Santiago Del Moro: el show de la política

Cómo pasó de cubrir a la farándula a conducir el programa de tevé en el que todos los candidatos quieren estar
Emilse Pizarro
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25 de enero de 2015  

En mi vida incidió más Cris Morena que Martha Maffei."

En los años noventa, en Tres Algarrobos, un pequeño pueblo a poco más de 450 kilómetros de Buenos Aires, en la casa de los Del Moro, Santiago se fanatizaba con Jugate conmigo. El control remoto del televisor Grundig de 21 pulgadas sólo se usaba para prender, apagar, subir o bajar el volumen: al pueblo de 3500 habitantes –cinco veces menos que el barrio porteño Parque Chas– sólo llegaba la señal de un canal, el 12 de Trenque Lauquen.

Como en todo pueblo, en Tres Algarrobos se dormía la siesta y, como en todo pueblo, a esa hora se jugaba. A veces, el hijo de una maestra de historia y dueña de una tienda de ropa –"tuvo la primera minifalda que se vendió en Argentina, firmada por la mismísima Mary Quant, la creadora de la minifalda"– iba a robar mandarinas para luego comerlas en la pileta; otras, dormía. En esas siestas en la casa de la abuela Chola siempre había olor a café. Y llantos y ataúdes: sólo una pared lo separaba de la casa velatoria que había puesto su papá –antes hizo de todo, desde vender camisas en Buenos Aires hasta vivir en un cabaret y convertirse en jugador de póquer. "Fue un buscavidas", dice en su libro Intratable: mi vida y la tele minuto a minuto–.

Una tarde, ya un poco más grande, fue al boliche del pueblo. "Entré cuando limpiaban. Ahí me di cuenta de que había algo más que el campo, las vacas y la llanura. Empecé a tomar contacto y dimensión de las luces, los flashes, esa fantasía. Hasta ese momento yo quería irme a vivir al campo."

Pero a los 18 te fuiste a Buenos Aires a estudiar comercio exterior. ¿Por qué?

Yo iba a estudiar publicidad. En casa no existió una presión, pero estaban esos comentarios de que si estudiabas algo relacionado con ciencias económicas te podía ir mejor en la vida. Caí con comercio internacional, eso de que podías viajar…, me gustaba el cuento. Pero básicamente era una carrera económica y yo no tenía nada que hacer ahí. Igual estudié, la iba llevando. Siempre me fue mejor en las materias que podía explayarme, estirar.

Lo que le gustaba era la tele. Tanto, que se presentó en Much Music y hartó a una secretaria. La cansó de tal manera que ella le dijo a una productora: "Hace tres días que te está esperando acá abajo un pibe que parece hermano de los Pauls". A la semana lo llamaron para una prueba. Nació, así, por el año 2000, el conductor adolescente de un ranking musical, Countdown, con concurso de gemidos femeninos y Escalera a la nada –una parodia del reality Escalera a la fama–. Del Moro llegó al velatorio de la tele que amó: era el estertor de las producciones del uno a uno.

Decís que no sos periodista ni analista político, decís que sos un moderador. ¿Qué es ser un moderador en un programa político?

Liliana Parodi [gerente de programación de América] me propuso hacer un programa de verano, de actualidad. Los programas de verano son proyectos pensados para enero y febrero, con otras pretensiones, pero era diferente, no era de verano ni un simple programa de archivos. Había una química. Se hablaba de espectáculos, de economía, más bien light, porque eran vacaciones y la gente demanda otras cosas de la tele. Poco a poco fue yendo para otro lugar, me empezaron a hacer notas sobre la farandulización de la política. Yo estaba haciendo Infama y había mucho prejuicio puesto en mí. Siempre me consideré un conductor de tele, nunca otra cosa, entonces los temas me daban igual: era lo mismo nota de los precios en la costa, escándalo de vedette o la proyección de un candidato.

Pero en algún momento se dieron cuenta de que funcionaba lo político.

Pasó algo: sabíamos que cuando arrancara Tinelli teníamos que tener el programa consolidado; es muy difícil competirle a semejante producción. Pero un poco antes de que él llegara descubrimos un nicho de mercado televisivo. Lo novedoso fue que al ser yo un conductor de televisión le imprimí otra cosa a un formato (programa político) que tenía parámetros preestablecidos. Intentamos hacer un programa ágil, porque yo vengo de Much, con esa cosa del videoclip y ritmo frenético, que todo me cansa y me aburre rápido. Todo el tiempo trato de buscar el título. Intratables es un programa de títulos: la gente hoy no escucha un CD entero, escucha un track. Hay tanta información que hay que ir directo al grano. Somos tantos (25 micrófonos abiertos al mismo tiempo)... Si cada uno que está ahí no aprovecha su segundo para decir algo importante, no sirve estirar, está fuera de timing. Como conductor trato de pararme en el centro de todo y tratar de escuchar a todos por igual, si se puede. No quiero llevar agua para el molino de nadie. La gente que se sienta ahí es inteligente. A veces más, a veces menos, pero trato de que todos tengan su momento para decir lo que piensan y que la gente saque sus conclusiones. Hay quien sale ileso y le va bárbaro, y otro a quien el programa lo destroza.

