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Apenas faltan 281 días

Nicolás Dujovne
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18 de enero de 2015  

Estamos a 281 días de distancia de las elecciones presidenciales. Diez meses que se comparan con los 22 que faltaban cuando en enero de 2014 el Gobierno decidió devaluar la moneda.

El hecho de que el Gobierno no se suceda a sí mismo juega un rol relevante, ya que la planificación de la política económica se hará pensando únicamente en esos 281 días, sin importar cómo se repararán los daños en 2016. Por ello, a diferencia de 2014 cuando el Gobierno se sucedía durante el año siguiente, en 2015 la estabilidad de las reservas dejará de ser la variable central de la política económica. En vez de ello, el estímulo a la demanda organizará la toma de decisiones: hay que dejar un buen recuerdo en el bolsillo, aunque la página de policiales venga complicada.

Para estabilizar las reservas, en 2014 el Gobierno utilizó cuatro bloques de medidas: licuó los salarios reales, volvió más restrictiva la política monetaria al retirar mediante letras del Central la mayor parte de los pesos que emitió, "prohibió" algunas importaciones, y "puchereó" dólares aquí y allá. Con el cambio de objetivo en la política económica, el Gobierno probablemente dará vuelta la política de salarios reales, volverá algo más expansiva la política monetaria, soltará parcialmente las importaciones a partir de abril y continuará el "puchereo" de reservas, probablemente con un nuevo intento de canjear el Boden 2015.

Una pauta de aumento salarial para 2015 de 33%, equivalente a la de 2014, implicaría una suba inicial muy fuerte en los salarios reales tomando como punto de partida el ritmo de la inflación actual (26% anualizado en el IV trimestre). No debería sorprender entonces que el nivel de actividad pueda experimentar un rebote a partir del mes de abril, cuando empiecen a percibirse en el bolsillo los aumentos de salarios.

Pero para evitar que la expansión del consumo generada por la recuperación de los salarios reales se autodestruya por la inflación, el Gobierno deberá gradualmente comenzar a aflojar las restricciones a las importaciones junto al aumento de la demanda. Más consumo, más importaciones, menos reservas.

El otro componente del esquema de recuperación de los salarios reales vendrá dado por un tipo de cambio que seguirá moviéndose todo lo poco que el Central pueda, a la vez que el Gobierno, seguramente, intensificará la coerción y el alcance del programa Precios Cuidados. En un contexto hipotético de devaluación nominal del peso de 10% en el año y salarios subiendo 33%, la inflación podría situarse en 26% o menos. La represión inflacionaria en 2015 será cuantiosa: dólar fijo, tarifas congeladas y Precios Cuidados. Represión y acumulación de desequilibrios. En el plano del nivel de actividad, el cóctel de pérdida de competitividad y estímulo al consumo dará como un resultado una economía creciendo cerca de 0%, pero con un segundo y tercer trimestres en los que la economía se recuperará respecto a los trimestres previos.

El programa sólo se diferencia del après mois, le déluge que aplicó Hugo Chávez en Venezuela en 2012 en las magnitudes. En 2012, con miras a la elección de ese año, en un contexto de enorme déficit fiscal financiado con emisión de dinero, Venezuela abrió las importaciones, que crecieron desde US$ 47.000 millones en 2011 a US$ 59.000 millones en 2012, atrasó 20% el tipo de cambio real y con ello bajó la inflación desde 27% en 2011 a 20% en 2012. Al año siguiente, su sucesor, Nicolás Maduro, devaluó el bolívar desde 4,3 a 6,3 por dólar y debió soportar un aumento en la inflación desde 27 a 50 por ciento.

El esquema de despedida con consumo se basa en el supuesto de que el Gobierno es capaz de reinar en el mercado de cambios. Para que ello ocurra es condición necesaria que la brecha cambiaria se mantenga dentro de niveles tolerables y ello puede ocurrir, justamente, porque la "gestión" del Gobierno vence a fin de año. Así, la expectativa de una probable reunificación cambiaria por efectuarse dentro de unos doce meses podría actuar como "centro de gravedad" para el tipo de cambio paralelo.

Si bien esto podría anclar la brecha, por el mismo motivo el tipo de cambio oficial se encontraría bajo presión a lo largo del año: si el tipo de cambio paralelo tendría que estar "tranquilo" porque debería cotizar a no mucho más que ahora dentro de 12 meses, por el mismo motivo el tipo de cambio oficial debería estar presionado si va a cotizar a mucho más que ahora dentro de un año. Mientras las reservas alcancen la inconsistencia, podrá ser manejada. Son pocos meses.

La inconsistencia cambiaria será cada vez más grande en la medida que nos acerquemos al probable "salto" del tipo de cambio oficial, ya que generará alguna dificultad para el Gobierno en términos de la voluntad de los productores agrícolas de liquidar sus granos. Una solución parcial a este problema es bastante obvia: emitir muchos bonos dólar link a partir de abril, para darles la cobertura a los productores agropecuarios que les permita llevar sus granos de soja también a la unificación cambiaria del próximo verano. Esa solución puede funcionar para las grandes cerealeras, pero probablemente no tanto para el productor al que el Banco Nación le acaba de cortar las líneas de crédito. ¿Bonos del Gobierno que me cortó el crédito? Difícil. Así está planteado el escenario para el año que empieza. Veremos.

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