Un cuento de Bioy Casares expuesto con gran fervor

"Otra esperanza" (Argentina 1984) presentada por Cineastas Argentinos en el Complejo Tita Merello sala Delia Garcés. Libro: Adolfo Bioy Casares. Guión: Mercedes Frutos. Fotografía: Julio Lencina. Música: Edgardo Rudnitzky. Montaje: Julio Di Risio. Elenco: Pepe Soriano Héctor Bidonde Norma Ibarra Hugo Corban Constanza Maral Héctor Calori Jorge Ochoa Jesús Berenguer Ileana Monti Ernesto Torchia. Dirección: Mercedes Frutos. 100 minutos.Para mayores de 13 años.
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22 de febrero de 1996  

Largo calvario el de algunos directores por conseguir estrenar sus películas cuando éstas no alcanzan el nivel comercial cada día más competitivo. Es buen ejemplo "Otra esperanza" opera prima y única de Mercedes Frutos: fue rodada en 1984 y desde entonces con varios amagos en el camino procuró estrenarla sin suerte. Hoy gracias a las salas sólo para películas argentinas del Instituto del Cine se puede conocer la obra.

Es posible que la película carezca de alicientes comerciales pero Mercedes Frutos la directora manifiesta destreza para que su personalidad creadora no se oculte detrás de la inexperiencia de quien comienza.

Sobre un relato de Adolfo Bioy Casares Frutos modifica mínimamente el contenido pero impone sus ideas en la reescritura fílmica. Desde la consideración de la opera prima la realizadora no hace mal papel.

No es sencillo producir casi totalmente una película dirigir a los actores dominar la narración no desestimar el valor de las situaciones esenciales e imponer el propio pensamiento. Mercedes Frutos consigue este cometido.

El hospital descripto por Bioy fue reemplazado en el film por una usina generadora de electricidad. El contenido fantástico impuesto al cuento por el célebre escritor sufrió también un desplazamiento: la directora prefiere el costado social de la historia. El modo de la narración también pasó de la primera persona de la literatura a la enunciación en la tercera anónima del relato cinematográfico.

El tema es el trabajo la vida bajo la represión la muerte y una mirada de mujer comprensiva pero rebelde en el final. Sobre "Otra esperanza" -el film- la estudiosa de temas femeninos Elena Goity reconoce que "se inscribe en una línea claramente ficcional evita cuestionamientos políticos directos y mucho más cualquier consideración sexista".

Evocaciones

En el tiempo en que fue realizada la película (1984) el alzamiento último de los obreros encerrados en el subsuelo era leído como una violenta liberación de desaparecidos del régimen político anterior a 1983. El tiempo transcurrido le da al tema otros toques más bien relacionados con un descuido social en favor de los trabajadores.

Estas interpretaciones hablan bien de la película en la medida en que sus contenidos entendidos en su plasticidad mantienen vigencia más allá del tiempo en que fue producida.

La anécdota pone el acento en la casual y constante desaparición de los obreros de una fábrica al mismo tiempo que hay empleados sordomudos dedicados a transportar grandes barriles metálicos. Como se trata de una usina los patrones y sus científicos obtienen la energía eléctrica con crueles conexiones en el cuerpo de las víctimas.

Mercedes Frutos convierte la mínima madeja fantástica en una obra donde la pequeña epopeya de la liberación contra el tirano adquiere rasgos de subrayado y bienvenido academicismo.

Neorrealismo

La acción es presentada bajo la óptica del más severo neorrealismo; de ahí que el espectador va a quedar atrapado con el severo y consecuente retrato de habitantes del suburbio dentro de un boliche y durante las fiestas del carnaval. La cámara de Frutos recorre el espacio y sin situarse sobre ningún rostro en particular para no crear personajes innecesarios luego describe con objetividad sólo la interacción entre los seres que pueblan ese segmento.

Por oposición ya bien identificados los personajes y resueltos sus conflictos la última toma elige un extenso primer plano del rostro de la protagonista expectante y rabioso.

Pepe Soriano encarna al obrero que desestabiliza el sistema criminal desde su menuda ocupación. Construye su personaje con su habitual destreza confiriéndole la humanidad que el sacrificado individuo requiere.

Norma Ibarra ingresa con un rostro expresivo y Constanza Maral y Héctor Calori ponen la necesaria cuota de villanía a su desgraciada invención. La fotografía de Julio Lencina y la cámara de José Trela indagan en la nocturnal evocación de "Metrópolis" (1926 Fritz Lang) con imágenes de crudeza invernal.

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