No son las ideas, es el timing. ¿A eso se reduce hoy la política en tevé?

No, es la suma. Yo, que vengo de pueblo, veo que antes los políticos pasaban por ahí, no sabían ni por dónde andaban, eran trovadores. Ahora y cada vez más el político tiene que usar la masividad de los medios. Lo que pasa es que en ese uso –y a veces abuso– puede multiplicar su intención de voto y también crucificarse con una palabra mal puesta. Es un arma de doble filo: hacemos televisión en vivo. Cuando me dicen que se manipula lo que se dice, nunca podría manipular lo que dicen treinta personas. Yo no sé con qué va a salir un cura que viene de Jujuy a denunciar un maltrato. Sí sé por dónde van mis compañeros fijos, pero no mucho más que eso.

El debate de candidatos al estilo estadounidense es una deuda de los programas políticos. ¿Intratables podría hacerlo?

Nos encantaría, lo que pasa es que el político pide mucho a cambio. Quiere saber dónde se va a sentar, quién va a estar, si va a haber preguntas del público, si se puede grabar. Cada vez te achican más la cancha. El formato de Intratables no permite eso, se torna aburridísimo. Un día Scioli pidió grabar porque se acuesta temprano. Lo grabamos y mató la adrenalina que tiene el estar sin red, que es mágico.

* * *

A las 21, Jesús lo deja en la puerta de América.

Del Moro arregló con el portero de su edificio para que sea su chofer porque no puede saber cuánto tiempo le llevará estacionar en Palermo. Y debe saberlo: su vida es lo opuesto al géiser trajeado que aparece en pantalla. Todo lo que pueda medirse está medido. Así debe ser porque hace radio a las 6 AM, tiene dos hijas, mujer, e intentará dormir siestas.

Mientras él se prepara en su camarín, el estudio empieza a poblarse. Llegan los periodistas Diego Brancatelli, Pablo Vilouta, Deborah Plager. La diputada por el FPV Diana Conti saluda a todos. Minutos después la escena se repite con Jorge Altamira.

Un hombre se acerca a una de las maquilladoras:

–¿Usted es invitado? –pregunta ella.

–Sí. Un poquito, para sacarme el brillo –responde el perito Roberto Locles, señalando la polvera y brocha que tiene en la mano la muchacha.

En un rato estará hablando del caso Lola Chomnalez y Plager le irá a la yugular por interpretar la autopsia.

Antes, de todo. A las 22.07 ponen el primer informe: El escándalo Scioli: día 2 [por su visita al Espacio Clarín]. Todos discuten. 22.16 sale CFK vs. Radio Buitre. Todos discuten. A las 22.39 Gianola y Echarri: actores enfrentados por la política. Luego, el caso de Néstor Femenía, el niño que murió desnutrido, la falta de tampones y los aumentos de 2015.

Desde el centro del estudio, Del Moro pivotea hacia los panelistas e invitados. Agita las tarjetas que tiene en sus manos como si hubiera moscas en el estudio y los hace hablar o callar. Él ordena el caos.

No te sacás fotos con políticos, sólo una con Vilma Ripoll.

[Interrumpe] Me la encontré en la fiesta de América y ella me pidió, le dije: "Vilma no me saco, pero, ¡¿cómo no me voy a sacar con vos?!"

¿Tu imagen hoy tiene precio político?

No sé si mucho o poco, lo que sé es que al hacer un programa en el que hablo de ellos y los recibo no sería justo que tuviera trato diferenciado. Si te sacás foto con Scioli y con Massa, te tenés que sacar con Macri.

Podrías tomar partido.

Es que el día que yo tome partido se termina el programa. Se transforma en un centro de operaciones para un candidato.

También dijiste que constantemente te quieren operar.

La ventaja que tengo es que no le creo mucho a nadie. Le veo un poco los hilos a todo.

Contaste que en Infama las peleas entre vedettes siguen durante el corte. ¿Pasa algo diferente con los políticos?

¡Sí! El ego del famoso no le permite ir a los dos minutos a tomar un café y cagarse de risa, y eso que son discusiones generalmente triviales. Los políticos no: se tiran con acusaciones tremendas al aire, de narcotráfico, de corrupción y en el corte se saludan, o cuando se despiden se van charlando y no lo podés creer. ¿Cómo te vas con el tipo que te acaba de señalar como narcotraficante?

