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Mujer en fuga

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
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13 de febrero de 2015  • 01:57

La muerte de alguien puede significar para otro el comienzo de su vida. O de su fuga. La mujer de esta historia amanece con Félix muerto a su lado, en la cama. Es el despertar de su fantasía. Un hombre muerto para escapar de su condición de mujer. Así empieza su recorrido azaroso, o al menos patrocinado por la casualidad: los viajes, las ciudades, las estaciones de tren, de servicio, los autos, las bicicletas, los hoteles y alquileres temporarios. La favorece su percepción de los días, sin importar los lugares; es permeable a los cambios del cielo y de las tardes.

¿Quién es ella? Se llama Victoire y es la protagonista de Un año, la brevísima novela de Jean Echenoz, escritor francés de fina escucha, estilista de las sensaciones inconfesables, narrador de las mejores excusas para sobrevivir a la historia que nos precede, ya sea corriendo o yéndose (dos de sus mas célebres novelas se titulan, Correr y Me voy). Por esta última recibió el premio Goncourt, el más codiciado en Francia por su repercusión en la crítica y en los lectores.

Un año es una novela escueta y filosa, publicada en la Argentina por Mardulce, en precisa y cómplice traducción de Damián Tabarovksy.

Un año es el tiempo que se toma Victoire para rendirse frente a los hechos. Un año de viajes, desencuentros, pájaros, nubes y recuerdos mal habidos

Un año es el tiempo que se toma Victoire para rendirse frente a los hechos. Un año de viajes, desencuentros, pájaros, nubes y recuerdos mal habidos. "El cielo consistía en una nube uniforme en donde, como extras mal pagados, cruzan sin convicción anónimos pájaros negros." Un año para robarle al tiempo lo ocurrido.

El comienzo me recordó el principio de Psicosis, de Hitchcock, cuando el personaje que interpreta Janet Leigh huye en el auto, llevándose el dinero, y oscila en la noche hasta llegar al famoso hotel regenteado por Anthony Perkins. Aunque Victoire tiene el pelo negro, sus flacos y nerviosos veinteséis años también la empujan a fugarse, sin "problemas en borrar toda emoción en su rostro, evaporar todo sentimiento." Hay un detalle, muy propio de Echenoz en momentos en que sus tramas se vuelven pura estrategia de los personajes (mezcla de cálculo, angustia y pereza): cuando al irse, ella retira todo del cajero automático, dejando su cuenta "CASI" en cero. No llevarse todo ya es un indicio de que puede volver a lo que queda… Y lo que queda es precisamente –y aquí la genialidad del autor- lo inesperado.

En su viaje, ella va nutriéndose de encuentros y escondites. Movida por el viento de lo casual, entre pilla y endeble, Victoire se rige más por la temperatura que por el tiempo del reloj

En su viaje, ella va nutriéndose de encuentros y escondites. Movida por el viento de lo casual, entre pilla y endeble, Victoire se rige más por la temperatura que por el tiempo del reloj. "Victoire no conocía Bordeaux, pero conocia bien febrero (…) Un húmedo jueves de septiembre, con el otoño ya en marcha, Victoire…" Con ganas de perderse, atraviesa el día entre sus sombras más locuaces, encontrándose con fantasmas que considera reales, a quienes escucha como si estuvieran presentes, y con personas reales a quienes hubiera preferido no escuchar, como la señora Noelle, que "se sentía bien, sola con ella misma". Este personaje femenino es de una autonomía repudiable; su suficiencia es mero rechazo de los otros que manipula en su decir. Así, cuando su marido le regala un auto, comenta: "No le dije gracias, le dije, vos sabés que no sé decir gracias."

Echenoz renueva la intimidad, desplegando en el espacio público la subjetividad de Victoire; traza el mapa de su tormento y sus intentos de escape. Pero su soledad está a la vista de todos los que quieran encontrase con ella…¿Con quién? ¿Con Victoire o su soledad? La ficción de Echenoz es tan moderna como decimonónica, lo casual (figura momentánea de la libertad) es propio de los espacios públicos. La vida se traza en relación a los otros. En este sentido, uno de los mayores peligros en la calle es el de no encontrarse con nadie.

En marzo, Jean Echenoz vendrá a Buenos Aires. Leerlo es una forma de anticipar el encuentro con un gran escritor.

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