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El laberinto del default

Un libro para tratar de entender las complejidades de la reestructuración de una deuda sin horizonte a la vista
Nicolás Dujovne
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23 de enero de 2015  

Probablemente no haya otro caso en el mundo como el del default de Argentina. Nuestro país se anotó en su haber el default soberano más grande del mundo en 2001 y apenas trece años, después de una reestructuración supuestamente exitosísima, entramos en un extraño default que el Gobierno niega y que convive con precios de los bonos impagos en niveles cercanos a sus máximos históricos. Para los argentinos, que discutimos la cuestión de la deuda y de la cláusula RUFO como si estuviésemos hablando de fútbol, era absolutamente necesario un libro como El default más tonto de la historia argentina.

El libro de Martín Kanenguiser tiene varios logros. Nos recuerda detalladamente los acontecimientos de los últimos quince años en relación con el devenir de la deuda, sus canjes, los actores que participaron en ella y sus motivaciones. Y a la vez, logra mostrar que los lugares comunes no sirven para responder los principales interrogantes acerca de cómo fue ese proceso. ¿Acaso sabía el lector que Bush y Aznar lo apoyaron y por qué?

En los primeros capítulos, se exponen los argumentos oficiales sobre los cuales se elaboró el canje de 2005 que dejó la inédita cantidad de 24% de los bonistas por fuera de la reestructuración. Si bien el Gobierno presentó en su momento la aceptación del primer canje (76%) como un logro, es difícil encontrar canjes globales que hayan conseguido adhesiones inferiores al 95%. Recién en 2010, con la reapertura del canje, la tasa de adhesión se elevó hasta el 92%, pero dejó afuera a un 8%, que hoy reclaman unos 20.000 millones de dólares, equivalentes a casi un 50% del monto nominal emitido para el 92% de los bonistas. El libro nos muestra la dualidad de haber tenido una oferta que valía poco para los tenedores de deuda en default y que le terminó costando mucho a la Argentina por varios motivos: la emisión de los "cupones vinculados al PBI" y la resolución de la cuestión de los holdouts.

Como en casi todos los aspectos de la política económica, con la deuda el Gobierno cometió el error de mezclar la política y sus objetivos cortoplacistas con una operación que requería de mucha calidad técnica y de diálogo, con expertos locales y con los acreedores. Como bien analiza El Default más tonto de la historia argentina, la inclusión de la cláusula RUFO y la Ley Cerrojo no formaron parte de ninguna reestructuración similar y fueron un ejemplo de políticas "a todo o nada" que esta vez se convirtieron en nada y que seguramente influyeron muy poco en la pobre aceptación del canje de 2005 pero que terminaron siendo costosísimas en 2014.

El 16 de junio de 2014 la Suprema Corte de los Estados Unidos evitó aceptar la apelación argentina y el 31 de julio, la Argentina entró en default. Kanenguiser nos trae testimonios legales valiosísimos, acerca de las opciones con que contaba el Gobierno para evitar el default. ¿Regía la cláusula RUFO para pagos ordenados por una sentencia? ¿Por qué el Gobierno no lanzó un canje para quitar la RUFO de los bonos reestructurados? En vez de ello, la Argentina se lanzó a una batalla contra molinos de viento, al llevar a la ONU una cuestión que fue resuelta por la comunidad financiera hace diez años. Los bonos soberanos se emiten ya desde hace tiempo con cláusulas de acción colectiva que impiden que una pequeña minoría bloquee una reestructuración. La inofensiva ofensiva diplomática nos recuerda que no importa que el problema ya esté resuelto: el relato no se mancha.

El default más tonto de la historia argentina

Martín Kanenguiser

Planeta

184 páginas$ 169

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