Sé tu propio Cupido

Una pareja no se busca racionalmente, sí podés ahondar en vos, quizás sea el primer paso hacia un mejor encuentro con tu otro
Una pareja no se busca racionalmente, sí podés ahondar en vos, quizás sea el primer paso hacia un mejor encuentro con tu otro Crédito: Lucas Engel. Arte de Ana Pagani. Realización de Diego A. Martínez (DAM). Producción de Bárbara Véle
Cuando estamos solteras, siempre es un buen momento de observación interna. Aprovechalo para saber qué querés y activar la búsqueda. Hacele lugar.
María Eugenia Castagnino
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20 de febrero de 2015  • 08:48

Muchas veces, cuando a los treintipico seguimos solteras –o nos toca una racha sin pareja–, se activan algunas alarmas internas. Alguna señal de que algo pareciera no andar del todo bien. "¿Qué onda? ¿Soy yo o son ellos?", nos preguntamos cuando pasan los meses y no salimos con nadie. O quizá sí conocimos a alguien, pero no encajamos o estamos ante la presencia de un auténtico bodoque. Encima, a nuestro alrededor todas nuestra amigas se van de vacaciones honeymoon, o ya están casadas con hijos..., y vos ni cerca. Y si a eso le sumamos cierto mandato social, el panorama puede volverse un poco desalentador. ¿Qué hacemos entonces? ¿Le hacemos caso a esa alarma interna? ¿O seguimos adelante con la vida como si nada? Claro que, en el fondo, hay algo de nuestra "matemática emocional" que no cierra. Porque, sin dudas, en el contexto de todas las relaciones que construimos en la vida –con los padres, la familia, los amigos, los maestros, los compañeros de trabajo–, la pareja tiene un tono especial. Entre todos esos "diálogos" que mantenemos, este es una charla más exclusiva, especial, intensa y llena de implicancias para nuestra vida.

Sin embargo, por más que quieras ponerle mucha garra, una pareja no se busca racionalmente. Pero lo que sí podés hacer es ahondar en vos, porque quizá sea el primer paso hacia un mejor encuentro con "tu otro".

Vale preguntarse: ¿realmente quiero estar en pareja? Quizás esa sea la respuesta esencial que debas encontrar. Y si esa respuesta es afirmativa, seguí leyendo, porque te vamos a acompañar en el proceso de "encontrarte" para encontrarlo.

PREPARATE PARA ENAMORARTE

Sí, como en casi todo en la vida, hay una cuestión de timing, de estar lista internamente para poder recibir la presencia de otra persona en tu vida. Y eso dependerá mucho también del momento que estés transitando a nivel personal. Por ejemplo, si están moviéndose muchos otros aspectos de tu vida –los proyectos, el trabajo, la casa, etc.– o estás en algún proceso de cambio, no te extrañes de que no pase nada con la pareja. Y muchas otras veces, aunque no haya cambios, somos nosotras quienes tampoco le estamos dejando demasiado "espacio" en la agenda a un otro, porque estamos muy metidas en nosotras mismas, en nuestro laburo, con nuestros proyectos.

Para examinar de cerca este punto, identificá: ¿cómo es tu presente (tu agenda de actividades) hoy?

Porque a medida que vamos creciendo, elaboramos un perfil inconsciente de lo que vamos a buscar en una pareja a base de un montón de "referentes" que hayamos tenido. Y acá entran la experiencia de nuestros padres, los modelos de nuestra cultura, las parejas de nuestros amigos cercanos, lo que vemos en los medios... Porque sentimos quiénes somos y qué tipo de pareja necesitamos a nuestro lado apoyadas en un montón de "relaciones interiores invisibles". Será por eso que cuando visitás a tus abuelos y los captás en un instante en el que se miran llenos de amor o cuando ves un papá empujando un cochecito volcás inmediatamente ese gesto en una "idea de pareja". Lo que nos rodea va armando este "background emocional interno".

Aunque todavía no tengas un compañero, seguramente sí en tu mente.

Pensá cuáles son tus parejas inspiracionales y observalas. Fijate cómo son: ¿son más bien idealizadas o son de las reales, con fallas incorporadas? ¿Son exigentes y criticonas o amorosas y disfrutadoras? ¿Son competitivas, buscadoras de más? ¿Son generosas, agradecidas o exigentes? ¿O son la reacción a lo malo que ves, buscando justamente lo opuesto a lo que ves en tus parejas cercanas? Una vez que tengas más orientada tu búsqueda, organizate y conectate con ese deseo de manera concreta. ¿Cómo? Armando imágenes tuyas asociadas a ese deseo, pudiendo incluso sentir casi que estás viviéndolo.

