En Sri Lanka, Francisco pidió no usar la religión para justificar la violencia

En su primer día en un país marcado por una guerra fratricida, el Papa llamó a la reconciliación y la paz; participó de un encuentro interreligioso con budistas, hindúes y musulmanes
Elisabetta Piqué
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14 de enero de 2015  

COLOMBO.- "Nunca se debe permitir que las creencias religiosas sean utilizadas para justificar la violencia y la guerra." Fue el llamado que el Papa volvió a reiterar ayer en Sri Lanka, vibrante país multiétnico y multirreligioso del sudeste asiático, que durante 30 años padeció una cruenta guerra civil y que es la primera etapa de su gira que lo llevará luego a Filipinas.

Ése fue también un mensaje dirigido a todo el mundo, aún espantado por la barbarie de la semana pasada en París, que creó alarma en todo el planeta y elevó a niveles máximos la alerta por posibles atentados contra Jorge Bergoglio, líder de la Iglesia Católica y abanderado de una cultura del diálogo y del encuentro.

"Tenemos que exigir a nuestras comunidades, con claridad y sin equívocos, que vivan plenamente los principios de la paz y la convivencia que se encuentran en cada religión, y denunciar los actos de violencia que se cometan", dijo el Pontífice, en otra frase también dirigida al mundo que marcó el primer día de su séptimo viaje internacional y segundo a Asia. En una imagen que hablaba por sí sola, el hábito blanco del obispo de Roma estaba envuelto en un manto naranja regalado por el monje hindú de etnia tamil con quien compartió un encuentro interreligioso sin precedentes, del que también participaron budistas, musulmanes y cristianos, las principales religiones de Sri Lanka.

La visita a este rincón lejano del mundo inmerso en el océano Índico comenzó por la mañana con una efervescente, atípica y colorida bienvenida en el aeropuerto.

Luego de ser recibido con los máximos honores -salvas de cañón, 40 elefantes engalanados, guirnaldas de flores, cánticos, tambores y bailes locales-, Francisco aclaró que el objetivo de su viaje, el segundo al continente asiático, era "fundamentalmente pastoral".

Dijo que venía a animar a la minoría católica de la isla, pero también a hablarles a todos sus habitantes que conocieron "los horrores" de un enfrentamiento civil, para llevarles un mensaje de reconciliación. La guerra que enfrentó durante 30 años a la mayoría cingalesa -budista- y a la minoría tamil -hindú-, que concluyó de forma cruenta en 2009, dejó más de 100.000 muertos y cicatrices abiertas. "No es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien, mediante el cultivo de las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz", dijo el Papa.

Allí lo escuchaba el flamante presidente Maithripala Sirisena, elegido el jueves pasado al derrotar inesperadamente al cuestionado presidente Mahinda Rajapaksa, en el poder desde 2005, acusado de corrupción, autoritarismo y nepotismo, que buscaba un tercer mandato.

Los periodistas locales hacían notar que, como un mantra, también en las anteriores visitas papales -de Pablo VI, en 1970, y de Juan Pablo II, en 1995-, los pontífices habían sido invitados por un mandatario, pero habían sido recibidos por otro.

Francisco subrayó en su discurso que "el proceso de reconciliación debe incluir también la búsqueda de la verdad, no con el fin de abrir viejas heridas, sino como un modo necesario para promover la justicia y la unidad". Pareció aludir así a un tema candente: el gobierno de Sri Lanka nunca autorizó a las Naciones Unidas investigar lo crímenes de guerra que supuestamente cometió, en 2009, el ejército para aplastar a la resistencia tamil, algo que podría cambiar con el nuevo mandatario.

Convencido de que "los creyentes de las diversas tradiciones religiosas tienen un papel esencial en el delicado proceso de reconciliación y reconstrucción", Francisco destacó que para que éste tenga éxito, "todos los miembros de la sociedad deben trabajar juntos; todos deben tener voz, todos deben sentirse libres de expresar sus inquietudes, sus necesidades, sus aspiraciones y sus temores".

"Pero lo más importante es que todos deben estar dispuestos a aceptarse mutuamente, a respetar las legítimas diferencias y a aprender a vivir como una única familia. Siempre que las personas se escuchan unos a otros con humildad y franqueza, sus valores y aspiraciones comunes se hacen más evidentes. La diversidad ya no se ve como una amenaza, sino como una fuente de enriquecimiento."

Conceptos parecidos reiteró por la tarde en el encuentro interreligioso del que participaron 600 monjes budistas, hindúes, musulmanes y cristianos. Allí, Francisco volvió a hablar de la importancia de un diálogo franco. "El Papa está muy contento por este encuentro interreligioso", dijo más tarde el padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, que destacó que fue un evento sin precedentes. Si bien hace 20 años Juan Pablo II buscó tener un encuentro interreligioso similar, eso no fue posible debido al rechazo de budistas, enojados por un escrito del papa polaco.

Hoy, segundo y último día en la "perla del océano Índico", el Papa celebrará una misa campal para canonizar a José Vaz, misionero indio que evangelizó la isla. Por la tarde, volará en helicóptero al santuario mariano de Madhu, en el norte del país, lugar símbolo de la guerra fratricida que ensangrentó a Sri Lanka. Otro gesto que habla por sí solo.

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