Volver a las pistas: ¿ensayar antes de la función?

Crédito: Corbis
Nuestro columnista nos cuenta cómo hizo su amiga Magda para volver a encontrarse con el amor.
Sebastián Fernández Zini
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15 de febrero de 2015  • 00:20

Empezar el año yendo a un sex shop no estaba ni en mis planes más remotos, y mucho menos en Buenos Aires y con este calor de locos. Y muchísimo menos cuando la compra del adminículo –por llamarlo de alguna manera elegante– no era ni siquiera para mí. Pero bueno, todo sea por la felicidad de una buena amiga.

Todo comenzó en el cumpleaños de Luisa. Allá fuimos con Magda, y al entrar nos percatamos del estirón que había pegado su hermano Horacito. Hacía muchísimo tiempo que no lo veíamos, y la verdad es que nos quedamos medio embobados al verlo. ¡Horacito! Aquel pequeñajo diez años menor que nosotros se había transformado en un regio chongo. ¡Hay que decirlo! Claramente, aquella noche entre Magda y el hermanito de Luisa hubo miradas fulminantes. "Me pidió el celu, ¿lo podés creer?", me dijo Magda cuando nos retiramos medio ebrios de la fiesta.

Resulta ser que mi amiga Magda estaba alejada de las pistas desde hacía seis años, y cuando digo "alejada", estoy hablando de no hombres, no sexo, no salir con nadie, no nada. "Estoy seca", era su frase más usada. "Hasta que conozcas alguno que te sacuda la coctelera", era siempre mi respuesta. Y al parecer, el que la volvió a la pista con unas palabras al oído y un mero pedido de celular no fue otro que Horacito.

–Amigo, me llamó y me invitó a tomar algo...

–Bien por ti, amiga. ¡Adelante con los faroles!

–¡Tiene 30 años!

–Pero fue mucho más directo que cualquiera de 40. ¡Un muy bien 10 felicitado para Horacito! Salí y dejate de joder.

–No sabés lo copado que es este pibe... Fuimos a tomar unos traguetes por Palermo.

–¿Y?

–La verdad, un divino. Igual, es muy raro todo, ¿no?

–¿De qué hablamos cuando hablamos de rareza, María Magdalena? ¡Basta, no me hinches!

–No te conté que Horacito me invitó a comer a su casa...

–¿Y cómo estuvo todo?

–Muy bien. Igual, me sentí una ridícula cuando me rajé como rata por tirante cuando quiso que la cosa pasara a mayores.

–¿Te estás refiriendo al sabaneo o a la diferencia de edad cuando me hablás de "mayores"?

–Te detesto. Nos dimos unos besos y cuando el chicuelo quiso ir por más le dije que me tenía que levantar muy temprano.

–Naba.

–¿¡Naba!? ¡¡Nene, hace seis años que no tengo sexo!! ¡¡SEIS!! ¿Lo podés entender? Imaginé todo "aquello" cerrado y me rajé.

–¿Cerrado? ¿Me estás queriendo decir que imaginaste que Horacito no iba a poder entrar? ¡Basta! Todo esto es demasiado para un comienzo de año.

–Tengo que pedirte un favor, amigo... ¿No me acompañarías a un sex shop? Te prometo que voy a darle la chance al hermano de Luisa, pero necesito algo antes...

–¡De locos todo! Pero claro que voy a acompañarte y vamos a encontrar el mejor aliado que te destape todo "aquello que vos creés que está cerrado".

Nuestra visita al sex shop es un capítulo aparte. ¡Cuántas cosas nuevas que descubrimos! Para mi gusto, tamaños un poco exagerados y mucha cosa con luces. No me imagino qué se puede hacer con un aparato con tanta luminaria, es como que distrae, ¿no? Pero bueno, encontramos lo que estábamos buscando –enseguida lo llamamos "Mielcita" por su color anaranjado transparente que nos hizo acordar a aquella golosina que comíamos de chicos– y huimos victoriosos del lugar.

–Hasta acá llegó mi amor, amiga. Go home con "Mielcita", pero no me cuentes nada. Guardate los detalles. ¿Sí?

Todo salió como lo habíamos planeado. "Mielcita" hizo lo suyo y días después Horacito revivió a Magda. Lo que no tengo muy claro es con cuál de los dos piensa celebrar mi amiga el Día de los Enamorados.

¿Qué te pareció la historia de nuestro columnista? Además, ¿Preguntas de verano? Wainraich responde, Sin pelos en la lengua (¡Ni en ningún lado!).

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