¿Alguna vez lo preguntaste?

No, yo tengo una puertita al costado de la escenografía. Termino el programa y desaparezco. Como un ninja, con humo [ríe]. No me interesa saber más nada.

Pero a Martín Insaurralde sí le preguntaste…

Era la primera vez que lo veía. En un corte le pregunté qué lo llevó a meterse en semejante lugar… Un pibe que salió de una enfermedad como la que tuvo. Uno lo veía nuevo en esto, un candidato sorpresivo, pero bancado por Scioli y por Cristina. Me dijo que un día llegó una llamada y no pudo decir que no. [En su libro Intratable, Del Moro dice que la respuesta le confirmó lo que percibía, que "su relación con Cristina era de profundo pánico".] Lo que sigo sin entender de él es que siga en esta indefinición, porque acá no estamos hablando de si vas a firmar con Nito o Moria. Acá se trata de a quién va a representar, cuáles son tus ideales, tu ideología.

Decís que lo que más te cuesta es mantenerte en eje porque todos te quieren operar. ¿Cómo es, te llaman?

No es tan obsceno. Los políticos no me llaman a mí, ellos nunca andan solos, tienen séquito. Vos los ves que están a un costadito. Te das cuenta por gestos, con frases por abajo.

¿Una?

[Piensa] "A tal lo dejaste hablar más que a mí" o "en este programa de tal cosa no se va a hablar".

Invitado un día, Alberto Pérez se enojó y dijo que no podía hablar porque el canal era de Massa.

En ese momento me saqué. Paré el aire y le dije que tenía cinco minutos para decir lo que quisiera, de Massa o de quien creyera conveniente.

¿Te llamaron para candidatearte?

Sí, fue hace poco, un mes.

¿De dónde?

No quiero decir de dónde. Pero no es del partido de Massa.

Dijiste que no porque la política te mancha. ¿Cómo creés que vas a salir de este programa?

Yo creo que político se nace. Y verdaderamente hay gente con buenas intenciones, no creo que todos sean una mierda. Lo que pasa es que hemos sido históricamente estafados. A mí me marcó mucho la crisis de 2001. Me sentí traicionado, pensé que la Alianza era una renovación y fue todo un papelón. De ahí que no termino nunca de confiar mucho en nadie. Hay gente honesta, pero la política en sí se maneja con intereses muy pesados, se maneja desde el barro y te mancha. Y no podés creer cómo gente que militó tantos años codo a codo hoy es enemiga y se tira con cosas tan hirientes. No entiendo que pasen por tantos partidos políticos porque la ideología es una.

No parece.

No. El otro día me reía: vienen algunos candidatos y pienso ¿pero éste dónde estaba? Cuando arrancamos el programa estaban en un lado, ahora en otro. Lo que pasó con UNEN, por ejemplo.

¿Qué es la grieta para vos?

Lo que pasa en el bar, en tu grupo de amigos. Llamale grieta o como quieras, pero refleja esta irritabilidad que vivimos, esto de pensar que el que tiene otra ideología es mi enemigo, es un hijo de puta. Yo no siento eso. Creo que la mayoría estamos en el medio, que sabemos que la cosa no está tan bien ni está tan mal, que no somos Suiza, pero tampoco Calcuta.

Tu libro arranca con una cita de Kapuscinski: "Ahora se suele criticar a la televisión por transmitir tanta violencia, cuando más cruel ha sido la Biblia: en sus páginas se come a niños (…) se sacan los ojos a los hombres. Los dueños de la televisión moderna no han inventado nada nuevo".

Me pareció fantástica. Cuando pasa un caso como el de Lola en Uruguay y se señala tanto a la televisión…, en definitiva lo que hace la tele, a veces mejor, a veces peor, es reflejar lo que dictamina una jueza en este caso.

Lo que pasa es que Kapuscinski también dijo que para ser buen periodista es necesario ser buena persona y que "los cínicos no sirven para este oficio".

También, pero es que la tele te desnuda. La gente sabe quién es un buen tipo y quién es un hijo de puta. No podés falsear, menos haciendo programas viscerales. Si tenés que copetear una noticia es una cosa, pero cuando te involucrás en un programa en vivo, desmesurado, carnal, es imposible caretearla porque hay emociones.

En 2008 uno de los patovicas de Madonna se trompeó con un fotógrafo en Buenos Aires. Esa imagen la pasaste hasta el hartazgo. Mediste 6 puntos y seguía creciendo. Lo hiciste durante 45 minutos.

