Las novelas del siglo XXI también apuestan a los 140 caracteres

En la era del texto breve, es posible crear respetando las pautas de Twitter, WhatsApp y otros mensajeros
Uriel Bederman
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31 de enero de 2015  

Alban Orsini (34), consultor científico y crítico teatral de origen francés, demoró exactamente un año la escritura de su primera novela, Avec maman, que en la escena hispanohablante circula como Mis WhatsApp con mamá, y que en 2014 hizo pie en la Argentina bajo el sello editorial Grijalbo. El relato exhibe una chispa innovadora: está compuesta únicamente de mensajes enviados a través de aquella aplicación de mensajería móvil y carece de cualquier tipo de narración por fuera aquel diálogo entre una madre y un hijo. En tanto, es paradigma de una serie de frescas manifestaciones literarias que no rehuyen de la tecnología, principalmente fruto de autores jóvenes, quienes se interesan en sus temas y la eligen como un medio válido para contar historias. Además, las páginas del libro (disponible en digital y también en papel) emulan fielmente la estética del mensajero digital, con los recuadros para el texto y las tildes de notificación, sin desdeñar la presencia palabras que no aparecen en los diccionarios y que, no obstante, son moneda corriente en aquellas plataformas digitales. Por ejemplo wnas en vez de buenas.

La línea que inaugura Mis WhatsApp con mamá (CijkiopplypM’po) es capaz de espantar a cualquier lector, en particular a los más conservadores. El mal trago se supera pronto: Uff... Tendrás que mejorar, retruca el hijo sin demora. En diálogo con LA NACION, cuenta el autor de esta novela: "El primer mensaje del libro es el único real: fue enviado por mi mamá. Cuando lo recibí, lo primero que pensé es que aquello dejaba en claro que los hijos y los padres no hablamos un mismo idioma; al rato pensé de qué modo podría utilizar aquel formato para contar una historia". Explica que las limitaciones de aquel formato escogido para su ópera prima lo plantaron ante un desafío de magnitud: ¿es técnicamente posible contar una historia de comienzo a fin exclusivamente con intercambios a través de WhatsApp? O mejor, ¿aquella elección del escribiente puede derivar en una trama atractiva para los lectores?

Señala Orsini que "las restricciones son grandes. Debido al formato, es necesario ser muy preciso y no hay lugar para la digresión. Es totalmente diferente a las novelas epistolares, donde con las cartas es posible trabajar en la psicología de los personajes y construir una ficción poderosa. Aquí sólo hay breves extractos y el lector debe construir todo aquello que no se explica en los mensajes, completando los espacios en blanco. Como escritor, por otra parte, hay que lidiar con todas aquellas limitaciones para poder construir una ficción". A pesar de que WhatsApp es una de las aplicaciones más célebres y en tanto es paradigma de la vanguardista industria de los smartphones, el autor refiere a estos diálogos como una "forma de intercambio primitiva, sin ningún tipo de adornos".

Otros botones de muestra

La del escritor francés no es la única en su especie. En esta vidriera también aparece Pulsaciones (Editorial SM, 2013), cuyo lomo se acomoda en el estante dedicado a la literatura juvenil. Javier Ruescas (26), coautor de la novela junto con Francesc Miralles (46), no duda en describirla como una suerte de "obra de teatro 3.0 o bien una novela epistolar 3.0", en referencia a la estrella tecnológica de la trama: un mensajero móvil que, vale decir, no existe realmente en las tiendas de aplicaciones de Google, Apple o Microsoft. De funcionamiento similar a WhatsApp, Heartbits (éste es el nombre de la app ficticia) entrega al final de cada jornada estadísticas relativas a la cantidad de pulsaciones que se han realizado dentro de la aplicación y el tiempo que el usuario ha demorado en responder cada mensaje, características que, según Ruescas, agregan "una segunda historia, una segunda capa más allá de la propia trama". ¿Qué explica la demora?, ¿por qué se registran muchas más pulsaciones que caracteres ingresados?, ¿por qué el contacto del otro lado del teléfono ha borrado tantas palabras antes de enviarlas? La protagonista de Pulsaciones es Elie, una joven que despierta de un coma que se extendió durante tres días, y que aún postrada en una cama de hospital se comunica con el mundo exterior a través de su teléfono celular, su aliado para descifrar qué ha ocurrido en aquellas jornadas.

