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Religión por mano propia

Fuente: Reuters
Héctor D'Amico
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8 de enero de 2015  • 10:22

Borges no estaba de acuerdo en amar al enemigo, como pide el Evangelio. Sostenía que no es una tarea para hombres, sino para ángeles. Los asesinatos cometidos en París contra periodistas y dibujantes de la revista Charlie Hebdo y las miserables razones que esgrimen los terroristas para explicar la masacre nos acercan, de modo impensado, a la posición de Borges.

La silenciosa marea de pancartas que se crece por estas horas, dentro y fuera de Francia, -" Je suis Charlie"- es una esperada respuesta emocional, un acercamiento instintivo ante el dolor del otro. Pero el atentado se lleva adelante en una sociedad que ha sido, primero, advertida, y luego, mutilada por un enemigo nada convencional, soterrado, que habla diferentes lenguas, habita diversos países y milita en el campo del fanatismo religioso. El grito de uno los asesinos mientras huye, " Vengamos al profeta Mahoma", es una síntesis, mejor dicho, toda una declaración de fe. Como lo es también el castigo que implica eliminar a doce personas, incluida la cúpula periodística del semanario Charlie Hebdo, para que se cumpla la prohibición del islam de representar la figura de Mahoma, aunque sea en forma positiva, y evitar en consecuencia que pueda dar lugar a la idolatría.

¿Es posible conciliar la Constitución de Francia con el Corán? ¿Cambiará el atentado la forma en que se convive en Francia con la población musulmana?

La guerra santa contra las caricaturas, cuyo origen se remonta a septiembre de 2005, cuando se publicaron doce dibujos satíricos sobre el profeta en el periódico danés Jyllands-Posten, ha sido descripta la mayoría de las veces como un atentado contra el periodismo. Sin duda lo es: impone la censura, la autocensura, sabotea la libre circulación de ideas y, en el caso específico de una decena de periodistas, escritores, ilustradores y dibujantes, radicados en Dinamarca, Holanda y Francia, los obligó a esconderse o abandonar sus proyectos editoriales para poner fin a las amenazas de muerte. El propio Charb, hasta ayer director y principal dibujante de Charlie Hebdo, vivió bajo custodia policial desde el primer atentado a la redacción hace tres años.

La escalada de violencia a causa de las caricaturas provocó hasta el momento más de doscientas víctimas fatales, la mayoría como consecuencia de choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria fueron incendiadas; las de Suecia y Chile resultaron también con graves daños. En Afganistán, ocho civiles murieron cuando miles de manifestantes fueron reprimidos en un ataque dirigido contra las bases militares y embajadas europeas. Ésta es la apretada hoja de ruta que precedió al sangriento atentado en pleno centro de París.

Con un estilo sarcástico, irreverente, "Charlie Hebdo" consiguió indignar no sólo a musulmanes, sino también a judíos y cristianos por igual. La enorme diferencia que provocaron las caricaturas en esas comunidades es la forma en que cada una expresaba su rechazo Una cosa son las redes sociales, Facebook, Twitter, otra es responder a balazos y hacerlo en nombre de un Dios. Los fanáticos, hay que recordar, sobre todo en horas como estas, no representan más que grupos minoritarios dentro de los movimientos islámicos.

En medio de la conmoción mundial que hoy tiene su epicentro en París, las preguntas que exigen respuestas siguen siendo las mismas.

¿Es posible conciliar la Constitución de Francia con el Corán? ¿Cuál es la estrategia de la Unión Europea para contrarrestar el peligro que implica la guerra contra el Estado Islámico en Irak y Siria? ¿Cambiará el atentado la forma en que se convive en Francia con la población musulmana?

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