Violeta Janeiro: el adiós a una bailarina excepcional

Néstor Tirri
(0)
6 de febrero de 2015  

Pasa siempre: cuando quien muere es alguien que vivió bailando, sobreviene el dolor por el pájaro abatido. Es lo que inspira la partida de Violeta Janeiro, protagonista de inolvidables programas de ballet en el Teatro Colón. Y no sólo allí: también en el Teatro San Martín, en las recordadas veladas de Amigos de la Danza. Dúctil, enérgica, bella, encarnó a la Odile de El l ago de los cisnes, a la princesa Florisse de Bella durmiente y a Giselle, pero también a la maligna bruja Carabosse y a la desafiante Carmen, sin olvidar el vigoroso cabalgar de Clorinda en El combate ni otras incursiones propias de una artista ecléctica que no se quedó en lo académico.

Cuando ya no bailaba, fue justamente El combate, de William Dollar, la pieza que exhumó y repuso para que en 2002 la bailara Iñaki Urlezaga. Todo un hallazgo. Ella la había interpretado en el Colón a mediados de los sesenta, una década en la que compartía la apoteosis de nuestra compañía oficial junto a Olga Ferri, Esmeralda Agoglia, Wasil Tupin, José Neglia, Norma Fontenla , Gustavo Mollajoli? por citar sólo a algunos.

Después de formarse con Roberto Giacchero y María Ruanova en el ISA del Teatro Colón, inició su trayectoria en el Ballet del Argentino de La Plata; saltó al Colón en 1961 y ascendió a primera bailarina en 1973, rango que mantuvo hasta 1985. También pasó por ámbitos de la vanguardia: se la recuerda en el Instituto Di Tella, a fines de los sesenta, interpretando el personaje de "La bailarina", en un tobogán, en una versión de La historia del soldado, de Stravinsky.

Desde ayer, un generoso recuerdo de su colega Cecilia Mengelle la vivifica en un solo de Carmen, un video de 1980 que se puede ver en Facebook: allí palpita la seducción de su mirada, su dominio de caderas y la expresividad letal de sus brazos.

Habrá que valorar, también, su incursión como directora de compañías: la del Teatro Argentino de La Plata, el Ballet de Tucumán y el del Sodre de Montevideo, sin olvidar al Ballet del Sur, de Bahía Blanca, donde rescató Rapsodia, una pieza de Oscar Araiz que repuso él mismo en 2001. Poco después, en 2005, acompañó al mismo coreógrafo como directora adjunta del Ballet del Colón. "Violeta -evoca Araiz, en son de despedida poseía la rara cualidad de cruzar en el escenario la proyección de una animalidad salvaje, la precisión inteligente de una musicalidad perfecta, caracteres interpretativos de bravura y un amplio dominio de técnicas que la convirtieron en favorita de coreógrafos contemporáneos, neoclásicos y repositores del repertorio académico."

La que fue étoile de la compañía oficial de la Argentina, a los 75 años mantenía en pie su inquebrantable espíritu de maestra y repositora. Sin enfermedad a la vista, el pasado martes Violeta emprendió, durante un sueño tranquilo, su vuelo definitivo.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?