que se mantuviera en contacto con Cohen.

"Finalmente, todo fue desvaneciéndose", dijo Gaede. Al sentirse hostigado por el FBI y traicionado por Cohen, Gaede huyó a la Argentina, donde vendió secretos a Irán y a China robados a su último empleador, Intel, incluyendo el diseño de su nuevo chip de computadora Pentium.

La inteligencia de la Argentina lo vio saliendo un día en 1994 de la embajada iraní en Buenos Aires, lo arrestó y se lo entregó a la CIA para que lo interrogaran. Pronto quedó expuesta su vida secreta.

Mientras, Cohen huyó en 1994 de La Habana en una balsa. Cohen dice poco sobre los detalles de esa fuga, aunque agrega que lo acompañó otro agente de la inteligencia cubana al que nunca se identificó públicamente y, según presume, vive bajo una identidad falsa con la ayuda del gobierno de Estados Unidos.

Cohen agrega que su defección llevó al gobierno cubano a desmantelar su antiguo departamento del Ministerio del Interior y a arrestar a su amigo Sarraff, quizás por la sospecha de que él también planeaba desertar, o quizás como una venganza mezquina. "A mí me parece que el gobierno cubano pensó: «No era sólo [Cohen]. Esto era una conspiración»", manifestó Cohen. "Querían dar una lección", agregó.

Cohen admite cierto asombro por la desaparición de Sarraff. De lo que está absolutamente seguro es de que Bill Gaede es un mentiroso malintencionado.

"Él ha dicho, por ejemplo, que yo era doble agente. Si todo eso fuera así, yo no estaría en este país, libre, viviendo durante 20 años. Por eso lo que dice Bill Gaede no tiene credibilidad. Los que conocen la información que yo entregué son la CIA y el FBI", señaló.

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