GPS PARA EMPEZAR LA BÚSQUEDA

Partamos de la base de que hay miles de formas y caminos para acceder al amor. Algunos, los más escépticos –o los más improvisados, cultores del laissez faire–, quizá crean que no vale la pena la búsqueda, porque cuando pasa, simplemente pasa. Y no hay que forzar nada para que dos personas se conecten. Pero ya lo dijimos antes: hay que estar interiormente disponibles y abiertas para que suceda, interpretando nuestros propios deseos y registrando lo que sucede a nuestro alrededor. Por eso, te proponemos conocerlos y ordenarlos. Para transitar la búsqueda con los ojos abiertos y a conciencia.

-Elegí desde tu necesidad y tu momento actual. Pensá qué necesidad te impulsa – ¿querés pareja porque no te bancás estar sola?, ¿porque te atrae la idea de compartir la vida con alguien?, ¿porque querés armar una familia?– y también tené en cuenta cómo sos vos: ¿sos muy solitaria?, ¿qué cosas te gustan? Porque aunque quizá los opuestos se atraigan (como sostiene la cultura popular), lo deseable es que la pareja que elijamos tenga que ver con nuestra propia esencia. Además, también se sabe que los humanos nos enamoramos en el momento indicado (sí, estás leyendo bien, hay momentos "indicados"), pero lamentablemente es imposible saber de antemano cuáles son. Incluso no somos tan conscientes de este momento de la elección, porque no terminamos de poner en la balanza todo lo que eso significa; no pasa solo por el "me gusta o no me gusta" sino también por el "me acepta tal como soy", o el "queremos el mismo proyecto de vida". Si nos ponemos a hilar fino, al elegir un compañero estamos eligiendo la persona que querés que sea el día de mañana el padre de tus hijos, tu compañero de crianza, el que va a compartir con vos la mayoría de tus almuerzos, tus desayunos y tus cenas y la persona con la que probablemente te vayas de vacaciones el resto de tu vida (ponele).

-Tomá conciencia de lo que esperás de tu futura pareja. También solemos dejar de lado esta cuestión a la hora de enamorarnos, porque, claro, en el famoso flechazo, nos gusta absolutamente TODO del otro. ¿Qué querés exactamente? ¿Querés alguien que sea inteligente, alguien que te ayude a explorar el mundo, alguien que te siga en tus proyectos, alguien que sea bueno levantando tu autoestima? El deseo puede tener múltiples formas, lo importante es tenerlo claro, porque a nuestra mente le encanta construir escenarios ilusorios gratuitos y después, cuando la realidad se nos viene encima, aparecen el reclamo y el reproche. "Ah, pero yo no quería esto", le soltás después a la primera de cambio.

¿Querés solo una pareja? ¿O buscás el combo pareja + hijos? ¿El matrimonio está dentro de tus fantasías? No hace falta que esto se lo digas en la primera cita (¡o sí!, quién te dice...), pero vos tenelo en claro adentro tuyo.

¿Sabés por qué a veces no es tan fácil saber lo que queremos? Porque elegir también implica renunciar.

Hay que estar atentas, a veces no nos damos cuenta de lo que está sucediendo a nuestro alrededor
Hay que estar atentas, a veces no nos damos cuenta de lo que está sucediendo a nuestro alrededor Crédito: Lucas Engel. Arte de Ana Pagani. Realización de Diego A. Martínez (DAM). Producción de Bárbara Véle

-Armá escenarios posibles. La pareja es un territorio muy fructífero para la ilusión desmedida. Nuestra mente genera a veces escenarios muy ambiciosos, con cosas para las que –en concreto– quizá todavía no tengas los recursos. Hay que valorar la individualidad de cada uno – algunos dicen que no hay "parejas felices", sino personas felices que arman pareja–, y está buenísimo verlo así. La idea de la fusión total, de ser dos personas que se convierten en una sola, es una idea un tanto naíf y otro tanto irreal.

-Pensá qué tenés para ofrecer. Nosotras pedimos, pedimos y pedimos, pero ahora ponete del otro lado. Elegí desde la riqueza de lo que sos y lo que tenés y no desde ese rol de "pobrecita" que necesita que le den cosas o la "solterona" del grupete de amigas que todas buscan "enganchar" con alguien. Nadie necesita un príncipe que nos rescate de nada. Y seguramente vos no seas perfecta, pero también tenés miles de virtudes. Acordate de que la primera que debe valorarlas sos vos.

