Un nuevo mapa del país: discutido y sin eco en las aulas

Polémica entre académicos por su validez; el viejo se vende más
Matías Ahumada Rioja
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10 de febrero de 2015  

"¿Cuál es la provincia más grande de la Argentina?", pregunta Rubén Címbaro, director del Instituto Geográfico Nacional. ¿Buenos Aires? Contra lo que pueda pensarse, la respuesta es no. Címbaro se refiere a algo que, desde la promulgación de la ley 26.651, es verdad oficial en todas las escuelas del país: el nuevo mapa de la Argentina muestra en el mismo espacio y la misma escala desde La Quiaca hasta el Polo Sur. Así, se advierte que en realidad la provincia más grande es Tierra del Fuego (que incluye a la Antártida y las islas del Atlántico Sur).

La norma, de 2010, provocó encendidas discusiones en los círculos académicos. Algunas voces calificadas incluso criticaron el espíritu "nacionalista" y "retrógrado" de la medida.

Y la realidad parece reflejar la controversia: después de más de cuatro años, lejos de dejar de existir, el viejo mapa, que agregaba a la Antártida en una escala menor y a un costado del territorio convencional, sigue siendo el favorito tanto de los maestros como de los alumnos.

María Di Nápoli, jefa de producto de la editorial Ángel Estrada, dueña de las marcas Rivadavia y Laprida, entre otras, revela que de los cinco millones de mapas de la Argentina que ellos producen, el convencional se vende 50 veces más que el nuevo.

Así, la enseñanza del nuevo mapa queda relegada a los libros de texto, y al mapa-pizarra que el ministerio de Educación se comprometió a enviar a cada escuela.

Susana Ares, profesora de Geografía, cuenta que al colegio privado de Ramos Mejía donde trabaja llegó el mapa bicontinental que distribuye el ministerio, pero que la Argentina se ve "muy chiquita", ya que en un mapa del mismo tamaño se colocó un tercio más de territorio. "Al final -dice-, uno cae en el que traen los chicos, que es el de antes. Pero en el libro está el bicontinental."

Ares considera que no es necesario meterse en la polémica ni presentarles a los chicos el debate ideológico detrás de cada mapa. Sin embargo, aunque se reconoce "abierta a los cambios", advierte: "A veces, en el programa vienen temas que dejan ver que el que lo hizo no está en el aula. Hoy los chicos vienen con una baja capacidad de abstracción, y eso que estoy en un escuela de ingresos medios-altos".

Consultadas al respecto, fuentes del Departamento de Áreas Curriculares del Ministerio de Educación, organismo competente en la materia, destacaron la función de "disparador de la pregunta por las determinaciones geopolíticas en la producción del conocimiento" que tiene el nuevo mapa.

Además de la molestia de algunos profesores de Geografía, que no se sintieron tomados en cuenta por la decisión de los legisladores, se despertó una polémica profunda, intensa, que atañe a las raíces mismas de la construcción de la identidad nacional.

Pero antes, un dato curioso. Una de las caras visibles del proyecto fue la ex diputada fueguina por el Frente para la Victoria, María Adela Calchaquí, que se hace llamar "Mariel" y no tiene la experiencia más feliz respecto de la educación secundaria. En octubre pasado fue condenada a dos años de prisión en suspenso por fraude a la administración pública luego de que se descubriera que durante 17 años había cobrado un adicional indebido por un título secundario que no tenía. Calchaquí negó los cargos, luego pidió perdón y devolvió el dinero para, una vez condenada, negar su culpa.

En 2010, en el momento de presentar la ley, cuando aún no estaba en pleito con la Justicia, explicó los motivos que la llevaron a apoyar la medida: "El antiguo mapa daba una visión distorsionada de la Argentina, que en nada ayudaba al sentido de pertenencia", declaró.

En 2009, el Instituto Geográfico Militar se volvió civil, transformándose en el IGN, el ente a cargo de diseñar el nuevo mapa nacional. Rubén Címbaro relata que se buscaba "representar la bicontinentalidad argentina", de manera que ahora el centro del país "ya no es Río Negro, sino Tierra del Fuego, que es en realidad la provincia más grande", explicó Címbaro.

El lugar de la Antártida

El meollo de la controversia gira en torno al estatus jurídico del territorio antártico.

