La fascinación por el mal

La historia del clan Puccio llegará este año al cine y la televisión. Por qué despiertan atracción estos personajes tan oscuros y cómo los autores de ficción logran que el público no los odie (tanto)
Gabriela Cicero
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15 de febrero de 2015  

Alejandro Puccio será encarnado por el Chino Darín  en la TV y Peter Lanzani en la pantalla grande
Alejandro Puccio será encarnado por el Chino Darín en la TV y Peter Lanzani en la pantalla grande

Guillermo Francella y Alejandro Awada se pondrán este año en la piel de uno de los asesinos más siniestros de la historia del país, Arquímedes Puccio, el líder de un clan de la década del 80 imposible de olvidar. Aparentaba funcionar como una familia amable y educada de San Isidro, por lo que nadie hubiese pensado que sus integrantes fueran capaces de secuestrar a sus propios amigos y conocidos, encerrarlos en un calabozo del sótano de su casa, cobrar el rescate y matarlos, porque no cabía otro final.

Ambos actores barrerán día y noche –particularidad del asesino– en diferentes veredas. A un Francella de pelo decolorado se lo verá en cine, bajo la dirección de Pablo Trapero, quien tiene el film en etapa de posproducción. Awada será dirigido por Luis Ortega, a partir de este mes, para una miniserie de 13 capítulos con el sello Underground, coproducido por Telefé y subsidiada por el Incaa. Diego Peretti protagonizaría la serie, pero por problemas de agenda, igual que el director Adrián Caetano, terminaron no formando parte de la realización. Hasta el momento, la miniserie tendrá por nombre Historia de un clan. El guión fue escrito por Javier Van de Couter y el estreno está previsto para abril, mientras que la versión de Trapero se espera para la segunda mitad de este año. La ficción se pone truculenta, ya que Pol-ka también tendrá su asesino, en este caso serial, en un unitario (Signos) de 13 capítulos, protagonizado por Julio Chávez, que cometerá crímenes dictados por los signos del zodíaco. Ficciones que llegan tras el éxito impensado de la serie El Patrón del Mal y el film Escobar, paraíso perdido, que ahondaron en los lazos de familia, propias reglas y hasta rasgos amigables de Pablo Escobar.

Lograr empatía con personajes tan siniestros es parte del desafío de quienes deciden encarar estos proyectos. Luis Ortega anticipa que en su serie, ideada por su hermano Sebastián, los protagonistas serán tan detestables como adorables. "El caso de Arquímedes es más complejo, porque era un tipo muy oscuro al que no le encuentro nada romántico. Hay asesinos más simpáticos que él. Pero esto es ficción y va a haber mucho humor también. Después están las dos hermanitas que andan por la casa en bombacha y patines mientras hay un tipo atado en la bañera, al que Arquímedes va a matar. Convive la ternura con la muerte", explica.

La película que Trapero filmó en diciembre último –se materializa después de años de querer contarla, incluso antes que Elefante blanco– focalizará en los años de la operación de la banda, de 1982 a 1985. Su mirada buceará en los lazos de esta familia y, sobre todo, en la relación del padre con sus cinco hijos.

Alejandro con sus compañeros de Los Pumas (1987).
Alejandro con sus compañeros de Los Pumas (1987).

Alejandro, el hijo rugbier, será encarnado por el Chino Darín para la miniserie y Peter Lanzani en la pantalla grande. Tal vez, el más cruel de los personajes porque llegó a entregar a un amigo con quien salía los fines de semana. Era integrante de la primera división del Club Atlético San Isidro (CASI) y de Los Pumas. Además atendía el local de artículos náuticos, al lado de su casa, en la céntrica esquina Martín y Omar, de San Isidro. Un artículo de La Nación de 1985, lo describía como un deportista ejemplar tras su detención, cuando fue rescatada la empresaria Nélida Bovini de Prado, la única sobreviviente. Se destacaban sus excelentes aptitudes, pero también el respeto ante rivales y árbitros. Nunca había sido expulsado de la cancha. Era un hombre callado y de muchos amigos.

El clan Puccio fue responsable de cuatro secuestros, de los cuales tres terminaron en asesinatos (Eduardo Manoukian, Eduardo Aulet y Emilio Naum). El barrio no podía salir de su asombro. El 29 de agosto de 1985, un cronista de la nacion conversaba con los vecinos, que decían que Arquímedes barría la vereda a cualquier hora, incluso a la medianoche, y que en los últimos tiempos se había intensificado ese hábito. La Madre Superiora del Colegio María Auxiliadora, donde trabajaba Epifanía Calvo, la mujer de Arquímedes, y donde estudiaba su hija menor de 15 años, aseguraba que "ambas eran muy educadas y nunca hicieron nada para suponer algo extraño".