-Movete en un grupo afín a lo que vos querés encontrar. "Pero ¿vos salís, hacés algo?", es lo que suele preguntar la gente que escucha las quejas de las solteras. Es casi matemático: si te quedás encerrada en tu casa, a menos que actives mucho las citas online, difícilmente alguien vaya a tocar el timbre de tu casa. Tiene que ver con hacer circular la energía emocional por donde nos estemos moviendo. Y no solo moverte, sino hacerlo en los lugares adecuados; si te encantan los hombres con un perfil artístico, es más probable que los encuentres en un taller de fotografía que en tus clases de crossfit. O si vas a un boliche adonde va a bailar tu prima..., y..., se complica un poco que des con personas que tengan gustos afines a los tuyos.

-Estate disponible. Hay que ponerse en movimiento. Y estar atentas. A veces venimos con la inercia de la cotidianeidad y no prestamos demasiada atención a lo que pasa a nuestro alrededor. Como si fuéramos por la vida un poco anestesiadas, con los auriculares puestos, mirando el celu, enfrascadas en nuestro micromundito..., y quizá nos perdemos de esa conversación trivial con un vecino en el ascensor o de una mirada en el subte que puede transformarse en otra cosa. Volvete más permeable del entorno. ¿O acaso nunca escuchaste esa frase que dice que "el amor puede estar a la vuelta de la esquina"? A veces puede ser literal, así que no circules con anteojeras, como los caballos, porque tu panorama se achica.

-Revisá tu historial amoroso. Hacer un balance de tus parejas anteriores puede ser una buena herramienta a la hora de imaginar tu nuevo horizonte emocional. A veces, inconscientemente, nos enganchamos con un mismo tipo de personas –si querés ponerte a prueba, mirá el recuadro y vas a ver que algo de cierto hay–. ¿Por qué siempre te vuelve loca "el inalcanzable"? ¿O "el prohibido"? ¿Por qué nunca te fijás en otros patrones? Para sacarte tu propia ficha, al repasar tu historial, centrate en qué fue lo que te atrajo de cada uno y qué fue lo que te alejó. ¿Qué fue lo que te la hizo difícil para que siguieran juntos? Cuidá de recordarlo con detalles y anécdotas reales, como reviviéndolo, no desde lejos o conceptualizándolo demasiado. Y acordate: si ahora tenés claro que querés otra cosa, quizá sea hora de romper con lo conocido y animarte a nuevos perfiles.

-Aflojá la demanda con el otro. Muchas veces, tenemos la vara de nuestras expectativas demasiado altas y no le permitimos al otro una falla, y por eso nos perdemos de experimentar una relación. No es simple conformismo, sino permitirte algunas concesiones –no solo para con vos, que también tenés tus defectos y debilidades, sino también para con los demás–. Recuperá un poco de soltura, apertura y juego; porque a veces, si no sos capaz de aceptar esa "yapa" con la que viene el otro, te podés quedar sin el resto.

-Abrite a otras alternativas. Adoptá la tecnología como tu nueva aliada. Hoy en día, con Tinder a la cabeza, existen nuevos hábitos de conquista. Si explorás la web, vas a encontrarte con miles de aplicaciones o páginas para conocer gente online. No los descartes por tildarlos de poco serios o por el miedo a quedar demasiado expuesta. Abrirse a los demás supone un poco de exposición. Ese es el riesgo que deberías estar dispuesta a tomar.

¡¿Y SI NO PASA NADAaaaa?!

Justamente eso. Si no pasa nada, ¡no pasa nada! Si elegís estar soltera, también está todo bien. Quizá descubras –o ya lo tengas clarísimo– que sos una mujer plena aun sin pareja, o sin intenciones de tener un proyecto de familia, y quizá solo te quede cierta sensación de que tenés que dar explicaciones, pero pueden resbalarte sin problemas.

La plenitud tiene un poco que ver con eso: ya sea que busques o no pareja actualmente, es importante que puedas armarte una buena identidad desde tu "yo soy" y que verdaderamente sientas que con eso te basta. Que apagaste tu propio evaluador interno. Que te aceptás así, como sos. Que no necesitás que nadie te complete, porque ya te sentís completa. Y que nada es definitivo, porque la plenitud tampoco es absoluta. Sino que hoy te sentís así y quizás el día de mañana quieras volver a inventar una nueva mujer. Desde ahí, desde ese lugar en donde estás orgullosa de lo que sos, proviene una sensación de bienestar interior y un brillo especial. Eso enamora, definitivamente.

¿Qué te pareció esta nota? ¿Te pasó algo similar? Además: ¡Cortamos! El miedo a la soledad, ¿5 sentidos? Cuando la emoción pasa por el cuerpo y Equilibrá tu cuerpo y tu mente con Sanación Energética.

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