Consultado acerca de la adopción de este mensajero como núcleo del relato, refiere el madrileño Ruescas: "Por hacerlo diferente a Francesc se le ocurrió intentar escribir una novela con mensajes de texto. Al principio yo dije que no porque lo veía un poco complicado, pero luego pensé que era un reto muy interesante (…) Con Pulsaciones hicimos eso, darle un toque diferente, algo fresco y asemejar de alguna manera todas estas lecturas que hacemos siempre, ahora mismo en los transportes públicos o donde sea que estamos con el móvil leyendo los mensajes de WhatsApp".

En línea con lo expresado por Orsini, el coautor de Pulsaciones nota algunas de las dificultades que supone este género de última hora: "Sin duda lo más difícil ha sido concebir y conocer lo suficiente a los personajes como para saber no solamente cómo hablan o cómo piensan, sino cómo escriben estos mensajes. Una vez que ya tienes eso en claro, la historia es al fin y al cabo una de misterio con algunos secretos, y de amor por supuesto". En este sentido, Ruescas agrega el gran desafío ha sido "conseguir no sólo las voces de los personajes, sino las voces a la hora de escribir" ya que "no escribimos de la misma manera que hablamos o pensamos".

La pluma de los pájaros azules

"La literatura es un arte conservador. Obviamente, estoy generalizando y todavía tenemos una vanguardia: hay varios ejemplos en la Argentina, empezando por Cesar Aira. Pero que yo sepa es uno de los únicos artes (sino el único) donde no se premia la innovación. Incluso la literatura culta, intelectual de hoy parece sacada del siglo XIX", opina el periodista y escritor belga François Monti, autor de Los escritores tecnológicos, consultado sobre una afirmación suya en el mencionado artículo publicado en el sitio Número Cero: "Los escritores en general se muestran muy reacios a hablar de las tecnologías en el sentido más amplio de la palabra", sostenía Monti. Como hemos visto, esta suerte de axioma tiene sus excepciones aunque éstas no dominen la escena. Aparte de WhatsApp, Twitter es otra de las plataformas tecnológicas que exhiben vínculos con movimientos literarios bien propios de este siglo.

En el recuento aparece el proyecto Tuitlibros (tuitilibros.wordpress.com) que plasmó en la cuenta @rayuela todos los capítulos de la novela de Cortázar en cientos y miles de tuits publicados a diario; exponentes del Haiku, los poemas tradicionales de la cultura japonesa que encajan al dedillo con esta restricción de caracteres; iniciativas como las de @NovelsIn3Lines, que resume novelas clásicas en pocos tuits; obras nacidas y desarrolladas en Twitter como Serial Chicken del español Jordi Cervera; y también creaciones de orden colectivo, novelas que se vuelven casi anónimas incluso habiendo sido creadas por un batallón de voces. Entre otras, es posible mencionar El relatweet, una novela enhebrada por decenas de plumas tuiteras, además de experimento emprendido por el cineasta Tim Burton, quien pidió el auxilio de sus seguidores para dar forma a un cuento alrededor de un personaje suyo.

El mecanismo creativo de estos relatos de carácter colaborativo es similar al de un juego que conocen algunos aficionados a la escritura, el denominado cadáver exquisito, que consiste en anotar una frase en una hoja y pasarla a un compañero para que éste continúe con la trama, y así sucesivamente. Resulta evidente que aquello que muta es la plataforma (una hoja, una red social) y que, como ha ocurrido desde tiempos remotos, la calidad del relato obedece no tanto a las escenas, sino a quien decida los movimientos de la pluma.

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