El periodista Rodolfo Palacios, autor de biografías como El ángel negro (Robledo Puch), Conchita (Ricardo Barreda) y Adorables criaturas, crónicas grotescas de ladrones y asesinos (que incluye a Arquímedes Puccio), había sido contactado por la producción de Trapero y finalmente terminó por asesorar e investigar sobre el caso para la miniserie de Underground. En palabras de Luis Ortega, "Palacios es un especialista en delincuentes adorables y de los otros. Él me está haciendo un tour por las cárceles y el mundo del hampa. Ya conversamos con mucha gente, incluso con los que apretaban el gatillo en la banda de Puccio o ladrones que estuvieron presos con Alejandro y Arquímedes. Es muy difícil no ofender a nadie cuando se trata de un hecho real, pero esto es ficción."

Palacios, que conoce la historia a la perfección, y entrevistó a Arquímedes Puccio en sus últimos años, sabía que tarde o temprano la historia iba a llegar a la pantalla, porque es potente y en sí misma parece ficción. El periodista quiso conocer el lado humano de Puccio y contar en el libro su ocaso. "Creo, como dice Leila Guerriero, que nadie es monolíticamente malo ni monolíticamente bueno. Imagino que la familia Puccio ha vivido momentos lumínicos y sensibles. No estuvieron todo el tiempo haciendo el mal. La historiadora y psicoanalista francesa, Elisabeth Roudinesco, dice que el mal fascina, por eso lo negamos. Y que es más fácil hablar de la perversión que practicarla. Lo interesante es tratar de entender cómo los Puccio llegaron a convertirse en una pyme familiar de la industria del secuestro. Como decía Puccio: una industria sin chimenea y con poca mano de obra. Y ver cómo un psicópata desalmado como él logró contaminar e involucrar a su familia, como si su mandato paterno, al menos con Alejandro y Daniel, sus hijos, fuera la ambición, el poder, el mal, la perversión. Al final fueron prisioneros de sus propias acciones", explica.

¿Por qué despiertan atracción estos personajes? Luis Ortega piensa que es porque la gente es reprimida y no se da el gusto de hacer todos los disparates que se le cruzan por la cabeza, entonces, les gusta ver a alguien que lo haga por ellos. "Arquímedes lo hizo y nunca le tembló el pulso. No creo que haya sido sólo por dinero, sino porque no podía dejar de hacerlo. Todos los psicópatas son atractivos porque son un misterio. Y el misterio es lo que mueve a cualquier obra. Sin misterio no existiría un solo escritor."

Manuel H. Castrillón, periodista de La Nación que en ese entonces cubría el caso, recuerda el calor, el polvo y el sufrimiento de los familiares en ese diciembre de 1987, en un campito de General Rodríguez, el día que encontraron el cadáver de Eduardo Luis Aulet. "Los periodistas esperábamos a unos veinte metros. Los crímenes del clan Puccio eran nota de tapa en aquellos meses. Muchas horas de guardia teníamos que comernos frente a la calle Martín y Omar, la casa del horror. Al mediodía, la policía detiene las excavaciones: se había encontrado el cuerpo. Tenía un tiro en la cabeza, las manos atadas a la espalda. A la nochecita se retiran el juez Alberto Piotti y la viuda de Aulet. Todavía me acuerdo del abrazo que se dieron y el gracias que ella le dijo".

Los días de Arquímedes terminaron en La Pampa, donde lo conoció Palacios. "Podría decirse que Puccio vivió su última vida en paz. Desde que salió en libertad, en 2008, hasta su muerte, en 2013, formó parte de un grupo evangélico. Se hizo amigo de dos pastores: uno lo recibió en su casa de Santa Rosa ni bien salió de la cárcel, el otro lo cuidó hasta sus últimos días en General Pico. Además ejerció como abogado civil. Tuvo su grupo de amigos con los que comía asado y se juntaba a jugar a las cartas. Uno de ellos, un joven que estudiaba veterinaria, dijo que "don Arquímedes" le daba consejos valiosos para su vida. Muchos ignoraban su pasado. Lo tenían como un anciano simpático. Cuando se enteraban de que había sido líder del siniestro clan, le retiraban el saludo. Un peluquero no le quiso cortar el pelo. Pasaba horas barriendo, una costumbre que le quedó de cuando tenía secuestrados en su casa. Era su forma de hacer campana."

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