En 1959, los doce países que hacían investigaciones científicas en el continente blanco y sus alrededores firmaron el Tratado Antártico, por el cual acordaron suspender los reclamos de cada país. El territorio reclamado por la Argentina, que fue uno de los firmantes originales del pacto que hoy agrupa a 50 miembros, coincide parcialmente con los reclamos de Gran Bretaña y Chile. Pero ninguno de ellos, ni de los otros cuatro países con reclamos (Noruega, Australia, Nueva Zelanda y Francia), incluyen la Antártida en su mapa oficial.

A pesar de que en los sitios web de sus entes antárticos oficiales se presenta un mapa de la Antártida con todos los reclamos territoriales, algunos no respetan el espíritu del tratado. Entre las prioridades mencionadas en la página oficial del gobierno británico figura "promover la soberanía del Reino Unido sobre el territorio antártico británico", además de conservar el medio ambiente del continente. Junto a Dinamarca, los Países Bajos y Francia, el Reino Unido integra la Asociación de Países y Territorios de Ultramar de la Unión Europea (OCTA, en inglés). Tanto el Estado francés como el británico incluyen su reclamo antártico dentro de los territorios protegidos por esta comisión.

En la Argentina, la postura que defiende la inclusión del territorio antártico bajo la soberanía argentina encontró varios detractores. La historiadora Hilda Sábato y el geógrafo Carlos Reboratti, que enseñan juntos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, son dos de los mayores críticos de la obligatoriedad del mapa bicontinental.

Tras la sanción de la ley, Sábato criticó la norma en un artículo periodístico. "Es la reiteración de una ideología que asocia la identidad nacional con el territorio, que se reivindica como eternamente propio y siempre sujeto a amenazas exteriores -escribió-. Ideología de larga trayectoria en la Argentina, alimentada por la influencia de los militares en la construcción de un nacionalismo excluyente y agresivo, que arraigó hondo en nuestro país a lo largo de todo el siglo XX."

Hoy, su esposo, Carlos Reboratti, investigador principal del Conicet en el Instituto de Geografía de la UBA, insiste en los cuestionamientos. "El problema es que en el fondo se enseña una mentira. Una mentira basada en un nacionalismo infantil, que inventó un problema donde no lo existía", critica.

Címbaro tiene la postura contraria. "La construcción de los mapas es construcción de soberanía. No se puede defender lo que no se conoce", manifiesta.

Desde la otra vereda, Reboratti es categórico y desestima la validez del argumento estratégico: "El caso de la Antártida no puede equipararse al de las Malvinas. La Argentina nunca ejerció soberanía en la Antártida". Además, Reboratti apunta a una de las principales críticas que recibió el nuevo mapa. "No es nada práctico; en vez de agregarle una línea de texto que diera cuenta del cambio de escala, redujeron el mapa a la mitad y ahora a Tucumán lo vemos con lupa", señala.

Graciela Cacace, profesora y licenciada en Geografía, lo dice sin vueltas: "La cartografía siempre tuvo un fin geopolítico, transmite imaginarios, entra en el inconsciente de la gente". La investigadora entiende que muchos países hacen su propia utilización de la cartografía y destaca: "Se instala en el imaginario de la gente. El mapa despierta controversia porque se pone el foco en la Antártida, algo que no es sino un deseo", explica.

Florencia, santafecina (prefiere no revelar su apellido), ejerce el profesorado de Geografía desde 2007. Ella enseña el mapa bicontinental pero de manera crítica. "La Antártida es un territorio sobre el que no ejercemos soberanía, como en Malvinas. Intento transmitirles a mis alumnos cómo se puede construir una ideología a través de un mapa. Se busca transmitir una idea nacionalista", dice.

Reconoce que su posición es polémica, pero reivindica la importancia de abrir las mentes de los estudiantes, de darles la posibilidad de elegir, y no sólo adoptar "lo que les inculcaron los mapas y los carteles". "Lo de la Antártida pueden entenderlo, pero cuando hablo de las Malvinas, se emocionan, se enojan. Tienen una herida abierta", relata.

Por el contrario, Eliana Hoyos, profesora de Geografía en Neuquén desde hace 23 años, cree que es positivo incluir a la Antártida en el mapa y el territorio que le correspondería a la Argentina. "Me permite enseñar que la Antártida es la reserva de agua dulce más importante del planeta, un lugar para conocer y respetar, un equilibrio perfecto donde los argentinos tienen que estar para conocerlo, pero no para ocuparlo."

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