Yo puedo pasar una nota cinco veces si garpa sin ningún tipo de pudor.

¿Cuál es el límite?

El límite te lo marca el por qué y para qué. El día que el motochorro estuvo hablando una hora y media en el programa de Viale, Liliana me comenta que estaba, que era la nota del día. Lo hablamos, pero pensamos que ya con lo que había dicho estaba bien, tenerlo para hacerle las mismas preguntas era ponerle show y morbo. El que te dice que no cree en el rating en este mundo miente, pero tampoco es que por un punto de rating se mata a la madre.

Tenés el minuto a minuto en tu oreja todas las noches, ¿qué es lo que más seduce hoy en tevé?

Tiene que ver con la coyuntura. A veces es la pelea y otras no. Garpa mucho más Nélida De Miguel hablando sola de su historia con Evita que una pelea escandalosa entre dos candidatos. Yo nunca pensé que íbamos a estar haciendo siete puntos con lo que sucedió en Francia.

Intratables comenzó en el verano de 2013. Desde entonces le dio un espacio impensado a los presidenciables –la chance de llegar a un público que no mira programas políticos– e iluminó a los del fondo del micro: senadores, diputados, asesores. Segundas y terceras líneas, cerebros de operaciones, ahora, en cámara.

"Soy un dealer de fama". ¿Qué quiere decir eso?

Lo dije haciendo un programa que amé, Infama. Decía que en un bloque te hacía famoso.

¿Y ahora?

Y ahora por ahí lo hago con los políticos.

¿Qué pensás de eso?

Qué sé yo. Con el poder, la estructura que te da este canal, cuando alguien se sienta ahí yo potencio todo lo que tengo alrededor. Es mi trabajo. Si el personaje en cuestión lo aprovecha bien o mal, depende de él.

Un día Massa te dijo que habías arrancado el programa con tres puntos y que él te lo llevó a ocho.

Massa fue uno de los primeros políticos que se animó a romper el prejuicio entre los programas serios y los de espectáculos. Uno de sus asistentes tiene el minuto a minuto y se lo va marcando; él se preocupa cuando está en un programa y no mide. Le da bola a eso.

¿Sabés a quién vas a votar?

No. De los tres o cuatro candidatos más importantes no me identifico ciento por ciento con ninguno.

¿No lo decidiste escuchando tu programa?

Nada, y cada vez estoy más confundido. Pero me fascina ir a votar y lo haré con pasión.

Cerrás siempre con una frase: "La única verdad es la tuya". ¿Cómo cambió la tuya desde que ves a los políticos en los cortes?

Sé desde el que viene de comer en la parrilla de enfrente porque le siento el olor a chimichurri hasta el que se preparó, el que está nervioso. Cuando estoy haciendo el programa trato de ver al político como persona, sin pensar en buenos y malos. Mi mayor virtud es tratar de llevar lo más puro el mensaje al receptor, sin teñirlo. Y si hay que ponerse en un lugar, es en el lugar del caído. En definitiva es la gente la que va a elegir.

¿Qué político es el que mejor entendió los medios?

El que gane las próximas elecciones. Están todos muy parejos. Hay muchos que dan tres pasitos para adelante y después con una cosa retroceden. Scioli fue un tipo que se cuidó toda su vida y un día con una foto o video…

¿Lo decís por la fiesta de Clarín?

No, la que estaba jugando al fútbol. Lo de Clarín es estrategia pura. Scioli sabe muy bien adónde va, cómo va. Pero ahí te das cuenta de que ninguno tiene nada ganado, que los últimos metros son decisivos, están todos cabeza a cabeza.

En esos diez metros, ¿qué será Intratables?

La pista. Si ellos corren rápido o no, dependerá de ellos.

¿Estás preparado?

Espero que sí. Lo único que espero es poder mantenerme en eje.

De pueblo

Nació el 9 de febrero de 1978 en Tres Algarrobos, un pequeño pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Tiene dos hermanas mayores

A la ciudad

A los 18 años viajó a Buenos Aires para estudiar comercio exterior. Pero lo que le gustaba de verdad era la tele. En 2000 debutó en Much Music

El cambio

Desde 2008 conducía Infama. En el verano de 2013, le ofrecieron hacer también Intratables, un programa que en principio, sólo sería de verano

Su familia

Está en pareja con María, su novia del pueblo. Tienen dos hijas: Catalina (nació en 2010) y Amanda (2013)

El futuro

"Esto de la política me tomó por sorpresa –dice Del Moro–. Soy un conductor de televisión. Por ahí en un año estoy haciendo un programa de juegos. Con este progama se me abrió un mundo nuevo interesante, fascinante, gracioso, patético, todo junto. Un poco así somos los argentinos"

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