La otra cara del Día de los Enamorados: un boicot a Cupido

Para quienes defenestran la celebración por tratarla de comercial y empalagosa, existen fiestas en su contra y unas cuantas propuestas para evitar todo tipo de romanticismo
Teresa Bausili
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8 de febrero de 2015  

Aquellos lectores que saltearon la página anterior, que resoplaron, levantaron los ojos al cielo o fruncieron la nariz al ver de qué venía el tema, vaya una pequeña revancha: la celebración anti San Valentín.

La fecha no es oficial, pero los movimientos que se valen de las redes sociales para boicotear el día de los enamorados, promueven el 13 de febrero como su día. Desde ciudades como Nueva York, Londres, Ciudad del Cabo o Thivai (Grecia), los solteros, playboys, corazones rotos, amigos con derechos y demás etéceras, convocan año a año a fiestas donde la decoración abunda en rosas negras, corazones triturados, peluches con hachazos en la cabeza o frases del estilo "Muerte a cupido" (las mismas que pueden leerse en remeras, tazas y un sinfín de suvenirs "alternativos"). Mientras, suenan temas del tipo With or Without you (U2), Para no verte más (Mosca Tse Tse), Broken Hearts are for Assholes (Frank Zappa) o I'm not in love (10cc) entre muchísimos otros, y según la latitud (en Buenos Aires, Mystique organiza un after office para brindar por la contra celebración, aunque a raíz del feriado, será el miércoles 12; www.mystiqueafteroffice.com.ar).

Aunque no hace falta ser alérgico al romance para rehuir a San Valentín. Muchos simplemente critican los visos comerciales de la celebración, a la que califican como un gran negocio del marketing. Para peor, la acusan de ser una fiesta importada y empalagosa. También están quienes esgrimen, con cierta razón, que organizar festejos anti San Valentín es otra forma de darle importancia -acaso involuntaria- a la fecha.

Como sea, el marketing del turismo también está atento al nicho que directamente prefiere evitar el 14F. Para ellos hay paquetes "de escape" de todo tipo, a saber:

- Tomar un vuelo el 13 de febrero rumbo a Nueva Zelanda, donde, dada la diferencia horaria, se aterrizará un 15 de febrero (el plan es válido desde Buenos Aires, vía Chile, como también desde Los Angeles, por ejemplo). Ergo, el fatídico 14 de febrero habrá desaparecido mágicamente del calendario. Con el plus de llegar a un país sencillamente espectacular.

- Visitar el Museo de las Relaciones Rotas en Zagreb.Fotos, vestidos de novia, osos de peluche y otros cientos de objetos -todos donados- conforman la colección de recuerdos de los que los desencantados del amor quieren deshacerse. El más curioso llegó desde Alemania: un hacha. Sucede que un joven despechado la usó para romper todos los muebles de la que casa en la que había convivido con su novia, quien lo dejó por un amigo. O también un celular que se encuentra junto al siguiente texto: "Me lo regaló para que no lo volviera a llamar". Otra de las atracciones del museo croata son sus "confesionarios", en los que la gente puede grabar sus últimas palabras secretas sobre la relación fracasada.

- Viajar a un país donde esté prohibido celebrar San Valentín, como Arabia Saudita, donde la fiesta es considerada demasiado provocativa. La policía religiosa incluso castiga a los comercios que venden artículos de color rojo como corazones o rosas (si bien son legales en otros momentos del año, a medida que se acerca el 14 de febrero comienzan a ser proscritos). También la provincia rusa de Bélgorod prohibió la celebración hace cuatros años. Motivada por el origen católico de la fiesta, la cruzada pretende velar por "la seguridad espiritual de la región" (donde su casi medio millónde habitantes profesa la fe ortodoxa). Además, las autoridades aseguran que la fiesta promueve la promiscuidad entre adolescentes.

- Ir a Finlandia, donde el 14 de febrero no es el Día de los Enamorados sino Ystävänpäivä, el Día del Amigo. La fecha fue instituida en 1987 y los amigos la aprovechan para hacerse regalitos como chocolates, rosas o tarjetas.

- Asisitir a un curso de cocina en Madrid, dictado el 14 de febrero en la escuela de cocina María Mirabelli. No se trata de cualquier curso: las recetas que se aprenden son aquellas que jamás se prepararían en una cita romántica. Mucho ajo, queso azul y otros ingredientes tradicionalmente desterrados por su "intensidad" y su carácter anti afrodisíaco, son los protagonistas.

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