Cuando a delinquir también se aprende en familia

Nelson Fernández
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11 de enero de 2015  

PUNTA DEL ESTE.- A la Policía de Maldonado le llamaron la atención algunas denuncias de robo en pleno centro de esa ciudad, capital del departamento de los principales balnearios uruguayos. Las cámaras de seguridad permitieron ver que dos niñas cometían los robos con cierta habilidad.

Pasaron los días, y un hombre llamado Pablo, de 35 años, fue detenido en el centro de esa ciudad por un incidente menor. En la comisaría, al revisar su teléfono móvil, encontraron fotos de las niñas que cometían robos.

Fueron a su casa, en la ciudad de San Carlos, y allí estaba su concubina, Gerónima, de 40 años, con las hijas de ésta, una de 11 y otra de 13 años. Las niñas confesaron a los policías que cometían los robos porque su madre y padrastro, que les habían indicado cómo hacerlo, las obligaban a cometer los hurtos.

Gerónima fue procesada por el delito de omisión de los deberes inherentes a la patria potestad. Su pareja, Pablo, por delito continuado de violencia privada y por delito continuado de hurto. Las niñas fueron derivadas a un hogar del Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay.

Una detención casual dejó al desnudo el operativo que esta pareja había armado para este verano: una particular escuela de hurtos.

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